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Bienvenida a la colombianización

Rogelio Núñez

Las palabras de Hillary Clinton aludiendo a la posibilidad de que México esté sufriendo un proceso de colombianización han causado indignación entre la clase política mexicana. Pero hay que afrontar los hechos y evitar ser políticamente correctos. La mala noticia es que México efectivamente se está colombianizando. La buena es que tiene todos los elementos que le permitieron a Colombia ganar esa guerra. Incluso, posee algunos que la Colombia de los 90 no poseía. Eso sí, México tiene por delante una ardua y dolorosa tarea ya que la victoria no será fácil y traerá consigo muertes y sufrimiento, mucha sangre y narcoterrorismo.

Las palabras de Hillary Clinton aludiendo a la posibilidad de que México esté sufriendo un proceso de colombianización han causado indignación entre la clase política mexicana. Pero hay que afrontar los hechos y evitar ser políticamente correctos. La mala noticia es que México efectivamente se está colombianizando. La buena es que tiene todos los elementos que le permitieron a Colombia ganar esa guerra. Incluso, posee algunos que la Colombia de los 90 no poseía. Eso sí, México tiene por delante una ardua y dolorosa tarea ya que la victoria no será fácil y traerá consigo muertes y sufrimiento, mucha sangre y narcoterrorismo.

Los paralelismos entre Colombia hace 20 años y el México actual son abrumadores: Colombia afrontó en los años 80 el nacimiento de poderosos cárteles del narcotráfico como el de Medellín o el de Cali. México sufre ahora las acometidas de siete cárteles, entre los que sobresalen el de Sinaloa, el del Golfo, Los Zeta o los Beltrán Leyva.

Colombia debió enfrentarse con un hombre despiadado, hábil y sin escrúpulos como Pablo Escobar. México tiene enfrente a Joaquín El Chapo Guzmán, considerado como uno de los hombres más ricos del mundo. Escobar no dudó en retar al Estado utilizando el terrorismo. Los Zeta ya han emprendido ese camino, que pronto seguirán el resto de cárteles, sobre todo si se ven aún más acosados. Los cárteles colombianos lograron cooptar partes del Estado, de la misma forma que en la actualidad el poder local de muchos municipios mexicanos está en manos de los capos.

Colombia ganó la guerra cuando, respaldada y apoyada por Estados Unidos, creó unidades especiales y modernizó sus servicios de inteligencia para derrotar a los cárteles. México ha empezado a caminar por esa senda: la ayuda estadounidense se plasma en la importante, pero insuficiente, Iniciativa Mérida, y las fuerzas de seguridad han apostado por emplear los servicios de inteligencia como puntal contra los cárteles. Cuando los montantes de la Iniciativa Mérida aumenten considerablemente y cuando México logre conformar un aparato policial de seguridad limpio, confiable y moderno, la guerra empezará a decantarse incuestionablemente a favor del Estado.

México tiene otras fortalezas que en su día no poseía Colombia, ya que posee un Estado y un ejército fuertes y con presencia en todo el país. Es cierto que los cárteles son ahora más poderosos y tienen acceso a las nuevas tecnologías, pero la implicación de Estados Unidos acabará siendo mayor. Pues si Colombia es vital geoestratégicamente para Estados Unidos, qué decir de México. Además, México carece de una fuerza guerrillera (en realidad otro cártel) como las Farc, un rival que fue capaz en su día de desafiar a la democracia colombiana.

En definitiva, la colombianización de México debe ser vista como el camino para derrotar a los cárteles y no como la senda que convierta a México en un estado fallido. La guerra, como en la Colombia de los 80 y 90, va a ser larga y muy dura pues el recurso al narcoterrorismo es una tentación en la que caerán los cárteles. Pero México tiene las fortalezas internas y externas para triunfar, siempre eso sí que no caiga en nacionalismos estúpidos (como negar mayor apoyo estadounidense por las rémoras de un nacionalismo decimonónico) y las diferentes fuerzas políticas den continuidad a una política de seguridad, que debe estar previamente consensuada por todos los sectores de la sociedad.

Pero como se ha destacado en estas páginas en otras ocasiones, mientras que se gana la guerra en México es posible que se esté perdiendo en Centroamérica. Al menos queda el consuelo de que la administración de Barack Obama lo sabe: según el memorándum dirigido esta semana por la Casa Blanca al Departamento de Estado, la presión de México y Colombia sobre los traficantes de la droga “ha convertido a los países de América Central en objetivo de sus actividades para traficar desde ahí cocaína y otro tipo de drogas que tienen como destino principal a Estados Unidos”.

El memorándum, firmado por el propio presidente Barack Obama, alerta sobre que los cárteles de la droga de México y Colombia “están creando graves desafíos en América Central. Son necesarias medidas efectivas y reforzadas para evitar que los contrabandistas puedan desplazar droga por los siete países del istmo”.

* Rogelio Nuñez es Doctor en Historia de Iberoamérica.
Miembro del Observatorio de Seguridad y Defensa de América Latina (OSAL).

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