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Las claves de la monja budista para ser feliz
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(Foto: Pxhere)

Las claves de la monja budista para ser feliz

Kankyo Tannier es monja budista. Vivía en un monasterio en Alsacia, hasta que decidió vivir sola en una cabaña en medio de los bosques, para estar en contacto con los animales y la naturaleza. Ahora la autora comparte parte de su experiencia en La magia del silencio.

La magia del silencio es un libro mágico lleno de prácticas ancestrales para enseñarnos a calmar mente, cuerpo y espíritu en los frenéticos tiempos modernos en los que vivimos actualmente. Ya en la introducción se nos avisa que nos encontramos ante una obra distinta, que nos ayudará a salpicar nuestras actividades con pequeños toques de consciencia y concentración. Con ello recuperaremos la percepción del momento presente y la conexión a través de nuestro cuerpo con el aquí y el ahora.

Bajo la etiqueta de monja budista zen, Kankyo Tannier, escribe este libro. Como ella misma aclara, es una monja 2.0 que se encarga de gestionar su blog, así como de las redes sociales del monasterio, y de otras asociaciones budistas. La autora vive a caballo entre la naturaleza en la que se enmarcan los templos y el desenfreno de las grandes ciudades, por ello en la obra nos presenta distintos ejercicios para realizar en ambos escenarios. Kankyo Tannier también es hipnoterapeuta, una corriente conductista que recurre a los estados modificados de conciencia para inducir cambios profundos, y ahonda en el ámbito de la programación neurolingüística. Gracias a esta especie de pedagogía del cerebro, la autora aprendió cómo funciona la caja craneal, haciendo abstracción de los aspectos puramente médicos, y sobre todo cómo dirigirla correctamente hacia los objetivos que se deseen alcanzar. Uno de los principios básicos de la programación neurolingüística es la modelización, que no es más que un aprendizaje por imitación. La autora se sirve de la ciencia para aplicarla a la espiritualidad. Todo esto es muy efectivo para alcanzar un objetivo, para progresar en un ámbito determinado o para cambiar cosas de la vida personal.

La obra se divide en tres grandes apartados en los que Kankyo Tannier intercala episodios personales con valiosísimas lecciones de enriquecimiento emocional. Asimilaremos fácilmente las nuevas enseñanzas gracias a su experiencia vital y a su prosa fresca, clara y directa. A lo largo de los capítulos se desgranaran las virtudes del silencio y las diferencias entre sus diferentes tipos: visual, verbal o corporal. También se incluyen diferentes ejercicios para reconectarnos con nuestro silencio interior y reducir con ello nuestros niveles de estrés, de ansiedad y de carencia.

Nos encontramos ante un libro fundamental para todos aquellos que busquen un oasis en mitad del desierto de hormigón, que arrancará al lector más de una sonrisa acompañada por lágrimas dulces de autoconocimiento y compasión.

¿De qué va?

Desbordados por la falta de tiempo, por la sobreinformación y por una vida profesional y personal que a menudo nos exige más de lo que podemos dar, a veces explotamos y nos sentimos perdidos, cansados y hartos de todo. ¿Y si la solución fuera la magia del silencio? Kankyo Tannier, la autora de este libro, es monja budista laica y practica el silencio desde hace varios años en una idílica cabaña en los bosques de Alsacia, en plena conexión con la naturaleza y los animales. Tannier parte de esa extraordinaria experiencia, nos enseña a incorporar la magia del silencio (espiritual y físico) en nuestro día a día y nos ayuda a mejorar nuestro estado interior sin necesidad de cambiar nuestra vida. A través de ejercicios sencillos y prácticos, este libro nos conducirá por la senda del silencio y de la felicidad: el silencio de palabras, para poder captar realmente lo que sucede a nuestro alrededor; el silencio visual, para que nuestra mirada sepa prescindir de sobreinformación inútil, y el silencio corporal, para aprender a escuchar lo que nuestro cuerpo nos dice.

¿Qué es el silencio?

El silencio no tiene nada que ver con la ausencia de ruido, está más relacionado con la concentración y la plena consciencia. “Se trata de aprender a oír de nuevo, el espacio entre las palabras, la calma después de la tormenta y el paso del tiempo. Aprender a paladear de nuevo: el gusto de un instante, el sabor de un plato, la espuma de los días y el calor del fuego. Aprender a sentir de nuevo: el contacto de las manos, un corazón palpitante, el espacio que se abre y el tiempo que se detiene”, explica Kankyo Tannier.

En occidente vivimos en sociedades donde se practica el culto a la emoción, con obsolescencia rápida y programada, donde pasamos incesantemente de una idea a otra. Dentro de ese enclave cuesta respirar. Uno de los ejercicios que la autora nos invita a practicar en los primeros compases de la obra es dedicar un minuto de silencio simplemente prestando atención a lo que cambia y a lo que aparece. Cuando sólo importa tu respiración el minuto de silencio parece detener el tiempo.

Las carencias

Hace ya varios miles de años Buda señalaba la carencia como la fuente del sufrimiento humano: la carencia o la insatisfacción brotan en cualquier situación. La autora la califica esta sensación como uno de los mayores desafíos que existe en la vida.

Para ilustrar el significado Tannier describe una escena bien conocida por todos: “son las ocho y media, estás sentado en una terraza con tus colegas. El ambiente es festivo, es fin de semana, todo debería ir viento en popa. Entonces, si te fijas un poco, ¿de dónde viene esa sensación de aburrimiento, esa agitación o esa inquietud? ¿Qué habría que añadir al instante presente? Y, sobre todo, ¿de dónde viene esa sensación de que falta algo? ¿Más ruido, más música, más alcohol, más amigos, más ambiente, más calma o más conversaciones interesantes? ¿Qué es lo que falta?”

La autora rescata una cita de Pascal de su obra Pensamientos que refleja de maravilla la insatisfacción y las carencias: «Toda la desdicha humana se debe a una sola cosa, que es no saber permanecer en reposo en una habitación». Entonces cómo saciar estas carencia, cómo apaciguarlas. La autora nos propone silenciarlo todo.

Silenciarlo todo

Seguramente muchos de los lectores nunca se han percatado de la contaminación visual reinante en las grandes ciudades y la dictadura de las pantallas en las que vivimos inmersos. Y cómo ello afecta a nuestro bienestar y a nuestra paz interior. La autora narra cómo paseando entre las calles del centro urbano su mirada quedaba inexorablemente atrapada por tiendas, vallas publicitarias o letreros luminosos encendidos día y noche. El mensaje subliminal, enviado sin cesar en todas direcciones, se resume en: «Consúmenos...», «Cómpranos...», «¡Cógenos!». En ese marco es dificilísimo no perder la concentración y permanecer en el momento presente. Como bien indica Tannier la parte positiva de esa hipnosis consumista es siempre la misma: te distraes de la realidad. Así escapándote a través de los sueños y la imaginación, tienes la posibilidad de no enfrentarte a ciertas perturbaciones emocionales y carencias. Pero el punto negativo, que algunos maestros espirituales tachan de trágico, es que al dejar que mi mirada desorbitada me guíe los pasos..., ¡nos convertimos en robots!

Por ello Tannier nos invitar a reducir poco a poco nuestro consumismo para dejar de avivar nuestras carencias. Nos propone el comercio justo y tomar conciencia de la carga ecológica y social de los productos de consumimos. Recuerda la cita del maestro zen vietnamita, Thich Nhat Hanh: «Si consumes objetos fabricados con sufrimiento, esparces semillas de sufrimiento por tu interior». Por ello aboga por la no-compra como un acto político ya que “recuperas la sensación de poder actuar en el mundo, de tener las riendas de tu vida y de contribuir a un futuro mejor”, expone.

Aboga además por el vegetarianismo y el veganismo ya que se revelan como la elección de la no-violencia, del Ahimsa que tanto apreciaba Gandhi. Dejar de consumir el fruto de la violencia y renunciar a promover esa clase de comercio resulta muy beneficioso. El silencio de los actos tiene virtudes insospechadas que aportan o refuerzan el bienestar cotidiano.

El desafío de las pantallas

La autora nos invita a preguntarnos “¿qué ocurre cuando saltamos de una pantalla a otra —de la tableta al televisor, pasando por el teléfono—, de manera automática, a lo largo de todo el día?” Por ejemplo, olvidamos el lugar en el que nos encontramos. Perdemos el cuerpo o la sensación de tenerlo. Estamos atrapados en una realidad virtual que, lejos de colmarnos, la mayoría de las veces nos reaviva las carencias y las fragilidades emocionales. Así, a mucha gente la omnipresencia de las pantallas le genera una especie de inquietud, de estrés. Pero encontramos la cura en la vida espiritual y filosófica ya que ésta radica en aplicar el sentido pragmático para aprender de las situaciones, en lugar de evitarlas. Siendo conscientes de que la mente busca desesperadamente en el exterior una solución mágica para su malestar interior.

El silencio de las palabras

Kankyo Tannier abre este apartado con una elocuente frase de Nicolas de Chamfort «de entre todos aquellos que no tienen nada que decir, los más agradables son los que guardan silencio».

La autora nos habla de las palabras que no llegan a pronunciarse y siguen desfilando en el interior de la cabeza, ya el cerebro continúa funcionando y emitiendo ideas, pensamientos y otras reflexiones. Desde la más tierna infancia, estamos acostumbrados a nombrar las cosas que vemos, nos permite comunicarnos y hacernos entender. Asimismo, da unos contornos tranquilizadores a la vida: al nombrarlo, demostramos la existencia de tal o cual objeto, al mismo tiempo que delimitamos el entorno. Algunos de los consejos que la autora nos brinda para desactivar la vocecilla interior, son detectarla, bajar su volumen o deslocalizarla.

El silencio del cuerpo

En muchas ocasiones no somos conscientes de la importancia de el cuerpo, no desde una visión estética, desde la certeza de que está en estrecho contacto con la realidad. De manera completamente pragmática, el cuerpo respira, digiere, resuena y experimenta emociones. El cuerpo y las emociones, pues, están estrechamente ligados. Apartarse del cuerpo permite rehuir cualquier emoción negativa y permanecer en la superficie de las cosas. De ahí la existencia de los males psicosomáticos que a menudo se tratan de una situación de estrés prolongada, de una tristeza sin expresar o de un malestar cotidiano. Esto puede desembocar en una hipertensión crónica, una úlcera de estómago o un eczema recurrente. Son signos de una emoción no escuchada, que intenta expresarse a toda costa. La emoción acaba encontrando el cuerpo, que, lejos de callarse o de guardar silencio, utiliza entonces toda su inteligencia intuitiva para transmitir el mensaje. Patalea, reacciona y grita a su manera para que actúes. En cierto modo, el cuerpo rompe su estado de silencio natural, su armonía original, con el fin de enviarle al cerebro una petición de cambio.

“Pero, a menudo, el ser humano está desvalido para tratar esa clase de requerimiento. En la escuela no ha aprendido a gestionar las emociones, no sabe cómo funcionan los pensamientos, teme derrumbarse y prefiere aislarse de las sensaciones por medio de todas las escapatorias que le ofrece la sociedad moderna. Es el reino de la bulimia, de las adicciones y otros paliativos que permiten aislarse de las emociones que nos desbordan. El cuerpo es olvidado por un reflejo de pura supervivencia, porque no se sabe hacer de otro modo”, aclara Kankyo Tannier.

Uno de los ejercicios que la autora nos propone para volver a activar nuestra presencia corporal es sentarnos en silencio y tomar conciencia de las emociones que sentimos en el cuerpo. Permanecer en la simple observación de lo que ocurre, por medio de una actitud interior de acogida ilimitada. Observarlo todo, como si fuéramos un gran espejo curioso, y dejar que todo desaparezca tan deprisa como ha aparecido. Eso es el amor incondicional, la capacidad de aceptar todo lo que constituye el ser humano en su totalidad. Una vez que hayamos sentido esa emoción amorosa tan tierna por ti mismo, podrás envolver a los demás con tu calor humano, de manera muy discreta, rebosando de alegría y contagiándola a tu alrededor.

La práctica del silencio

Uno de los ejercicios que la autora propone para que realicemos en nuestro hogar es una cura de silencio. Todo empieza la víspera con la preparación, cuando tomamos la decisión de embarcarnos en la experiencia. Lo primero debemos superar la culpabilidad. Al igual que la práctica del silencio, la meditación enseña a sentarse en la supuesta imperfección a fin de acogerla plenamente. Tal vez ese sentimiento de culpabilidad o de inadecuación sea la emoción que vamos a superar durante el retiro silencioso. Más tarde debemos abastecernos de alimentos sanos y sabrosos, tanto para el cuerpo como para la mente. Por último nos desconectamos del mundo digital y avisamos a nuestro entorno del proceso que vamos a llevar a cabo, para que nos sirva de ayuda para finalizarlo.

Comenzamos con el arte de mirar por la ventana en busca del silencio absoluto:

de las palabras, visual, de los gestos... y del pensamiento. ¡La autora nos recomienda aburrirnos! También nos insta a comer en silencio ya que permite saborear los platos, profundizar en los sabores y tomarse el tiempo de masticar bien los alimentos: comer con plena conciencia y acompañar cada bocado hasta su término. Así, la digestión resulta más fácil y la respiración se sosiega.

También nos invita a hacer turismo en nuestras ciudades ya que suele provocar una sensación de extrañeza que invita a cambiar de mirada. Llevar a cabo una cura de silencio no significa tener que recluirse en casa, sino hacer las cosas de manera diferente, a conciencia, a un ritmo más lento. Kankyo Tannier nos previene que durante los días o las horas de la cura, se nos van a ocurrir ideas a raudales, vamos a sentir un sinfín de impresiones y cobrar conciencia de muchas cosas. ¿Estás preparado? ¡Adelante!

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