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El monopolio de los hermanos Hunt y el famoso ‘jueves de la plata’

El monopolio de los hermanos Hunt y el famoso ‘jueves de la plata’

La economía y la historia están plagadas de episodios curiosos. Entre las páginas de ambas disciplinas encontramos el caso de los hermanos Hunt. Estos peculiares hermanos llegaron a controlar el mercado mundial de plata entre los años 70 y 80. A continuación profundizamos en uno de los hechos económicos insólitos de la historia contemporánea.

Hasta 1971 Estados Unidos se había regido por el patrón oro. Este sistema permitía canjear dólares estadounidenses por su valor equivalente en oro. Poco después del abandono del patrón oro, la familia Hunt, con negocios en la industria petrolífera optó por adquirir metales preciosos para proteger su patrimonio de los riesgos de la inflación. Como el oro no podía ser almacenado por particulares, los hermanos Hunt decidieron acumular enormes cantidades de plata. Esta decisión de los Hunt se debía a que no creían en el papel moneda, prueba de ello es que llegaron a afirmar que “cualquier idiota puede manejar una imprenta”.

En 1973, cuando los hermanos Hunt se lanzaron a la compra masiva de plata, el precio era inferior a los 1,95 dólares por onza. A principios de 1979 los Hunt ya recurrían al endeudamiento para continuar adquiriendo plata, que por aquel entonces rondaba los 5 dólares la onza. Tal era el endeudamiento que alcanzó esta familia que llegó a utilizar apalancamientos de veinte veces el capital empleado.

Posteriormente, entre los hermanos Hunt y un grupo de inversores árabes decidieron formar el pool de la plata, controlando hasta el 77% de las reservas mundiales de plata. Todo esto se hacía adquiriendo físicamente el metal precioso o bien mediante contratos de futuros.

Ya a comienzos de los años 80, con los hermanos Hunt dominando 77% de las reservas mundiales disponibles de plata (entre sus posesiones en plata física y derivados financieros) y un sinfín de inversores deseosos de especular con este metal precioso, la cotización alcanzó los 50 dólares la onza en el intradía.

Con las compras masivas de plata, los Hunt habían llegado a crear un monopolio, teniendo plena capacidad para poder manipular los precios. Ahora bien, el punto débil de los Hunt era el excesivo endeudamiento. Bastaba el cambio de un ciclo económico para enviarlos a la bancarrota. La apuesta de estos hermanos era terriblemente arriesgada, tal era su apalancamiento, que si la plata no aumentaba su valor, sus activos no serían suficientes para cubrir el total de sus deudas.

Y para desgracia de los Hunt, la situación cambió. Wall Street apostó con ventas al descubierto por una caída de los precios de la plata. La cantidad de futuros sobre la plata aumentó de tal manera que era imposible entregar tan ingentes cantidades de plata en la realidad. Una nueva burbuja amenazaba a los hermanos Hunt, a Wall Street, al mercado de futuros y al Gobierno de los Estados Unidos.

Para las autoridades estadounidenses la situación era dramática. El Gobierno debía decidir si acudir en ayuda de Wall Street o si rescataba a los hermanos Hunt, que habían llegado a comprar más plata de la que realmente había en todo el mundo.

La solución de las autoridades fue perjudicar a los Hunt y establecer nuevas regulaciones. Para ello se exigieron más garantías al endeudamiento. Unas garantías de las que los hermanos Hunt no podían disponer. Además, la Reserva Federal asestó un golpe a la familia Hunt mediante la subida de los tipos de interés. Ese aumento de tipos provocó que el coste del endeudamiento fuese mucho mayor para los Hunt.

Ante tan desesperada situación, los únicos compradores que pudieron encontrar los hermanos Hunt fueron los bancos de Wall Street. La familia se vio obligada a liquidar sus colosales posesiones de plata al precio que marcaban los bancos.

El 27 de marzo de 1980 es una fecha reseñable en este episodio, pues la plata cayó de 21,62 dólares la onza a 10,80 dólares la onza, ese día es recordado como “el Jueves de la plata”. En semejante tesitura, los Hunt se declararon en bancarrota, dejando en 1987 unas deudas por valor de 2.500 millones de dólares. A la desgracia de la ruina de los hermanos hubo que añadir que fueron condenados por manipulación de los precios en los mercados.

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