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    25 de octubre de 2014

Un proyecto de Ley de Cultos levanta ampollas en Ecuador

Manuel González Peña

El presidente Correa sigue haciendo amigos. Desde hace unos meses circula por Internet un proyecto de “Ley de Orgánica de Profesión Religiosa y Ética Laica” (en sustitución de la vigente Ley de Cultos) elaborado por un miembro de su gobierno que ha sido rechazado por los responsables de las principales confesiones religiosas ecuatorianas.

El presidente Correa sigue haciendo amigos. Desde hace unos meses circula por Internet un proyecto de “Ley de Orgánica de Profesión Religiosa y Ética Laica” (en sustitución de la vigente Ley de Cultos) elaborado por un miembro de su gobierno que ha sido rechazado por los responsables de las principales confesiones religiosas ecuatorianas. El iluminado autor es Pablo Villagómez, subsecretario de la Cancillería para América del Norte y Europa, quien confiesa haberlo elaborado por su interés en la temática religiosa y sus relaciones con el estado.

Uno de los compromisos electorales de Correa es actualizar la vigente Ley de Cultos sobre la que se viene debatiendo en los medios políticos y religiosos ecuatorianos desde que en noviembre de 2.009 el gobierno promoviera la reforma con una primera reunión con representantes de las diferentes confesiones.

La evolución de las religiones en Ecuador es paralela a la del resto de Iberoamérica y así la Revolución Alfarista de 1.895 estableció el laicismo con una clara separación de iglesia y estado reteniendo el control de las instituciones católicas que funcionaban en el país. En 1.904 se estableció la Ley de Cultos que ponía serias dificultades al catolicismo imperante hasta que en 1.937 se acordó el Modus Vivendi (Concordato) con la Santa Sede en el que se restablecieron algunos de los antiguos privilegios de la Iglesia Católica. Entre tanto otras confesiones cristianas se habían ido asentando en el país, principalmente protestantes, llegando a hacerlo en forma masiva a partir de los años sesenta; en los años ochenta ingresan en Ecuador numerosas confesiones ajenas al cristianismo, especialmente procedentes de extremo y medio oriente. El año 2.000 se aprobó un reglamento que viene rigiendo en la práctica la libertad religiosa.

En la actualidad más de nueve millones de ecuatorianos confiesan profesar la religión católica (un 70 % de la población) que cuenta con más de 8.000 sacerdotes y religiosos atendiendo unas 1.200 parroquias, 1.500 centros educativos, 14 seminarios y 6 universidades. En total el número de organismos religiosos católicos con personalidad jurídica es de más de 400, con innumerables estaciones de radio y columnas fijas en medios de comunicación escritos.

Los protestantes superan los dos millones de fieles con cerca de 3.000 congregaciones locales, 225 centros de enseñanza, 17 seminarios y 2 universidades, con presencia en los medios de comunicación. En las comunidades indígenas tiene singular importancia la Federación Ecuatoriana Indígena Evangélica con más de un millón de feligreses. Otras confesiones religiosas son los judíos con unos 1.000 practicantes y los musulmanes que no llegan al millar.

Pues bien, contra todos ellos se lanza el señor Villagómez en un manifiesto en pro de “una verdadera profesión de fe civil” (sic) que defienda los principios de la ética laica entre los que cita nada menos que el logro de “una constitución cosmopolita, la lucha por la paz perpetua” entre otros no menos ambiciosos. Buena voluntad no le falta al señor Villagómez.

A lo largo de sus 99 largos artículos desarrolla su elaborada teoría de la libertad religiosa definiendo las creencias religiosas como “ideas abstractas acerca de los dioses” cuya práctica será siempre privada en tanto que “la profesión de los principios de la ética laica podrá realizarse en forma pública o privada”. El listado de prohibiciones es exhaustivo e incluye entre otras ejercer la libertad de enseñanza, la enseñanza religiosa (se creará la cátedra de “Historia crítica de las ideas religiosa”) la evangelización, la propaganda religiosa, la utilización del espacio público, vestir o portar símbolos propios de una religión fuera de los lugares de culto, así como los partidos o agrupaciones políticas cuya denominación haga referencia a cualquier creencia religiosa.

Se extiende en forma prolija en el tema de la enseñanza ya que para “la presente ley las niñas y los niños ante todo”.

Entre la novedades singulares prevé la creación de un “Observatorio del laicismo” que velará por la pureza de la fe civil y, como corolario al denominado derecho de apostasía, se creará un “Registro oficial de apóstatas” que supongo encabezará el iluminado Villagómez que ostenta el nombre de Pablo, el apóstol de los gentiles.
La contestación ha sido tan generalizada que el autor se ha visto obligado a confesar que “es una iniciativa ciento por ciento personal” sin que haya mediado ninguna indicación gubernamental para su elaboración y difusión, lo que no se puede creer ni el más ingenuo de los observadores; más bien parece un globo sonda para tantear a la opinión pública.

El más ácido de los críticos ha sido el líder evangelista F. Loor que calificó el proyecto como antirreligioso, que promueve el pensamiento ateo y restringe las libertades de culto y la fe, además de ser anticonstitucional; por su parte el presidente de la Conferencia Episcopal Ecuatoriana y Arzobispo de Guayaquil, monseñor Arregui, manifestó que “no debe preocupar a nadie porque literalmente todo el mundo tiene libertades de escribir lo que le parezca”. El presidente de la Asamblea Nacional F. Cordero ha manifestado estar en contra del citado proyecto de ley afirmando “No creo que el Presidente de la República vaya a firmar esta ley del señor subsecretario”. Algunos articulistas se preguntan qué será de la peregrinación de la Virgen del Cisne “La Churonita de Loja”, de las multitudinarias manifestaciones de fe que acompañan a la Virgen del Quinche en Quito, al Cristo del Consuelo en Guayaquil, a María Auxiliadora en Cuenca o a La Purísima en Macas.

Afortunadamente los casi 3.000 jóvenes ecuatorianos organizados en 80 grupos que asistieron hace unos días a la Jornada Mundial de la Juventud han regresado a sus lugares de origen con el esperanzador mensaje del Santo Padre Benedicto XVI: “No os dejéis intimidar por un entorno en el que se pretende excluir a Dios”.

* Manuel González Peña es Coronel de Infantería y ha sido
Agregado de Defensa en Colombia y Ecuador (1994-98)

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