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El día que la Tierra estuvo al borde de la destrucción
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(Foto: USAF)

El día que la Tierra estuvo al borde de la destrucción

El 9 de noviembre de 1979 pudo haber sido el último día de media Humanidad y el principio del fin de la otra media. Todas las alertas indicaban que había empezado la tan temida guerra nuclear con un ataque sorpresivo y masivo lanzado por los soviéticos. Ahora las alertas globales se encienden nuevamente con las tensiones entre Estados Unidos y Corea del Norte.

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Durante la Guerra Fría –iniciada en 1947 entre los aliados que derrotaron a Alemania en 1945 durante la II Guerra Mundial-, las dos grandes potencias mundiales -EE.UU. y la U.R.S.S.- se dedicaron a desarrollar armas cada vez más destructoras a base de montar bombas nucleares en misiles de gran alcance.

Los grandes 'protagonistas' de esta carrera fueron:

  • Tipo ICBM, o misil balístico intercontinental; como su nom- bre indica, su gran alcance permitía lanzarlo desde el conti- nente propio y alcanzar el del rival. Sus trayectorias podían as- cender hasta alturas suborbitales.
  • Tipo SLBM, o misil balístico lanzado desde un submarino que se acercara a las costas del rival.

Cada uno de los bandos fue engrosando sus arsenales con misiles nucleares cada vez más potentes en una carrera peligrosísima, pues, de desencadenarse un conflicto bélico, ambos tenían claro que acabarían con su rival... pero a costa de padecer, en represalia, su propia destrucción.

Para defenderse de esta amenaza, los EE.UU. y Canadá disponían, desde 1958, del Mando NORAD -North American Aerospace Defense-, que incluía medios de detección e identificación de aviones soviéticos procedentes de Siberia y del Ártico, así como sistemas de comunicaciones para las alertas y la activación de medidas de protección civil y para ordenar los contraataques. El principal medio de detección fue una gran cadena de radares de gran potencia y alcance que podían localizar los aviones soviéticos en vuelo hasta con tres horas de antelación a su llega- da a los objetivos norteamericanos, permitiendo adoptar las de- cisiones pertinentes con un cierto margen. Este sistema defensivo se fue perfeccionando con la mejora de la tecnología -hasta poder detectar, además, misiles soviéticos-, el aumento del personal –se dice que de él se ocupaban unas 200.000 personas- y el perfeccionamiento de los procedimientos de actuación en caso de detectar el inicio de un ataque.

La protección no acababa en estas medidas, sino que buena parte de la sociedad norteamericana vivía bajo el temor de un bombardeo nuclear –por lo cual, construyeron refugios subterráneos en sus casas, adquirieron máscaras y trajes de protec- ción, acumularon alimentos…- aunque con la esperanza de que la carrera de armamentos equilibraría la balanza y los soviéticos no se atreverían a lanzar el primer misil.

¡Alerta misiles!

El 9 de noviembre de 1979, los satélites y radares del NORAD detectaron un ataque masivo de 300 misiles soviéticos. Siguiendo sus planes, EE.UU. desencadenó los primeros pasos pa- ra activar la protección civil y la represalia militar. Ésta consistía en el despegue inmediato de bombarderos estratégicos cargados de bombas nucleares para lanzarlas sobre objetivos soviéticos y otras reacciones posteriores para llevar a cabo la guerra.

El terror apareció cuando en las salas de control comenzaon a recibirse sucesivas ‘noticias’ de impactos de misiles en territorio norteamericano. Esto era el inicio real de la guerra total, había que responder, contraatacar… todos empezaban a vivir la angustia del inicio del fin que tantas veces quisieron evitar man- teniéndose alerta y ensayando los procedimientos de actuación.

Sin embargo, no todos los mecanismos de detección habían alertado de los misiles y eso era muy extraño. ¿Volaban o no volaban 300 misiles contra EE.UU.? Como el ataque no estaba plenamente confirmado, Washington tomó la prudente decisión de no llevar a cabo ninguna represalia contra la URSS hasta tener la seguridad de lo que estaba ocurriendo.

Tras intensas y angustiosas comprobaciones, se llegó a la conclusión de que las alarmas se habían disparado porque, sin que nadie reparara en ello, los sensores estaban ‘de maniobras’, es de- cir, simulando una situación real con el fin de mejorar el adiestra- miento. Este incidente se llamó 'de la cinta equivocada' en alusión al programa informático de simulación que funcionó como real.

Estos adiestramientos los llevan a cabo todas las unidades militares, de seguridad, de protección civil, etc. para que, de producirse una situación real, estén en plena capacidad operativa.

A pesar de todo, este fallo fue un hecho afortunado, ya que hizo que Estados Unidos renunciase a una idea que estaban a punto de aprobar: la completa automatización -es decir, sin la intervención de personas- de la respuesta nuclear en caso de que se detectara un ataque soviético.

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