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La auténtica guerra que se libra en el espacio, ¿realmente es como la que nos cuenta Star Wars?

La auténtica guerra que se libra en el espacio, ¿realmente es como la que nos cuenta Star Wars?

El dominio del espacio exterior será una de las claves del poder internacional en el siglo XXI. Por eso, para que se produzca una verdadera Guerra de las Galaxias, no hace falta que surjan un Imperio Galáctico ni una Alianza Rebelde como los que nos describen las películas de George Lucas. Aunque, de momento, son muy pocas las potencias que ya han logrado tener presencia en el espacio exterior, cada vez más países de la Tierra consideran que nuestro planeta 'se les ha quedado pequeño', y necesitan salir más allá de sus límites. En una verdadera Guerra de las Galaxias… ¿quiénes mandarían? ¿Qué armas se utilizarían?

A la mayoría de seguidores de Star Wars que aguardan el estreno de ‘El despertar de la Fuerza’ este viernes, ni se les pasa por la cabeza que la Guerra de las Galaxias que se librará en el espacio resulta todavía más temible y a la vez fascinante que la que nos cuenta la saga de películas.

Es cierto que la Guerra de las Galaxias, tal y como nos la han mostrado en el cine, está muy lejos de producirse. De hecho, el ser humano apenas lleva medio siglo de 'carrera espacial' y ni siquiera hay, en la actualidad, un cohete capaz de alcanzar la Luna. Sin embargo, el espacio es un escenario en el que todas las potencias mundiales quieren estar. El gran problema es que no existe una normativa universal que obligue a los estados a respetarlo al margen de sus intereses. Y, de hecho, muy pocos países -sólo EE.UU. y Rusia- tienen la tecnología que permite conocer con precisión qué satélites hay arriba. Por eso, muchos de ellos permanecen clasificados como alto secreto dentro de sus programas militares. Y nadie, ni la UE, puede demostrar su existencia. De hecho, en 2015, el responsable del mando espacial ruso, Oleg Maydánovich, ha alertado de que su país ha detectado varios satélites no identificados 'camuflados' entre los restos de basura especial de ciertas órbitas. "Precisamente, cazar satélites espías es una de las misiones de nuestro Mando", ha explicado. Poco después, desde el Pentágono se denunciaba la existencia de un satélite ruso, Kosmos-2504, que, tras ponerse en órbita, habría realizado hasta 11 maniobras, lo que podría indicar que se trata de un satelite antisatélites.

La dependencia de los servicios espaciales es total. Y ello está motivando que tanto Rusia como China quieran hacer frente a la supremacía estadounidense. Uno de los expertos del Centro de Estrategias y Tecnologías ruso, Vasili Kashin, ha señalado a un conocido medio de su país que sistemas como el GPS tienen un carácter estratégico insospechado que conllevará el desarrollo de todo tipo de armas antisatélite. " Las actuales tecnologías espaciales están encuadradas totalmente dentro del carácter de la guerra moderna. Privar al enemigo de su señal GPS puede convertir montones de armamento y equipos militares en chatarra inútil incapaces de alcanzar su objetivo sin esta señal", ha destacado. En este sentido también recordó que "la situación puede complicarse aún más en los próximos decenios. Tras Rusia, EE.UU. y China hay otros países que pueden tener planes similares con programas espaciales, tales como India, Irán, Israel y Corea del Norte, y más adelante, posiblemente, Brasil y Pakistán". "El alto coste y la complejidad de su tecnología puede ralentizar este proceso, pero no detenerlo".

Demostración de fuerza: así se puede llamar a los pasos de gigante que China está dando en la carrera por la supremacía espacial. En 2007 derribó con un misil un satélite meteorológico propio a 860 km de altura, dejando claro que tiene capacidad para hacer frente al resto de los países con sistemas militares en el espacio. En octubre de este año, la portavoz del Pentágono, Cynthia Smyth, ha denunciado que China podría haber realizado un simulacro de captura de un satélite con la mano robótica de otro aparato, según ha publicado Actualidad RT. A pesar de que China ha indicado que este satélite, puesto en órbita el 20 de julio, tiene fines científicos -como el estudio de la basura espacial- algunos expertos consideran que de estar dotado de una mano robótica podría ser utilizado para dañar a otros satélites considerados estratégicos.

De momento, sólo existe una Estación Espacial: la ISS, integrada por módulos y tecnologías de muchos países. Sin embargo, esta situación puede cambiar pronto. La agencia espacial rusa, Roskosmos, ha anunciado que planea construir su propia estación en 2024 y para ello utilizará tres de los módulos de la ISS, que son de su propiedad. El objetivo, según la propia agencia, es que sirva para dar el salto en el futuro a una base lunar en la década de los años 30. China e India también están desarrollando programas similares. El problema que plantean es que... la Luna por Ley no es de nadie y países como EE.UU. no ven con buenos ojos la instalación de bases lunares de naciones rivales.

La importancia estratégica del espacio es tal que, en 2007, el entonces presidente de EE.UU., George W. Bush, firmó una orden por la que su país se reservaba el 'derecho' a negar el acceso al espacio a cualquier rival que lo pudiera usar con fines hostiles. Además, también se negó a desarrollar y a participar en cualquier tratado que pudiera limitar el uso del espacio por parte de EE.UU.


¿Quién regula lo que no se puede hacer en el espacio?


Todo aquello situado en la vertical de las aguas territoriales y las masas terrestres de cada país pertenece a la soberanía de dicha nación. Es el llamado espacio aéreo nacional sobre el que cada Estado ejerce una jurisdicción plena. No obstante, a partir de los 100 km de altura, dicha jurisdicción ya no existe, porque ya estaríamos en el espacio, considerado 'tierra de nadie', pero también 'territorio compartido'. Como en otros ámbitos, el concepto se puede interpretar de dos formas: lo que es de todos no se toca o el primero que llega, lo aprovecha. La polémica está servida y, aunque aún no hay embajadas ni cascos azules, durante las últimas décadas se han consensuado una serie de tratados y regulaciones que tratan de conseguir que el espacio no sea el 'Far West' del siglo XXI. Éstos son algunos de los puntos clave.


¿Qué se considera ‘derecho espacial’?


Es el conjunto de reglas, principios y normas de la ley internacional que se recogen en los cinco tratados que gobiernan el espacio exterior -ver entrevista- y que han sido desarrolladas bajo el auspicio de Naciones Unidas, organismo que cuenta con la única oficina mundial para Asuntos del Espacio Exterior.


Qué dicen las principales leyes espaciales


El tratado del espacio exterior


Rige las actividades de los estados en la exploración y el uso del espacio, incluyendo la Luna y otros cuerpos celestes. Entró en vigor el 10 de octubre de 1967 y entre sus puntos fundamentales destacan:

- La exploración y el uso del espacio exterior deben ser llevados a cabo para el beneficio y en interés de todos los países y será la provincia de toda la Humanidad.

- El espacio exterior debe ser libre para explorarse y usarse por todos los estados.

- El espacio exterior no está sujeto a apropiaciones nacionales por reivindicación de soberanía, mediante su uso u ocupación.

- Los estados no deben poner bombas nucleares u otro tipo de armas de destrucción masiva en órbita o en cuerpos celestes o estacionarlos en el espacio exterior de cualquier otra manera.

- La Luna y otros cuerpos celestes sólo pueden usarse para fines pacíficos.

- Los astronautas deben ser considerados enviados de la Humanidad.

- Los estados serán responsables de las actividades espaciales nacionales, ya sean llevadas a cabo por gobiernos o por entidades no gubernamentales.

- Los estados serán responsables del daño causado por sus objetos espaciales.


Acuerdo de rescate


Entró en vigor el 3 de diciembre de 1968 y determina cómo ayudar a un astronauta y cuáles son sus derechos 'ahí arriba', destacando que los estados deben prestar “toda la ayuda posible a los astronautas en caso de accidente, peligro o aterrizaje forzoso en su territorio, y están obligados a la devolución de los astronautas a sus países de origen con seguridad y sin demora”.


Convención de responsabilidad


Regula la responsabilidad internacional por el daño causado en objetos espaciales. Puesta en marcha el 1 de septiembre de 1972, establece que un Estado que lance o promueva el lanzamiento de un objeto espacial tendrá responsabilidad absoluta a la hora de pagar la compensación por los daños causados por sus objetos espaciales en la superficie de la Tierra o a las aeronaves, y responsable por el daño originado debido a sus fallos en el espacio.


Las tres armas más importantes de la auténtica Guerra de las Galaxias


Para destruir meteoritos que puedan impactar contra la Tierra


Qué son


Se conocen también como meteoritos artificiales o 'varas de Dios'. Son conos de un metro de largo y 100 kg de peso, fabricados con tungsteno, un metal muy duro con el que se blindaban los carros de combate alemanes en la II Guerra Mundial.


Cómo funcionan


Las armas de energía cinética basan su poder en la fuerza del impacto -como el de una piedra que rompe una ventana-. Estarían situadas en una plataforma de lanzamiento en el espacio, dando vueltas alrededor de la Tierra, y listas para ser disparadas. Gracias a su forma y su dureza, también serían capaces de atravesar la atmósfera y chocar a gran velocidad contra un objetivo en la superficie terrestre.


Qué efectos produce


Una vez disparadas, estas armas son muy difíciles de detectar y destruir, debido a la enorme velocidad que alcanzan. Su impacto contra laTierra causaría un daño similar al de una bomba atómica –por lo que se plantea como una alternativa armamentística ‘limpia’- y serían especialmente valoradas para atacar objetivos fuertemente defendidos o de difícil acceso con medios convencionales, como búnkers subterráneos.


Quién lo ha probado ya


El presidente americano Ronald Reagan estudió la posibilidad de enviar al espacio varios satélites que incorporasen armas de energía cinética... y que utilizarían en caso de conflicto con la URSS. En 1990 el desarrollo del proyecto fue subcontratado a las empresas aeroespaciales TRW-Hughes y Martin Marietta, pero tres años más tarde la idea fue abandonada durante los recortes aplicados al programa militar por el presidente Bill Clinton.


Armas láser


Energía dirigida


Qué son


Se trata de unos cañones que proyectan rayos de luz muy potentes y concentrados. Según un informe elaborado en 2002 por la consultora especializada en seguridad RAND Corporation para la Fuerza Aérea de EE.UU., para que sean realmente útiles en el espacio, estos cañones deberían tener unos 10 m de diámetro.


Cómo funcionan


Sus rayos de luz se 'disparan' a una velocidad de hasta 300.000 km/s y, al llegar a su objetivo, concentran muchísima energía.


Qué efectos produce


Según la distancia y la intensidad, pueden causar desde una simple interferencia temporal en el funcionamiento de un aparato -por ejemplo, que un satélite de comunicaciones deje de estar operativo durante un tiempo-, hasta su destrucción total. No obstante, la finalidad de este tipo de armas sería, sobre todo, evitar un ataque con misiles balísticos intercontinentales -los que se envían de un punto a otro de la Tierra, saliendo de la atmósfera-. ¿Cómo? Dañando sus defensas térmicas -lo que los recubre-, para que se destruyan debido a las altas temperaturas que se producen al regresar de la atmósfera.


Quién lo ha probado ya


Tanto EE.UU. como la URSS lanzaron prototipos de armas láser en 1987, en plena carrera espacial. Éstos son los dos proyectos más destacados:

- Zenith Star: Se trata de un satélite americano de 40 toneladas, dividido en dos partes: una zona de enfoque y otra en la que se alojaba el láser. La idea era que los bloques fueran lanzados por separado y se unieran una vez puestos en órbita. Planteado en 1987, el proyecto fue cancelado unos años después a causa de recortes presupuestarios en la inversión espacial.

- Skif-DM: Los rusos llegaron a desarrollar un prototipo de un arma láser de 77 toneladas, dotada de motores que le permitirían maniobrar en el espacio. El 15 de mayo de 1987 realizaron una prueba -con un sistema aún sin láser-, con la excusa de que se trataba de una prueba científica. Pintado de negro y bajo la leyenda ‘Mir 2’, el cohete despegó desde el cosmódromo de Baikonur… y acabó desintegrándose sobre el océano Pacífico, al no alcanzar su órbita.

En la actualidad

En 2014, la Armada de EE.UU. anunció la instalación de un arma láser experimental... pero no para tener en el espacio, sino en el buque USS Ponce, que operaba en el Golfo Pérsico, y con el que esperan poder desarrollar una variante terrestre capaz de ser portada en vehículos blindados; ¿su principal enemigo a batir? Los drones.


Ataques de pulso electromagnético a gran altitud


Estropea todos los aparatos eléctricos


Qué es


Se trata de las radiaciones generadas por una explosión nuclear producida más allá de nuestra atmósfera.


Qué efectos produce


Es un arma no letal -no produce muertes, al menos de forma directa-, aunque inutiliza todos los aparatos eléctricos en un radio de miles de kilómetros. Así, dejaría al adversario sin sistemas electrónicos, lo que le afectaría en todos los ámbitos: desde los teléfonos hasta las emisiones de radio o TV, pasando por el transporte -no habría sistemas de navegación, semáforos, etc.-, las defensas de los ejércitos e, incluso, los alimentos almacenados -no dispondrían de luz ni refrigeración- o los hospitales.


Quién lo ha probado ya


El pulso electromagnético se descubrió en la década de los años 60 del siglo XX, cuando se realizaron los primeros ensayos nucleares a gran altitud. El 9 de julio de 1962, el ejército de EE.UU. realizó la detonación más potente de la historia en la atmósfera. La operación se conoció como Starfish Prime y, en ella, los americanos probaron una cabeza nuclear W-49, que explotó a 400 km de altura, sobre la isla Johnston, en el Pacífico. Esta prueba desencadenó un pulso electromagnético de tal calibre que sobrepasó las escalas de las sondas que se habían construido para medir la explosión. Además, fundió 300 farolas en Hawai –a 1.500 km de distancia- y el cinturón de radiación artificial que se creó en el espacio destruyó siete satélites: un tercio de la ‘flota’ espacial de aquellos años. Un año después de aquella detonación, se firmó un tratado en el que se prohibía, parcialmente, realizar pruebas de este tipo. Para entonces, además de EE.UU., la URSS también había comprobado los efectos secundarios de una explosión nuclear a gran altura. De hecho, habían desarrollado el ‘Proyecto K’, que incluyó cuatro ensayos nucleares por encima de los 100 km.


El nuevo pulso electromagnético


En 2012, Boeing informó de la primera prueba con éxito de CHAMP, un nuevo sistema de pulso electromagnético que no requiere una detonación nuclear. El test se realizó en el desierto de Utah –EE.UU.- y en él se logró apagar, a distancia, un total de siete objetivos situados en diferentes puntos. Según la compañía, este tipo de arma podría ser utilizada por aviones, como los cazas F-15 y F-16, bombarderos como el B-52, o aviones furtivos, como el F-35.


Cómo evitarlas


Desde el año 2001, el Congreso de los Estados Unidos patrocina una comisión específicamente dedicada a evaluar los riesgos de un ataque de estas características. Conscientes de que es imposible proteger todas las fuerzas operativas de la nación -se trata de mecanismos muy complejos y con una vida útil muy corta-, el grupo insiste en la necesidad de proteger, en especial, ciertos sectores del ejército, sobre todo los que atañen a las comunicaciones y la defensa anti-misiles. Este año, el Departamento de Defensa estadounidense ha firmado un contrato de más de 600 millones de euros con la empresa Raytheon para volver a instalar los equipos del Mando Norteamericano de Defensa Aeroespacial -NORAD- en la base subterránea de Cheyenne Mountain -famosa por aparecer en películas como ‘Juegos de guerra’ o ‘Stargate’-, que había sido parcialmente desalojada hace diez años.


Tres formas de vivir esta ‘guerra’ en directo


Centro Espacial Kennedy


Dónde: Florida, EE.UU.

Qué puedes ver: El Centro de la Estación Espacial Internacional -ISS-, donde se muestra cómo se preparan los componentes reales de la ISS antes de ser puestos en órbita; el Rocket Garden, donde verás cómo son los cohetes americanos; un centro dedicado a la misión Apollo-Saturno V; un simulador de lanzamientos espaciales; y varias salas con información sobre los astronautas, fotos y videos de las misiones de la NASA. Además, si planificas tu visita -ver página web al final-, podrás presenciar un despegue desde Cabo Cañaveral, el centro de las actividades espaciales americanas -los próximos son el 30 de octubre y el 3 de diciembre-.

¿Se puede visitar? De 9 a 18 horas, por 45 euros.

kennedyspacecenter.com


Westhavelland


Dónde: Brandeburgo, Alemania.

Qué puedes ver: Es conocido como 'el parque de las estrellas', porque allí se puede ver la Vía Láctea, la luz zodiacal e, incluso, auroras boreales. Además es un lugar de paso de aves migratorias que ponen 'banda sonora' al increíble cielo estrellado.

¿Se puede visitar? Entre semana, de 9 a 16 h y los fines de semana, de 13 a 17 h. Consultar precios.

www.westhavelland-naturpark.de


Observatorio de Sierra Nevada


Dónde: Granada, España.

Qué puedes ver: Dos telescopios de 0,9 y 1,5 m de diámetro instalados en dos cúpulas de 6,5 y 9 m y un tetrascopio –un conjunto de cuatro pequeños telescopios-, a 2.900 m de altitud.

¿Se puede visitar? Durante el verano se organizan visitar guiadas, para mayores de 10 años, para dar a conocer los telescopios y el funcionamiento de la estación. Los precios, a partir de 40 euros, varían en función de las características de la visita: si va a ser de un día, si requiere alojamiento…

osn.iaa.es

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