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    23 de abril de 2014
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El supercaza persa: propaganda del régimen o avión de pega

Jesús Sanz

Última actualización 21/03/2013@00:00:00 GMT+1
La presentación de un nuevo avión de combate iraní furtivo o ‘stealh’ (fantasma), el Qaher-313, ha levantado montañas de comentarios tanto de especialistas como de aficionados a lo largo y ancho de la red.

Qaher-313 ´Stealh´

La presentación de un nuevo avión de combate iraní furtivo o ‘stealh’ (fantasma), el Qaher-313, ha levantado montañas de comentarios tanto de especialistas como de aficionados a lo largo y ancho de la red.´

El aparato, también denominado Ghaher (Conquistador), fue presentado a la prensa por la cúpula del Ministerio de Defensa de Irán, con la presencia del presidente de la República Islámica, Mahmoud Ahmadineyad, en la simbólica fecha, para los iraníes, del 2 de febrero de 2013, durante la ceremonia del amanecer y en vísperas del 34º aniversario de la Revolución Islámica.

El Qaher F-313, desarrollado por la industria aeroespacial de Irán, fue ampliamente elogiado por parte del ministro de Defensa iraní Ahmad Vahidi, quien declaró que se trata de un reactor de combate con características únicas, baja ‘firma radar’ (que es la posibilidad, derivada de sus características, de evitar ser detectado por éstos), con materiales avanzados, y que podría despegar y aterrizar desde pistas muy cortas, operar a baja altitud y necesitar sólo un fácil mantenimiento.

Sin embargo, en las imágenes ampliamente divulgadas por You Tube, vemos un avión de un tamaño ridículo y con elementos que nos llevan a pensar que se trata de la maqueta a escala de un avión de combate furtivo, que se parece algo al supercaza estadounidense F-22, con una cola muy similar a la del F-35, aunque sus líneas también recuerdan al ruso Sukhoi PAK FA (T-50) y a los diseños chinos J-20 y J-31.

Las tomas de aire del Q-313 son extremadamente pequeñas para aceptar el volumen de aire que necesita un avión de estas características; en la parte trasera, donde se supone que está la salida de la propulsión, no tiene postquemador; ni siquiera se puede apreciar que tenga turbina y, por otra parte, la longitud del avión hace muy improbable que pueda llevar una de diseño moderno. Algunas fuentes especulan con que llevaría una réplica iraní del viejo modelo de motor estadounidense General Electric J-85.

La parte delantera también es muy pequeña para que quepa un sistema radar, incluida su antena, para el combate moderno; destaca la cabina, extremadamente pequeña, como se comprueba por las fotos del piloto sentado en ella, que casi no cabe, quedándole las rodillas fuera. En la cúpula se aprecia un grosor mínimo, más propio de un plexiglás de protección, que el de cualquier avión de combate. El panel de instrumentos carece del sistema Head Up Display/proyector de datos ante la mirada del piloto (HUD); la instrumentación, sin contar con las posibles capacidades de las pantallas de multifunción, parece escasa.

El pequeño tamaño de las alas y del fuselaje hacen improbable que pueda portar una cantidad de combustible interno suficiente ni tampoco, al menos, cuatro misiles aire-aire, que normalmente se instalan en una bodega de armas bajo el fuselaje. Estas carencias, basadas en su reducido tamaño, contradirían las afirmaciones del militar iraní de que puede evadir radares, además de poder rastrear y entrar en combate con aviones enemigos, atacar objetivos en tierra y utilizar diversas armas y municiones. Asimismo, su tren de aterrizaje no es nada robusto para un avión de estas características. y más si tiene que realizar tomas en pistas cortas.

En suma, el aparato que ha diseñado Aviation Industries Organization (AIO), empresa integrada en el Ministerio de Defensa iraní, parece más una maqueta destinada a engañar a la opinión pública propia, como parte de la campaña que el régimen islámico está realizando para mostrar que puede desarrollar medios avanzados de defensa aérea para enfrentarse a ataques de Israel e, incluso, de Estados Unidos, que pretendieran neutralizar su programa nuclear militar.

Ni la industria ni los presupuestos militares iraníes, destinados principalmente a los programas atómico y de misiles balísticos para lanzar cabezas nucleares, tendrían capacidad para construir un avión furtivo. El proyecto de Estados Unidos sobre el caza F-22 Raptor costó cerca de 70 mil millones de dólares, y un plazo de 20 años, disponiendo además de la experiencia adquirida en desarrollos anteriores como el F-117 Nighthawk y el bombardero B-2 Spirit.

Por su parte, Rusia, que está desarrollando el Proyecto PAK-FA (T-50), ha invertido hasta la fecha 10 mil millones de dólares, financiados por Rusia e India, lleva más de 10 años de desarrollo, y su entrada en servicio se espera para el 2017-2018. Se construirán 600 aparatos, a un costo estimado de 100 millones por unidad, financiados por ambas potencias, cuyos presupuestos de defensa se estiman en 2012 en unos 120 mil millones de dólares.

Otro punto a tener en cuenta es cómo ha surgido de golpe este proyecto, cuando la industria iraní no ha sido capaz todavía de mostrar el mucho más modesto HESA Shafaq, un reactor subsónico de entrenamiento y ataque ligero, basado en el Yak-130 ruso, que desarrolla con asistencia rusa.

No obstante, la capacidad de la industria aeronáutica iraní es elogiable, ya que, tras poner sus fundamentos en la época del Sha de Persia, supo reconvertirse: tras la revolución de 1979 y el subsiguiente asalto y secuestro del personal de la embajada de Estados Unidos, éstos establecieron un embargo a Irán, que utilizaba mayoritariamente aviones estadounidenses. La industria iraní se concentró en mantener en estado operativo una mínima parte de su gran flota de cazabombarderos de origen estadounidense F-14 Tomcat, F-4 Phantom y F-5 Freedom Fighter, además de un largo número de modelos de aviones de transporte y helicópteros, recibidos para defenderse de Irak en la guerra de 1980 a 1988.

HESA Saeqeh (trueno), básicamente, un F5 con bideriva

De esta dura experiencia salió reforzada, ya que, de canibalizar aviones e instalar los repuestos comprados en el mercado negro, pasó a producir sistemas y piezas, y realizar cada vez más complejos trabajos de mantenimiento.

Además, la incorporación de aviones rusos -que llegaron de Irak durante la 1ª Guerra del Golfo- y la transferencia de tecnología china han ido incrementando la capacidad iraní. Actualmente construye varios modelos propios, entre los que destaca el caza HESA Saeqeh (trueno), aunque externamente hablando es, básicamente, un F-5 estadounidense con bideriva.

El otro campo en que la industria iraní aeroespacial está destacando es en el de los Unmanned Aerial System/sistemas aéreos sin piloto (UAS). Según el citado ministro iraní, se habrían desarrollado 20 modelos diferentes, algunos con capacidad de ataque.

Buena prueba de su eficacia son las continuas violaciones del espacio aéreo de Israel que realizan los UAS iraníes, oficialmente manejados por miembros de la organización terrorista Hizbulá, que despegan desde el sur de Líbano. Las fuentes israelíes anuncian ocasionalmente el derribo de alguno de éstos por sus cazas, mientras que webs próximas a Teherán se jactan de que obtienen constantemente imágenes de los centros de la defensa israelí más importantes.

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