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    25 de julio de 2014
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El Perejil del Sahara

Angel Tafalla

Última actualización 24/12/2010@00:00:00 GMT+1
Los recientes y lamentables acontecimientos en El Aaiún y sus cercanías han desatado una ola de sentimientos entre nuestra opinión pública que puede llegar a oscurecer aun más el cómo proceder en el complicado y trágico proceso que está teniendo lugar en el Sahara Occidental.

Los recientes y lamentables acontecimientos en El Aaiún y sus cercanías han desatado una ola de sentimientos entre nuestra opinión pública que puede llegar a oscurecer aun más el cómo proceder en el complicado y trágico proceso que está teniendo lugar en el Sahara Occidental. Esta reacción emocional probablemente esté originada por una sensación de culpa y responsabilidad por la manera en que terminó nuestra presencia allí hace ya 35 años. Pero sin negar esto -el que tenemos ciertas responsabilidades en la actual situación de la población autóctona saharaui- es también evidente que otros organismos y naciones tienen tanta o más culpa en haber alcanzado el difícil trance en que estos se encuentran.

Tratar de esclarecer en sus justos términos la responsabilidad moral que nos es propia, en el contexto más amplio de las relaciones generales con Marruecos, es el quizá excesivamente ambicioso intento de estas líneas. No sé si acertare, pero al menos expongo mi punto de vista personal, sin más intención que tratar de defender nuestros intereses y a la vez buscar la mejor solución, de entre las factibles, para los saharauis que sufren por los errores y ambiciones de muchos, entre ellos los suyos propios.

La lista de responsabilidades en haber alcanzado el trágico punto actual es tan larga que sería imposible en los márgenes de un trabajo como el actual desarrollarla. Enunciemos pues alguna de ellas de manera telegráfica:

A España por cómo salió del territorio. A Marruecos por haber forzado una emigración para dificultar el referéndum de autodeterminación. A NNUU por nunca haber respaldado con acciones sus propósitos descolonizadores y haberse plegado a los intereses de las potencias. A Francia y a EEUU por haber buscado la estabilidad del régimen alauita sin consideración adicional alguna. A Argelia por haber tratado de salir al Atlántico e intentar debilitar a Marruecos. Y finalmente al Frente POLISARIO que atacándonos al comienzo de este infausto proceso, impidió una salida española digna que además habría sido acorde con los intereses saharauis a largo plazo.

Y si todos somos en parte culpables ¿por qué hay sectores de nuestra opinión pública que creen que por nuestro pecado original debemos pagar toda la factura de este desastre? Este empeño requeriría un peso internacional claramente superior al nuestro -especialmente a la vista de nuestra reciente política exterior- pues la entidad de los intereses globales en juego es enorme. Creo que aquí cada uno debería llevar la carga que le corresponde en este desdichado asunto y la nuestra podría ser, por ejemplo, la de conseguir garantías para la protección de los Derechos Humanos de la población original y sus descendientes. Conseguir esto de Marruecos, sin desestabilizar el régimen alauita es ya bastante difícil pero precisamente aquí es donde, a mi juicio, reside la base del problema.

A ningún país occidental en el presente contexto del conflicto general con el terrorismo yihadista le interesa desestabilizar la monarquía alauita, pues el régimen que previsiblemente le sustituiría sería mucho peor para nuestros intereses. EEUU y Francia, por solo citar dos de esas naciones interesadas, respaldan claramente la estabilidad del régimen actual marroquí. Pero es que ambas no tienen conflictos con Marruecos, así que para ellos es fácil esta postura, que pudiéramos denominar como de teleestabilidad. Pero España tiene con Marruecos los conflictos propios de los vecinos e incluso unos pocos más de lo que es normal: Ceuta y Melilla; la emigración ilegal; el trafico de drogas; la delimitación del Mar territorial y la Zona Económica Exclusiva; la pesca; y ahora, además, las autoimpuestas responsabilidades por el asunto del Sahara. Encontrar el punto justo de equilibrio entre la firmeza en defender estos intereses a la vez que no se desestabiliza el régimen alauita, es mucho más difícil que la práctica de la estrategia de teleestabilidad por parte de nuestros aliados, pero encontrar este equilibrio debería ser el objetivo de nuestra política con el vecino del sur. La estabilidad del régimen marroquí no debe conseguirse a costa de nuestros intereses.

Nuestra opinión pública está percibiendo en todo este asunto una falta de firmeza del Gobierno que evita a toda costa tener que actuar. Con ello surge inevitablemente la comparación con la conducta del Gobierno Aznar en el incidente de islote Perejil. Entonces la firmeza al emplear medios militares para evitar precedentes de fuerza por parte de Marruecos -y la operación tuvo mucho más alcance disuasorio que las conocidas acciones sobre el islote- se pudo compaginar con no desestabilizar la situación global. En ese sentido se podría considerar como un buen precedente de una hipotética postura ante el actual trance saharaui. Pero este precedente lo es solo por la firmeza y el equilibrio logrado y no por los medios empleados, pues bajo ningún concepto estoy sugiriendo utilizar ahora instrumentos militares. Habría que conseguir garantías para la población saharaui original -si es que este fuera nuestro objetivo- por otros procedimientos de presión y en este sentido cabe señalar que la misión de las NNUU, la MINURSO, es claramente mejorable en misión y medios.

Esperemos que nuestro Gobierno encuentre la medida exacta de nuestras responsabilidades ante los saharauis en el marco de una política racional y firme con Marruecos y consiga convencer a la vez a nuestra opinión pública de que ningún bando en esta tragedia es completamente malo ni inocente, y a nuestros aliados de que no debemos pagar nosotros solos la factura de la estabilidad en el Magreb.

 

*Ángel Tafalla es Almirante.
Ex Segundo Jefe del Estado Mayor de la Armada y
del Mando Marítimo OTAN de Europa Sur

Otros artículos del autor:

La emancipación de Navantia

Los programas militares y la política

China y los EEUU

Señales geopolíticas rusas

Saldos en la Armada

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