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    21 de noviembre de 2014

La moral militar

Francisco Gallego Aranda

El 4 de noviembre de 1576 los soldados españoles de los Tercios de Flandes, hartos de las penurias de una guerra sin fin y del olvido de su rey y de sus mandos que les adeudaban la paga desde hacia meses, iniciaron el saqueo de la ciudad de Amberes a la que asolaron durante tres días cobrándose así sus deudas en forma de botín de guerra.

El 4 de noviembre de 1576 los soldados españoles de los Tercios de Flandes, hartos de las penurias de una guerra sin fin y del olvido de su rey y de sus mandos que les adeudaban la paga desde hacia meses, iniciaron el saqueo de la ciudad de Amberes a la que asolaron durante tres días cobrándose así sus deudas en forma de botín de guerra.

Los soldados españoles no se sublevaron contra su rey ni contra sus jefes, no cometieron deserción ni traición, lo que no era infrecuente en los ejércitos de mercenarios de otras naciones cuando no se cumplía con ellos lo acordado. Lo que ahora llamaríamos crímenes de guerra pasaba por ser la forma de protesta menos lesiva en el cumplimiento de su deber y de esta manera daban debida cuenta de su malestar y se resarcían de su penuria económica. Una vez saldada la deuda volvían a la disciplina. Obviamente aquel sangriento saqueo sólo podía traer más odio y más almas sedientas de venganza, alimentando la leyenda negra española y complicando aún más una guerra que era la verdadera causa de los males de aquellos soldados. Pero aquello era demasiado difícil de comprender para las mentes desesperadas de aquellos hombres.

No es la única ocasión histórica en que los soldados españoles han ido a la guerra maltratados u olvidados por su patria. Es sabido que en Trafalgar los marinos españoles se hicieron a la mar sin confianza en su Jefe, con un aliado desleal, un objetivo incierto y …varias pagas atrasadas. Más recientemente en Cuba los soldados morían de enfermedades y pasaban hambre y al volver a su patria fueron abandonados y olvidados. En ninguno de estos casos se han producido motines, ni deserciones masivas, ni actos semejantes, pero la moral de los combatientes se ha visto severamente dañada y ello ha sido un factor más que ha contribuido a la derrota. Todos los grandes jefes militares han considerado la moral de su ejército un asunto de la máxima prioridad, tratando de alentarla y mantenerla, tanto por influir en su capacidad para obtener la victoria como por consolidar su propio liderazgo.

Hoy en día la moral del militar se puede medir mejor que en otros tiempos, y sin embargo no se valora debidamente. La ley de Carrera Militar ha producido un daño enorme en este sentido a pesar de que aparentemente no se perciba. La desaparición del elemento vocacional con la nueva enseñanza de Oficiales, ó la escasa relevancia que se da a las condecoraciones obtenidas por los soldados en combate en Afganistán, tampoco ayudan en este asunto. Los militares, como en otros tiempos, no van a rebelarse ni a desertar, tampoco van a responder con un saqueo criminal como en Amberes. Su única forma visible de protestar es el recurso administrativo, un medio poco visible y muy escasamente eficaz, pero que permite valorar el estado de la cuestión. Los miles de recursos (17.112 según el T.General Alejandre) resultan más que significativos en un colectivo muy poco proclive a las reivindicaciones y menos aún a las quejas. Dejando a un lado las virtudes y defectos de la ley, sobre la que me he despachado en otras ocasiones, y de la que no faltaran defensores pese a todo, de lo que no cabe duda ya es que su aplicación nada progresiva ha provocado un serio daño a la moral de los militares. Un daño cada vez más difícil de reparar y que a buen seguro tendrá consecuencias en la capacidad y operatividad real de las Fuerzas Armadas.

Se puede seguir ignorando esta realidad, como se ha hecho en otras ocasiones, pero no se podrá seguir hablando de motivación, ni de derechos de los militares con la más mínima credibilidad.

* Francisco José Gallego Aranda es Teniente de Navío
Licenciado en Derecho

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