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Las operaciones en Bosnia Herzegovina (II)

Este artículo se publicó en el número 6 de Revista Atenea


También la Armada española ha tenido un importante protagonismo en las operaciones de mantenimiento de paz desarrolladas por nuestras Fuerzas Armadas en el territorio de Bosnia-Herzegovina. En primer lugar, ha sido permanente el apoyo prestado en forma de transportes por los buques de este tipo de la Armada, y muy especialmente por lo buques anfibios.

Los traslados de los diferentes contingentes, así como la constante rotación y relevo de materiales han supuesto una no despreciable carga de trabajo para nuestras naves, como han sido los casos del Castilla, Hernán Cortés, Aragón, Pizarro, Martín Posadillo, Camino Español, etc.,…


En fecha tan temprana como el 14 de julio de 1992, la fragata española Baleares se unía a la fuerza de la OTAN STANAVFORMED (Fuerza Naval Permanente en el Mediterráneo) para llevar a cabo una operación marítima en el Adriático con objeto de comprobar la efectividad de las sanciones impuestas por Naciones Unidas a Serbia y Montenegro, en el marco de las resoluciones 713 y 757 del Consejo de Seguridad sobre el embargo.

Legionarios de la Agrupación Málaga (la primera que
actuó en Bosnia)
desembarcando del buque anfivio
´Castilla´ de la Armada española.

Nacía así la Operación Maritime Monitor (posteriormente Maritime Guard). El día 25 del mismo mes, la fragata Extremadura navegaba por el Estrecho de Otranto encuadrada en WEUCONMANFOR (Fuerza Naval de Contingencia de la UEO), dentro de la Operación Sharp Vigilant, dirigida por la UEO que, meses después se transformó en Sharp Fence.

En junio del año siguiente las dos operaciones se funden en la Operación Sharp Guard que va a mantenerse activada hasta junio de 1996.

En todo ese tiempo, permanentemente permanecen en la mar, formando parte de la Combat Task Force 440 (CTF-440), una o dos fragatas españolas de tal forma que en los casi cuatro años de actividad, la totalidad de las fragatas de la clase Baleares (Baleares, Andalucía, Cataluña, Asturias y Extremadura) y de la clase Santa María (Santa María, Victoria, Numancia, Reina Sofía, Navarra y Canarias) intervinieron en la operación.

A lo anterior habría que añadir los submarinos Siroco, Tramontana y Mistral, el buque logístico Marqués de la Ensenada, e incluso todo un grupo de combate (Grupo Alfa) encabezado por el portaaeronaves Príncipe de Asturias que, en diversos momentos de la misma se unieron a la correspondiente formación naval.

El total de la operación permitió el control de 77.000 buques de los que 6.000 llegaron a ser abordados. La participación española supuso la activación de 12.000 efectivos, con 3.300 días de mar, el control de 5.400 buques y el abordaje y registro de 482. Terminada la misión de control del embargo, en el Adriático permanecieron posteriormente, en apoyo de IFOR y SFOR, las operaciones Decisive Enhancement y Determined Guard.


Las operaciones aéreas

Como en el caso de la Armada, el Ejército del Aire ha mantenido un constante apoyo a las operaciones en Bosnia-Herzegovina mediante el transporte. Los distintos relevos, rotaciones por permisos, etc., han sido cubiertos en multitud de ocasiones por nuestra aviación de transporte, lo que ha trasladado a los cielos de Bosnia a los C130 Hércules, CN 235, Boeing707,… Por otra parte, los propios CN 235 eran durante la totalidad de la operación el cordón umbilical que, a través de las estafetas, unía semanalmente –y a veces con mayor frecuencia- a las unidades destacadas y, lo que es muy importante, a sus miembros, con el territorio nacional. A ello deberemos sumar la misión de enlace y apoyo realizada dos veces por semana por otro CN235, en beneficio del Mando Aéreo Regional Sur de la OTAN en Nápoles (Italia).


A las operaciones de embargo marítimo, antes referidas, se unió el 12 de julio de 1993 un avión P-3 Orión español de Patrulla Marítima perteneciente al Ala 12/Grupo 22 que, desde la base italiana de Sigonella colaboró con la Armada en el control del Adriático, totalizando 1.200 horas de vuelo y llegando a identificar 3.000 buques.


Avión Estafeta C130 del Ejercito del Aire tomando tierra en el aeropuerto de Mostar en noviembre de 1998.


En abril de 1993, y para garantizar la vigilancia de la zona de exclusión de vuelos, incluida en la resolución 816 del CSNU, la OTAN organiza la operación Deny Flight. Inicialmente se incorpora a Vicenza un C212 del Ala 37 de Villanubla, que durante nueve años va a colaborar con las fuerzas aliadas con misiones de enlace y para apoyo logístico al Centro de Operaciones Aéreas Combinadas. Igualmente se incorporarán tres equipos TACP de control y conducción que llegarán a realizar un total de 11.000 conducciones aéreas.

El 23 de noviembre de 1994 se inicia el despliegue del Destacamento Ícaro en la base italiana de Aviano que va a mantenerse activo hasta julio de 2002, formado inicialmente por ocho aviones EF18 Hornet del Ala 31 (que serán relevados por el Ala 12 en abril de 1995) y dos KC 130 de reabastecimiento en vuelo. A petición del Secretario General de Naciones Unidas, la operación recibe la orden de desencadenar ataques aéreos a consecuencia de una matanza de civiles ocurrida en el mercado de Sarajevo. Durante diez y siete días, 175 aviones norteamericanos, franceses, holandeses, británicos, turcos y españoles realizan 140 salidas de ataque que permiten romper el cerco de Sarajevo y obligar a las armas pesadas a separarse al menos 20 kilómetros de dicha desgraciada ciudad.

Dentro de la Operación Deny Flight, el 25 de mayo de 1995 dos F18 del Ala 12 española, junto con cuatro F16 norteamericanos bombardearon dos depósitos de munición en las proximidades de Pale, siendo ésta la primera acción de ataque aéreo llevada a cabo por el Ejército del Aire español desde la guerra de Ifni-Sáhara de 1957-58.

Agentes de la Guardia Civil se disponen
a efectuar una entregade paquetes.

De forma análoga a lo sucedido en las acciones terrestres y navales, la operación fue cambiando de nombre, a medida que las tareas que incluía se tornaban menos agresivas, como consecuencia de la normalización de la zona.

Así se sucedieron Deny Flight, Deliberate Force (ataques aéreos contra objetivos serbios), Joint Endeavour (de apoyo a IFOR hasta fin de 1966), Joint Guard (de apoyo a SFOR) y Joint Force. Señalemos, por fin, que también fue utilizado un Boeing 707 del Centro de Inteligencia Aérea de Torrejón de Ardoz para labores de obtención de inteligencia.


En el terreno de las bajas de material por acciones enemigas, tan sólo se debe señalar que el 8 de marzo de 1994 un Aviocar español recibió fuego antiaéreo procedente de un misil SA-7 que le produjo destrozos en el área de cola y algunas heridas a los pasajeros, debiendo tomar tierra urgentemente en el aeropuerto de Rijeka.


Aunque los datos que siguen incluyen la totalidad de esfuerzo aéreo en los Balcanes, dan una idea aproximada de la trascendencia que para el Ejército del Aire han tenido estas operaciones. Se realizaron un total de más de 750 misiones, que supusieron 22.000 horas de vuelo de EF18, 6.000 de KC130, 8.000 de C212 y alrededor de 300 de CN 235.


Las Operaciones de la Guardia Civil


Para garantizar el cumplimiento del embargo decretado por el CSNU, se consideró necesario el control del Río Danubio. En dicho marco, entre 1993 y 1996, 52 guardias civiles y una patrullera Rodman-55 patrullaron desde la base búlgara de Ruse la referida vía fluvial, contribuyendo de esta forma a garantizar desde otro acceso las operaciones llevadas a cabo en el Adriático. La misión permitió realizar el control de un total de 6.365 embarcaciones fluviales.


Además de esta misión específica, la Guardia Civil colaboró con los contingentes terrestres incluyendo personal del Cuerpo en diversos agrupamientos tácticos. Las principales misiones que se les encomendaron fueron las relacionadas con tareas de policía militar, seguridad de cuarteles generales, control de circulación, investigación de accidentes y delitos, etc.,…

El 5 de enero de 2008, dentro de la sucesiva y creciente desmilitarización de la operación e incremento de su componente policial, se puso en marcha la primera misión de la Fuerza de Gendarmería Europea (FGE-EUROCENDFOR), en la que treinta guardias civiles españoles colaboran con sus colegas franceses, italianos, portugueses y holandeses como parte de la Unidad Integrada de Policía (IPU).


Españoles en Bosnia. Algunos hechos significativos

Francisco Javier Zorzo


Al conmemorar este año, el vigésimo aniversario de la presencia española en Misiones en el exterior, quizás convendría recordar algunas de las actuaciones de nuestras tropas en el conflicto de Bosnia-Herzegovina que, en mi opinión y por razones que desconozco, no fueron suficientemente destacadas cuando tuvieron lugar, teniendo en cuenta que, junto a otras acciones que fueron llevadas a cabo en otros escenarios y otros años posteriores, demostraron el extraordinario grado de preparación de nuestras tropas, consecuencia indudable de que la instrucción realizada por nuestras Unidades desde tiempo inmemorial alcanzó siempre un altísimo nivel, pese a lo ignorado en ámbitos ajenos al mundo castrense.

Suboficial de la AGT ofrece su cantimplora
a una niña bosniaca.

Podría hacer referencia a un sinfín de acontecimientos en los que se dieron especiales situaciones de riesgo y en los que nuestras tropas tuvieron una destacadísima actuación. Voy a referirme a alguno de ellos. Como he dicho antes hubo otros muchos gestos de firmeza y convicción frente a las partes en conflicto que salvaron muchas vidas.

El primer traslado del General Jefe de las fuerzas croatas PETKOVIC con una escolta que dirigía el capitán Alemán hasta Sarajevo, atravesando las líneas musulmanas y serbias, en el que tuvo que hacer uso de toda su inteligencia y firmeza para evitar que el convoy fuera registrado por los serbios, que unos días antes, habían asesinado a un alto dirigente musulmán cuando era trasladado en un vehículo belga, llegando incluso a apoyar la puerta trasera del BMR donde viajaba el gener al croata con la delantera del BMR siguiente para que nadie pudiera abrir la puerta.


O cuando en las proximidades de KONJIC, el entonces teniente Herráez, que viajaba escoltando diez ambulancias para recoger heridos croatas en el territorio controlado por los musulmanes, evitó a toda costa el entregar a un Coronel croata, oficial de enlace de la Operación, a los milicianos de la Armija (Ejército bosnio-musulmán), que trataron de conseguirlo de todas las formas posibles y que hubiera costado la vida al militar croata. O el legionario Galdo de la Bandera de Operaciones Especiales de La Legión (BOEL) que, con riesgo de su vida y en contra de lo que argumentaban los buceadores ingleses, bajó, a pulmón libre, en las profundas aguas del río NERETVA, varias veces, hasta localizar los cuerpos de los paracaidistas que habían caído al río y perecido ahogados.


En Diciembre de 1996 La Legión volvió a Bosnia. Otras Navidades fuera de casa, en las para muchos conocidas tierras bosnias. Poco importó.

La Brigada de La Legión encuadrada en las Fuerzas de la OTAN regresó a Bosnia con nuevos cometidos, que se sintetizan en el hacer cumplir a las partes en conflicto lo que habían firmado en Dayton y colaborar a la estabilización de la zona.

Fueron cuatro meses intensos y duros. Hubo que hacer frente a situaciones difíciles, pues, aunque no había guerra declarada, la paz no existía en realidad. El General Jefe de la BRIPAC, Luis Carvajal, definió muy bien la situación cuando afirmó que en realidad, puesto que no había ni guerra ni paz, la situación se debía identificar como “de ausencia de guerra”.

Pero la situación más grave que vivimos en Bosnia, con relación a los musulmanes, que tampoco debemos olvidar que habían hecho hijo adoptivo de Mostar al entonces coronel Carvajal, jefe de la Agrupación Madrid, tuvo lugar a raíz del ramadán de febrero de 1977. La guerra había, oficialmente, terminado y nuestra relación era francamente amistosa, recordando nuestros primeros pasos de cinco años antes, hasta el extremo de que a la fiesta del Barhein, la fiesta del cordero, que celebran cuando finaliza el ramadán, la Gobernadora del distrito y el alcalde musulmán de Mostar me invitaron a asistir a ella. Acudí, acompañado, eso sí, con una intérprete de procedencia musulmana. Fue algo francamente amistoso. Era el único extranjero invitado y, ¡además católico! Todos me saludaban con grandes sonrisas y gestos muy amistosos. Tuve que recibir y dar no sé cuantos besos a todos los muftis, con sus largas barbas, que allí estaban. Solo recibía parabienes y agradecimiento por todo lo que los españoles habíamos hecho por ellos desde hacía tanto tiempo.

Al día siguiente de esta fiesta, los musulmanes tienen la costumbre de visitar sus cementerios. Solicitamos la relación de todos los cementerios que iban a visitar, con objeto de desplegar nuestras unidades para ofrecerles protección, y nos dieron la de todos los cementerios menos el cementerio que está en la calle Listiça, en la parte croata de Mostar. Nunca pude averiguar si lo hicieron a propósito. Enviamos lógicamente todas nuestras patrullas a todos los cementerios, menos a ese. Un numeroso grupo de musulmanes, a la cabeza de los cuales iba el alcalde musulmán de Mostar decidió visitar precisamente ese cementerio. Coincidió que aquel día, los croatas estaban celebrando el carnaval. El enfrentamiento no se hizo esperar y tras los primeros insultos y lanzamiento de piedras, los croatas dispararon contra el grupo musulmán y mataron a dos de ellos. El problema fue in crescendo y, aquella tarde, los croatas mataron a otro musulmán cuando iba en su coche por la carretera del Neretva.

En aquel momento, el general de la División Salamandre, a la que pertenecía la Brigada española y yo mismo, nos encontrábamos en una reunión de mandos en el cuartel general de la OTAN en Sarajevo. Volvimos en helicóptero, inmediatamente, y al llegar a Mostar mantuvimos una reunión con las autoridades musulmanas. Cuando entramos en la sala donde se iba a celebrar la reunión, aquellos que el día anterior me habían colmado de besos y abrazos, si hubieran podido me habrían matado allí mismo.

Sus miradas así lo decían. Culpaban a los españoles de que no les habíamos dado la protección que necesitaron y que la Policía Internacional, que era la encargada de mantener el orden público y que no dependía de nosotros, se había retirado cuando empezaron los incidentes. Se les insistió en que no teníamos noticias de la visita a ese cementerio, porque no nos habían dado la información, y que si lo hubiéramos sabido les habríamos dado la misma protección que a las visitas a los otros cementerios.

Estaba presente el representante de Naciones Unidas, un alemán, por cierto muy desagradable y sabihondo, al que hubo que ponerle las cosas claras para que no tomase partido equivocadamente, en la habitual actuación “resbaladiza” de los representantes de la ONU.

La reunión finalizó sin que cediera la tensión ambiental, aunque aceptaron la propuesta presentada. Se tomaron medidas urgentes, efectuando controles en diversos puntos de Mostar y sus proximidades, con la orden de requisar el armamento que transportaran bosniacos y croatas en sus vehículos.

El resultado superó todas nuestras previsiones. En alguno de los vehículos controlados se encontró hasta lanzacohetes RPG-7, además de un sinfín de armas de fuego y granadas de mano. Pero tuvimos otro problema mayor. Presumiblemente, aquella operación de control de armamento molestó y mucho a los mafiosos de Mostar y su reacción fue que, una noche, en el conocido bulevar de Mostar, en la parte croata de la ciudad, lanzaron dos cohetes de RPG-7 contra un BMR que estaba patrullando por la zona.

El primer cohete dio en una señal de tráfico y se desvió, pero el segundo impactó en el BMR, con tal fortuna que lo hizo en el motor, haciendo explosión en su interior, lo que evitó que causara ningún herido. Ante la reacción de los legionarios, repeliendo con sus armas el ataque, los agresores huyeron inmediatamente. Fue la primera vez que las tropas españolas fueron atacadas en Bosnia desde la firma de los Acuerdos de Paz.

La situación era de extrema gravedad, hasta el extremo de que constituimos un Puesto de Mando Avanzado en Mostar. El Cuartel General de la Brigada española se encontraba en Medjugore. Una noche, nuestros escuchas instalados en lo alto del Monte Hum, que domina toda la ciudad, captaron una conversación entre los soldados de la brigada croata de guarnición en Mostar, en la que el intérprete dedujo que pensaban atentar contra nuestros vehículos, en la carretera del Neretva.

Ordené que el Escuadrón de Caballería se trasladara a Mostar, por una carretera interior para evitar cualquier tipo de ataque y ocupar posiciones con carácter disuasorio. Por esa razón o por alguna otra, no se produjo ningún tipo de ataque a nuestras tropas y la tensión fue disminuyendo poco a poco.

Días después se recondujo la situación y la presencia y firmeza de nuestros legionarios y de los legionarios franceses y soldados marroquíes que actuaban encuadrados en la Brigada española logró que la vida fuera recuperando esa normalidad artificial que era, y me temo que lo siga siendo, característica en toda Bosnia-Herzegovina. Después de más de dieciséis años de presencia de las tropas españolas en Bosnia, no cabe duda que se podría escribir un libro con multitud de gestos heroicos y que, por la tradicional manera de ser de los militares españoles siempre se quedan en el haber del deber cumplido.

A alguien con responsabilidades adecuadas debería corresponder el comunicar a la sociedad española la actuación de sus soldados, para que tuvieran la tranquilidad de que cuentan con unas Fuerzas Armadas de reconocida y contrastada valía y recompensar, de acuerdo con los reglamentos, estas actuaciones, que se han hecho y se están haciendo en los más diversos escenarios en conflicto.


Fotos: Francisco Javier Zorro.



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