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2 de enero de 1492. Fin de la Reconquista
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(Foto: bernjan)

2 de enero de 1492. Fin de la Reconquista

En la torre más alta de la Alhambra (este nombre procede, se dice, de la denominación de “el castillo rojo”) se levantó la cruz que Fernando el Católico llevaba siempre consigo cuando se ponía al frente de sus tropas en campaña.


En la torre más alta de la Alhambra (este nombre procede, se dice, de la denominación de “el castillo rojo”) se levantó la cruz que Fernando el Católico llevaba siempre consigo cuando se ponía al frente de sus tropas en campaña; a su vista, las tropas cristianas, que rodeaban Granada, hincaron la rodilla en tierra y dieron gracias a Dios por la victoria; después fue ondeado el pendón de Santiago -en agradecimiento a su protección-, una antigua reliquia que siempre estaba presente en todas las campañas importantes del ejército castellano y, finalmente, fue ondeado el pendón real de los Reyes Católicos en representación de los nuevos señores del reino de Granada. Con esta ceremonia, rememorada a lo largo de los siglos hasta la actualidad, se ponía fin a siglos de Reconquista mediante la que se recuperó la integridad del viejo reino visigodo que fue invadido y destruido por los invasores musulmanes siglos atrás.












Un nuevo ejército para la campaña definitiva



La larga experiencia acumulada a lo largo de la Reconquista llevó a preparar un nuevo ejército que no tendría igual entre los otros medievales europeos y que permitiría, con el tiempo, establecer la supremacía militar española durante más de siglo y medio.


Se potenciaron las tropas de servicio permanente; se aumentó en los peones la proporción de las armas de fuego individuales; por primera vez en Europa, se dio a la artillería un papel primordial en los asedios; se contaba con elevados números de zapadores y de pontoneros; largas columnas de suministros llegaban puntualmente desde Castilla y Extremadura; también se crearon severos controles administrativos, servicios de justicia y hospitales de campaña.


Todo, en fin, se puso al servicio de la firme voluntad de los Reyes Católicos de acabar la reconquista del reino de Granada. Su determinación política de no cejar en el empeño hasta lograr la victoria definitiva, les llevó a poner todos los medios y aceptar los sacrificios necesarios. La diplomacia, las amenazas, las acciones ofensivas, el acrecentamiento de las disensiones internas granadinas e, incluso, los sobornos a los enemigos venales, se combinaban sabiamente en acciones constantes y bien meditadas.


Con todo ello se acabó la guerra ‘medieval’, no sistemática y ceñida a la parte del año de buen tiempo garantizado. En la nueva guerra se alcanzaban más de siete meses de operaciones a lo largo del año. También el Papa aportó su contribución espiritual, decretando en 1487 la Bula de Cruzada.

Incesantes victorias


Un ejército de entre 35.000 y 50.000 peones y gente de a caballo, junto con hasta 10.000 auxiliares, se movía. En junio de 1484 se reanudó la guerra con el firme propósito de ganarla. Se reconquistó Alora y una tras otra fueron cayendo Cártama, Coín, Benamejí, Alhaurín, Churriana, Ronda –“una de las ciudades más fuertes de España”-, Marbella y Cambil, entre otras. El año siguiente cayeron Loja, Illora, Moclín, Colomera y Montefrío, como las más destacadas. En 1487, fueron Vélez-Málaga y la misma Málaga –“la hazaña más áspera”, y cuya feroz resistencia acarreó un trato muy severo a los defensores rendidos-.


El trato dado a los defensores de Málaga causó una gran desmoralización entre los granadinos, que perdían ciudades una tras otra. En 1488 fueron Vera, Huéscar y otras plazas fuertes las que se rindieron rápidamente, cuando podían haber puesto en serios aprietos a los castellanos. El año siguiente cayó Baza tras un agotador asedio, pues tenía mucha artillería para su defensa, y después Zújar, Almería y Guadix, donde se rindió El Zagal “el más noble y valiente de los enemigos” y “la última gran figura del reino de Granada”, como ha sido calificado.

Las llaves de Granada


Los musulmanes menos proclives a aceptar la derrota definitiva fueron concentrándose en una Granada superpoblada donde se vivía en un estado de casi guerra civil contra Boabdil porque estaba atrapado en el viejo compromiso de entregar la capital del reino a los Reyes Católicos en pago a las ayudas que recibió tiempo atrás para dominar a las fracciones rebeldes.


Por su parte, los Reyes Católicos, para mostrar su determinación, mandaron construir cerca de Granada -11 kilómetros-, la ciudad-campamento fortificado con piedra y ladrillo de Santa Fe. A la vez, entablaron negociaciones con Boabdil –llevadas por Hernando de Zafra, Secretario de los Reyes, y Abulcasim el Muleh- que tuvieron como final la firma el 25 de noviembre de 1491 de las capitulaciones para la entrega de la ciudad al cabo de 60 días, con favorables condiciones, inusitadamente generosas, para los vencidos.


En paralelo, los Reyes Católicos enviaron cartas al pueblo de Granada y a sus autoridades (alfaquíes, cadíes y ulemas, entre otras) instándoles a la rendición antes de 20 días si no querían sufrir las consecuencias de los defensores de Málaga.












Llegados los enfrentamientos internos al límite, Boabdil, temeroso de que los granadinos le derrocaran, quiso rendir la ciudad antes de lo previsto. Así, el 2 de enero de 1492 se llevó a cabo la ceremonia formal diciendo Boabdil al Rey Fernando “Toma Señor, las llaves de la ciudad, que yo y los que estamos dentro somos tuyos”.


El Rey pasó las llaves a la Reina Isabel, haciéndola dueña también del reino; y ésta las pasó al Príncipe Juan, como heredero de Castilla y de Aragón. Finalmente, las llaves pasaron al Conde de Tendilla como nuevo Gobernador de la capital, quien, al frente de 3000 de a caballo y 2000 peones se dirigieron a ocupar la Alhambra y representar la victoria mediante la exhibición de los símbolos de la fe, del reino y de las tropas.

Repercusiones simbólicas


De manera inmediata, los Reyes Católicos incorporaron a la punta de su escudo real un cuartel específico alusivo a Granada, con el símbolo parlante de ese fruto maduro, para resaltar la gran importancia concedida a la recuperación de ese territorio.


Y ese trato muy especial se aprecia cuando otros territorios o “reinos” reconquistados por Castilla, como Jaén, Córdoba y otros, no merecieron tener representación propia en el escudo real.


Por otra parte, la trascendencia histórica de lo acontecido en este día de 1492, la deseada por siglos recuperación del territorio perdido, llevó al Ayuntamiento a celebrarlo solemnemente año tras año hasta el presente, ondeando públicamente un antiguo pendón municipal, a celebrar una parada militar y a homenajear a los Reyes Católicos, verdaderos artífices del fin de la Reconquista.



Efemérides anteriores



12 de diciembre 1959. 50 años de la entrega de despachos de Oficial a S.M. el Rey





10 de diciembre. Nuestra Señora de Loreto, Patrona del Ejército del Aire

8 de diciembre 1585. La Inmaculada Concepción de María, Patrona de la Infantería española

4 de diciembre. Santa Bárbara, Patrona de la Artillería española



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