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“Honduras no debe volver a estar supeditada a la política exterior de los Estados Unidos y a sus intereses"

Entrevista a Ramón Custodio, Defensor del Pueblo de Honduras

Ramón Custodio fue, en su momento, una de las cuatro personas incluidas por Estados Unidos en una lista de dirigentes hondureños a los que se les retiraba la visa norteamericana por haber apoyado el cambio político acaecido en Honduras en junio de 2009, Activista de larga trayectoria en el campo de los Derechos Humanos, donde se jugó la vida para defender a los perseguidos y desaparecidos por los escuadrones de la muerte en los años ochenta, hoy es acusado de “golpista” por sus adversarios zelayistas.

Ramón Custodio / conadeh.hn/

Ramón Custodio fue, en su momento, una de las cuatro personas incluidas por Estados Unidos en una lista de dirigentes hondureños a los que se les retiraba la visa norteamericana por haber apoyado el cambio político acaecido en Honduras en junio de 2009, Activista de larga trayectoria en el campo de los Derechos Humanos, donde se jugó la vida para defender a los perseguidos y desaparecidos por los escuadrones de la muerte en los años ochenta, hoy es acusado de “golpista” por sus adversarios zelayistas. En esta entrevista, realizada en exclusiva, rebate dichas acusaciones y sostiene que el verdadero golpista fue Zelaya, que se puso al margen de la Ley y la Constitución hondureñas. Ahora, cuando comienza una nueva etapa, Custodio se nos revela como un hombre de futuro y de hondas convicciones democráticas.

Atenea Digital: Ya tenemos nuevo Gobierno, Micheletti y Zelaya son historia, ¿qué balance hace en materia de Derechos Humanos de los meses pasados?

Ramón Custodio: Ha habido violaciones de Derechos Humanos, eso ya lo he dicho y no es algo nuevo, pero no ha habido los miles de muertos que algunos deseaban y también quiero señalar que se han manipulado e inflado algunas estadísticas, con el fin de acusar al Estado de una política que algunos pretendían como sistemática y masiva, pero que no lo era realmente. Ya hemos informado a las instituciones internacionales a través de algunos informes y les hemos señalado que las violaciones han sido mínimas. La violencia se ha protagonizado desde la protesta política que se exhibía de una forma airada; había espacios para ejercer los derechos de forma racional y muchas veces no se hacía de esta forma, sino por otros cauces, muchas veces violentos.

¿Qué demandas tiene en este momento la sociedad hondureña?

Muy claramente ya se han expresado. El Acuerdo de Guaymuras, que en buena hora vino a sepultar el Acuerdo de San José, nos deja frente a dos cosas que se deben cumplir: 1) La reconciliación nacional entre todos los hondureños y 2) la Comisión de la Verdad, pero iría más allá de estos acuerdos y añadiría una más: un Gobierno de integración, que es parte de ese proceso de reconciliación nacional al que me refería antes. La Comisión de la Verdad queda fijada en el acuerdo para este Gobierno que se inicia ahora y que preside Lobo. Estamos en buen momento histórico para llevar a cabo esa tarea. Luego el Gobierno de integración nacional que no se pudo hacer en el pasado, pero que lo está desarrollando el actual presidente de la República, que está nombrando dentro del poder ejecutivo a personas que incluso hasta hace poco representaban la “resistencia”, como un antiguo candidato presidencial. Hay varios miembros de la “resistencia” ya participando dentro del nuevo poder político, con las controversias que este asunto ha generado en la sociedad hondureña y las divisiones que está creando en un sector político. El nuevo presidente está en la búsqueda de una gran acuerdo político que permita resolver los problemas, como el de Zelaya, que ya fue resuelto de la forma que todos conocemos: con su salida del país. Hay también un deseo de apertura en política exterior y el presidente Lobo está dando grandes pasos y de una forma rauda.

¿Cómo debe ser el retorno de Honduras a la comunidad internacional, qué pasos habrá que dar?

El retorno de Honduras a la comunidad internacional se debe realizar con la mayor dignidad posible. En materia de relaciones internaciones, es obvio, no se le pueden cobrar cuentas a nadie. Hay que dar vuelta a la página, sin que desaparezca lo que no se nos ha hecho y que no se olvide la forma en que nos han tratado, lo que han hecho a los hondureños. Tenemos que resolver este asunto de una forma digna, pero algo que debe quedar meridianamente claro, pienso, es que Honduras no debe volver a estar supeditada a la política exterior de los Estados Unidos y a sus intereses; no debemos dejar que los hondureños seamos utilizados como “peones” en sus juegos estratégicos. Eso, creo, no debe ocurrir ya más, tanto en la política regional como en la mundial. Y la misma regla aplicaría con nuestros vecinos de Centro América; Honduras tiene que resolver los límites marítimos con varios países de la región y tendremos que definir todo ello dentro de una forma dialogada y acorde al derecho internacional. Luego está el asunto de los recursos marítimos, cuestión también importante, y llevar a cabo el Plan de Nación, aprobado por el Estado hondureño, que parte de una propuesta teórica y camina hacia la ejecución práctica. Ahora estamos desarrollando el proyecto de identidad nacional que no teníamos antes y que ahora tenemos e incluso estamos dispuestos a llevar a cabo en el futuro. Hay condiciones objetivas para el desarrollo de ese proyecto y tenemos que ser capaces de lograrlo. Los hondureños debemos, de una vez por todas, de mostrar nuestra fortaleza por resolver los problemas por nosotros mismos y sin injerencias externas.

Aparte de los desafíos externos, ¿cuáles son los desafíos internos que tiene encima de la mesa el nuevo Presidente, Pepe Lobo?

La reconciliación es un asunto prioritario y tiene que llevarse a cabo. Luego debe ser aceptada en buenos términos por aquellos que la critican, ser inteligente en el manejo de la oposición, en la convivencia incluso con esa misma fuerza, demostrar que la democracia funciona y un poco de disciplina fiscal sin que se agrave la situación de miseria y pobreza de los más desposeídos. Tenemos innumerables retos y es importante que el actual Presidente sepa afrontarlos.

Hay un problema constatado de violencia e inseguridad en Honduras que requiere soluciones, ¿cuáles son?

El problema de la inseguridad esta relacionado con la violencia de los pueblos. Los tres países de la zona norte de la región, Honduras, El Salvador y Guatemala, comparten ese mismo problema que es la alta violencia que hay en sus calles y la inseguridad que padecemos todos los días. No se ha hecho, creo, un estudio a fondo que determine las causas de esta violencia en contraste con Belice, Nicaragua y Panamá, países que tienen indicadores de violencia muchos más bajos que los nuestros. Ha habido algunos estudios psiquiátricos que han determinado que en Honduras hay ciertas tendencias antisociales, agresivas e impulsivas, algo que podría explicar algunas cosas. En cualquier caso, creo que tenemos que llevar estudios avanzados acerca de porque se produce esa violencia y cuáles serían las formas de aminorarla. Tenemos una tendencia mayor que en otros países y es algo que debemos de estudiar para poder poner en marcha en el futuro un diseño de políticas desde el Estado para acabar con esta auténtica lacra. Son problemas de hondo calado, que serán resueltos en el largo plazo y que no tienen soluciones fáciles. Tenemos que desarrollar planes estratégicos para abordar este problema, nos tome el tiempo que nos tome, pues es una asunto crucial por resolver y que interesa a la mayoría de los hondureños.

No obstante, ¿no le parece que en el ánimo de los zelayistas no se detecta un gran espíritu en favor de la reconciliación nacional, sino que se percibe un cierto tufillo de revancha?

Siempre que se da un cambio político hay sectores recalcitrantes que reniegan del espíritu de cambio y de concordia. Son grupos marginales que se aislarán del país y de su entorno. El presidente Zelaya y su grupo tienen dos opciones: o incluirse en la vida nacional y participar del juego político legalmente o excluirse para siempre y caer en la marginalidad. De ellos depende el rol que quieran jugar en el futuro. Como movimiento político, situados en esa marginalidad no creo que tengan opciones de crecer como una fuerza seria y con posibilidades en la sociedad hondureña. Creo que el país vive en estos momentos una gran disyuntiva entre los que queremos salir adelante y resolver los problemas y, en la otra parte, los que pretenden seguir generando problemas y tienen un escaso afán por resolver las graves cuestiones pendientes.

¿Qué hay de esos 135 muertos que dice la “resistencia” que ha habido en los meses de gobierno de Micheletti, hay algo de cierto?

En todos esos meses, llevando el número a su cifra máxima, no ha habido más de diez muertos en los altercados acaecidos. Máximo, digo. En siete meses. Por eso, creo, que la Comisión de la Verdad tiene una gran misión, pues no debemos seguir mintiéndonos y ser capaces, entre todos los hondureños, de entender y conocer lo que realmente ha pasado en este último año. Los hechos deben ser conocidos y no se trata que desde la Comisión de la Verdad se dé la razón a nadie, sino que se conozcan los hechos en toda su dimensión y que lo que realmente ocurrió sea conocido por todos sin pizca de manipulación. También habrá que determinar si hubo una política del Estado, si fueron hechos aislados, si lo que realmente aconteció fueron episodios que ocurrieron por el mandato de algunas autoridades y sólo bajo su autoridad….Tenemos que conocer todos esos elementos y en ese trabajo, fundamentalmente, consistirá la principal tarea de la Comisión de la Verdad.

¿No cree que de cara al futuro será necesaria una revisión constitucional, incluso una reforma de la Carta Magna?

La Constitución de la República de Honduras, al igual que otras constituciones de otros países, se ha convertido en una Ley fundamental que es el principio de todas las Leyes. Pero desarrolla muchos aspectos de la vida política que en otros casos no ocurre y ese carácter especial que tiene la dota de una complejidad casi única que otras constituciones no tienen.

Sin embargo, hay capítulos de la Constitución que rigen muy adecuadamente todo, que incluso son muy actuales, y regulan muchos aspectos de la vida de la nación, como la economía, que queda caracterizada claramente en su modelo por nuestro texto constitucional. Este es un aspecto, por ejemplo, que no se ha trabajado y que debería desarrollarse en futuro, por poner un ejemplo acerca de su vigencia. Luego están los Derechos del ciudadano, que están bien desarrollados, al igual que las Libertades, también recogidas en el texto. Otro aspecto fundamental del texto que quiero resaltar es que consagra plenamente el funcionamiento de los poderes del Estado y el funcionamiento de los mismos sin mácula de duda. La designación de la atribución de las funciones de cada uno de los poderes del Estado está plenamente definido en el texto constitucional, lo cual no ha sido óbice para que en la vida política hondureña se hayan irrespetado estas atribuciones y el diseño que establece la Constitución. Reduciendo mi pensamiento: el problema no es la Constitución de la República, sino el necesario respeto a la misma y la fidelidad al texto, que frecuentemente es ignorado por muchas autoridades. Hay que actuar de acuerdo a lo que está establecido en la Constitución de la República y no intentar violentar de una forma arbitraria e ilegal el contenido de la misma. Por lo pronto, el nuevo Presidente, Lobo, ya anunciado que cumplirá estrictamente su mandato y que no se extenderá más allá de lo que marca la Ley, lo cual creo es que es un aspecto muy importante y señala lo que será este nuevo periodo.

El papel del ejército en el sistema político hondureño, visto por muchos como un actor preponderante, ¿no cree que habría que cambiarlo?

La experiencia del 28 de junio demuestra que las Fuerzas Armadas hondureñas tuvieron un elevado alto grado de responsabilidad y estuvieron a la altura de las circunstancias; hicieron muchos llamados al poder civil para que resolviera la crisis en clave política y no para precipitar los acontecimientos en la peor de las direcciones, tal como ocurrió después. No había un deseo de intervenir en la vida política del país, sino que la crisis devino en una agudización que provocó los sucesos de sobra conocidos. Fue una impericia del poder civil la que determinó todo lo que aconteció en esos días, pues fueron los civiles los que se mostraron incapaces por arreglar las cosas y poner fin a un contencioso que empañaba a todo el país. Los militares hondureños, que conozco muy bien, no son un ejército golpista.

¿Cree, entonces, que la institución militar está subordinada al poder civil y respeta el orden constitucional?

Cuando uno habla con los militares hondureños comprende claramente que el ejército es una institución obediente y subordinada al poder civil, que no quiere desempeñar un papel más allá del que estrictamente le entrega nuestro ordenamiento político y constitucional; así lo veo yo y también lo he percibido en mis conversaciones con los militares. Lo que no puede ser es lo que ocurrió en los tiempos de Zelaya, cuando el ex Presidente les pidió que actuaran en contra de las Leyes y la Constitución de Honduras, lo que es inadmisible aquí y en todas partes del mundo. Las Fuerzas Armadas desobedecieron a Zelaya porque no podían cumplir con órdenes que iban en contra de la Constitución. Era algo absolutamente fuera de lugar y las consecuencias de aquello son bien conocidas.

¿Qué futuro le espera a la izquierda, y a los zelayistas en general, en la nueva Honduras?

Estamos en el siglo XXI y algunos todavía no se han enterado, es obvio. La democracia ya es un valor en sí mismo, donde existen libertades y derechos fundamentales para todos los ciudadanos. Luego está el “socialismo del siglo XXI”, que va en contra de los derechos de las personas y que las anula como partes del sistema democrático. Para mí, esta propuesta ideológica es inaceptable y no se adapta a las nuevas realidades del mundo de hoy. El reto es cómo elevar el nivel de vida de la mayoría, de los más desfavorecidos, y hacerlos partícipes de nuestro sistema de valores. Tenemos que ser capaces como nación de desarrollar nuestros propios recursos y hacer que estos redunden en beneficio de la mayoría de los ciudadanos. La gente tiene que percibir la democracia como algo suyo; no podemos seguir hablando de la misma mientras haya pobreza y exclusión social. Tenemos que ser capaces de elaborar una agenda que pase por la erradicación de esas lacras, porque de esta forma avanzará la democracia y se consolidará de cara al futuro.

¿Cree que Lobo será capaz de hacer frente a esos desafíos con éxito?

El equipo de Gobierno de Lobo cuenta con cinco aspirantes a la presidencia. No sé si tendrán capacidad de liderar con éxito un proyecto en esas condiciones. Luego está el asunto de la amnistía que decretó, que se hizo en contra del sentir general del pueblo hondureño y sin analizar las circunstancias en las que se desarrollaba. Es decir, que por ahora tengo mi margen de confianza pero también tengo dudas. No creo que la amnistía se tuviera que haber llevado a cabo antes de la Comisión de la Verdad, que considero que debía haber sido la condición previa antes de esa medida tan controvertida. Hay que darle el beneficio de la duda a Lobo, creo que es muy trabajador, y tiene que tener las ideas claras. Pero también voy más allá: creo que todos los hondureños tenemos que arribar el hombro y trabajar juntos por resolver los muchos problemas pendientes. Yo, por mi parte, y en lo que a mí respecta, estoy actualizando mis papeles e ideas en torno a lo que es la Comisión de la Verdad, que será un trabajo fundamental para superar la división honda y profunda que ha sufrido la sociedad hondureña en estos momentos. Todos tenemos que trabajar por el país y por asentar nuestra democracia.


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