En Roncesvalles, mítica paliza de los vascones a los francos

En Roncesvalles, mítica paliza de los vascones a los francos

Los españoles tenemos una Historia tan antigua y consistente que, a cada paso, encontramos vestigios de algo que, procedente de un tiempo histórico alejado siglos y siglos, ahora nos pertenece a todos nosotros, pero como depositarios


Esta herencia cultural nos invita a la siempre gratificante tarea de conocerlo y a la siempre exigente de conservarlo para que podamos legarla a nuestros hijos y nietos.

Es relativamente fácil que tengamos presente nuestro rico patrimonio material – a España sólo le supera Italia-. Tenemos maravillas del pasado en nuestros dólmenes, castros, anfiteatros, calzadas romanas, castillos, monasterios, iglesias, puentes… Y si hablamos de cosas pequeñas, la lista es casi interminable: la Dama de Elche, las coronas de Guarrazar, el cáliz de Doña Urraca, la espada Tizona…

Además del patrimonio material, también nos pertenece la memoria de los hechos que ocurrieron en nuestro territorio y fueron protagonizados por nuestros antepasados. Es lógico pues que, cuando hay mucha distancia temporal y no hay muchos documentos escritos que nos relaten lo que ocurrió, los relatos sean más o menos fantasiosos o novelados.

A este respecto, no hay que olvidar la acción propagandística de todo aquel poderoso que tiene la posibilidad de crear documentos que den una mejor imagen de sí mismo y disimular sus errores y fracasos, a la vez que creen la peor imagen posible de sus enemigos.

¿Qué pasó en Roncesvalles?

Se considera el 15 de agosto como la fecha en la que en el año 778 –y tampoco hay acuerdo en el año-, unas tropas vasconas atacaron y derrotaron a la retaguardia de un ejército franco –hoy diríamos francés- dirigido por Carlomagno (742-814) que regresaba a sus tierras tras dar por concluida una expedición por tierras hispanas. Su interés era apoyar al gobernador de Saraqusta –Zaragoza- Suleimán el Arabi.

La emboscada

El lugar debió de ser algún paso dificultoso del Pirineo adecuado para tender una emboscada, es decir, el ataque a un enemigo que, a causa de la estrechez, pendiente y otras dificultades del camino quedaba indefenso al ser atacado desde posiciones dominantes. Se considera que el lugar fue Roncesvalles o Valcarlos.

La emboscada sólo necesitó atacar la retaguardia para lograr el éxito pues el resto de la columna tendría dificultades para volver sobre sus propios pasos y auxiliar a quienes estaban sometidos a una lluvia de piedras, rocas y flechas.

A lo largo de la Historia encontramos sonadas emboscadas que rindieron grandes éxitos a los atacantes. Por ejemplo, la de los germanos dirigidos por el caudillo Arminio contra las legiones romanas en el bosque de Teutoburgo –año 9 después de Cristo-, o la de los rifeños rebeldes a las tropas españolas en el Barranco del Lobo, cerca de Melilla –el 27 de julio de 1909-.

¿Qué queda en la memoria española?

Los atacantes son identificados como ‘vascones’ una denominación procedente del tiempo de los romanos. Para la memoria española, este episodio, más o menos histórico o mitificado, se queda en apenas este relato. Sin embargo, para la memoria francesa lleva asociado el recuerdo al gran Carlomagno y al caudillo Roldán, el que mandaba la retaguardia atacada.

En Francia se compuso la Chanson de Roland –fechable a finales del siglo XI, el tiempo del Cid Campeador-. En España quedan algunos recuerdos. Uno de los más curiosos es un extraño hueco de 40 m de ancho por 100 de altura que hay a más de 2.800 m de altitud en el Monte Perdido, en los Pirineos, que se llama la Brecha de Rolando. El fabuloso corte de la montaña materializa la leyenda de que este personaje, antes de rendirse, golpeó su espada Durandal contra la roca para romperla y evitar que cayera entera en manos de los vascones. La leyenda refiere que lo que se rompió fue la roca y ese mítico tajo podemos verlo y visitarlo en una excursión.

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