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Hackmeeting: el congreso hacker más reivindicativo
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Hackmeeting: el congreso hacker más reivindicativo

En la puerta de un gran edificio, junto al tecnológico y sofisticado CaixaForum, en el paseo del Prado, en Madrid, se puede leer en un llamador ‘Hackmeeting’. Se trata de uno de los congresos hackers internacionales más reivindicativos y abiertos de cuantos se celebran en Europa y España.

En el se puede asistir a talleres técnicos de cómo hacer un clon del popular ‘USB Rubber Ducky’, un dispositivo USB que emula un teclado para acceder a un dispositivo en on line, hasta cómo hacer frente al poder de Silicom Valley, qué riesgos y amenazas plantean los drones para la libertad o cómo proteger la privacidad en un mundo donde cada vez la tecnología nos hace estar más controlados.

“Se trata de un foro con decenas de nodos -así llaman las charlas y talleres- en las que prima la libertad de expresión y hay mucho, mucho talento”, explica a One Hacker, uno de los miembros del equipo de comunicación que se idetifica bajo el sobrenombre de ‘Zero’, de profesión informático especializado en Big Data.

Durante cuatro días, el Hackmeeting ha contado con cerca de 400 asistentes de todo tipo -incluso chavales que quieren aprender a programar en lenguajes tan multidisciplinares como el Python-. En un edificio, con fines sociales, que ha sido restaurado por sus usuarios, no falta lo último en tecnología: desde un taller en el que se realizan todo tipo de pruebas con impresoras 3D, hasta análisis y pruebas de concepto con criptomonedas. De hecho, aunque el Hackmeeting es gratuito sí se paga por el desayuno, comida y cena y se puede hacer en euros… con Faircoins, una conocida criptomoneda.

Para los que quieran seguir las novedades del HackingMeeting se puede hacer tanto por sus cuenta en la popular Twitter como en redes sociales descentralizadas como Geniussocial, que cuenta con más de medio millón de usuarios en todo el mundo -gran parte de ellos en países como China donde la usan para evitar la censura-.

¿Se puede plantar cara a Silicom Valley con otra forma de hacer negocios?

Entre las charlas también ha habido buen número de ellas dedicadas a la historia de la tecnología. “Todo habría sido distinto sin las patentes. A veces es sólo una cuestión legal pero está claro que un sistema no tiene porqué se mejor que el otro”, explica el ponente en un auditorio casi lleno. “La tecnología es la sistematización de los medios para lograr un ojbetivo. Lo colaborativo es muchas veces una campaña de márketing del capitalismo por eso hay que hacerse preguntas y pensar las características estructurales de cada tecnología, su diseño y desarrollo y observar el uso que hacemos. En Uber, por ejemplo, lo colaborativo no existe. Es importante ver qué objetivo tiene quién crea la tecnología”, destaca.

Durante la charla se ha recordado cómo muchas tecnologías generan una subgetividad. Las llamadas ‘tecnologías del yo, que dan lugar al llamado capitalismo cognitivo, ’ pueden tener que ver con el control y la autonomía, que “es la `postura que cuesta trabajo”. “Hay muchos usuarios que la usan sin preguntarse por nada”.

“Si queremos hacer frente iniciativas que hagan frente al capitalismo cognitivo tienen que ser sostenible. No se puede competir sin financiación. Hay tres modelos de negocios: desde el porcentaje por transacción, hasta por publicidad y por pago por uso”, mostró el ponente tras analizar varias plataformas de consumo colaborativo como Airbnb, Blablacar, etc.

“El problema de plataformas de Blablacar que parte de una estructura colaborativa, prestas tu coche y lo alquilas, termina no siendolo porque terminas siendo competitivo. O Timerepublic, un banco de itempo que parece inicialmente muy colaborativo, pero te dan estrellitas por cada cosa que haces, como en los boyscout y el modelo de negocio es gratuito para usuarios pero también se vende a empresas para que los empleados colaboren entre ellos. Hay que generar plataformas que, además de no salirte del mercado, generen colaboración de verdad”.

Cultura colaborativa Vs capitalismo

“Es importante volver a la cultura hacker que busca tener valor de la sociedad dando y aprendiendo. Cuando libero información, conocimiento me estoy nutriendo de la sociedad y ésta me lo devuelve de otra manera, con un estatus o sensación de satisfacción, es el concepto de comunidad. Y dentro del sistema capitalismo no tiene lugar. Al principio mucha gente desarrollaba software por aprender pero cuando el capitalismo se adueña de ello el sistema de incentivos hace que se olvide de estas cosas”, destaca una de las asistentes en un debate sobre cómo apostar más por una economía colaborativa. “Por ejemplo, hay iniciativas como TaxiStop, con 50.000 usuarios, en Bélgica, que ofrecen diferentes servicios gratis, pagando una cuota de 12 euros al año”.

“Mucha gente quiere hacer productos que aporten valor pero el sistema no se lo permite. Es la idea de la megamáquina. Incentivos que hace que la gente se regule. Por eso hay que ser reflexivos y tener en cuenta los entornos de los proyectos autogestionados”, dice otro de los asistentes.

“El autostop es muy colaborativo y una referencia. En Europa ya hay una wiki de autoestopistas -hitchwiki-, hay apuesta por el software libre, encuentros e,incluso, un magazine aunque iniciativas como Blablacar han hecho daño a la solución que existía de siempre, mucho más social”, comenta otra de las asistentes. "Aunque es cierto que aporta economía de tiempos y seguridad al poder fijar la hora del viaje y conocer el perfil del conductor", dice otro asistente.

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