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    20 de septiembre de 2014
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El código ético militar

Jesús Argumosa

Última actualización 27/11/2011@00:00:00 GMT+1
En el primer despertar de España hacia el exterior, en los tiempos de los Reyes Católicos y del Gran Capitán, el valor del soldado español, actuando en una diversidad de cometidos y territorios, fue reconocido unánimemente por todo el mundo. Era sobrio, resistente a la fatiga y a las privaciones, su fuerza se sustentaba en la tradición, la alta estima que tenía de su honor y sus deberes.

En el primer despertar de España hacia el exterior, en los tiempos de los Reyes Católicos y del Gran Capitán, el valor del soldado español, actuando en una diversidad de cometidos y territorios, fue reconocido unánimemente por todo el mundo. Era un soldado sobrio, resistente a la fatiga y a las privaciones, su fuerza se sustentaba en la tradición, la alta estima que tenía de su honor y de sus deberes.

Quinientos años después, desde el inicio de los años 90 del siglo pasado, más de 130.000 soldados y marineros españoles han participado en misiones en el exterior, dando muestras en todo momento de una actitud y comportamiento ejemplar sin haber protagonizado ningún hecho o incidente ilícito o censurable, distinguiéndose siempre por su disciplina, valor, prontitud en la obediencia y exactitud en el servicio, ateniéndose siempre a un estricto código ético militar, principalmente recogido en nuestras Reales Ordenanzas.

Históricamente se denominaba “ordenanzas” a un conjunto de normas que sistematizaban el régimen de los militares en sus variados aspectos. Con independencia del Código de las Siete Partidas de Alfonso X, del siglo XIII, especialmente la Partida Segunda, se considera como primera Ordenanza el “Discurso sobre la forma de reducir la disciplina militar a mejor y antiguo estado”, redactado en 1568 por el Maestre de Campo D. Sancho de Londoño por orden del Duque de Alba. En él se definen por primera vez los diferentes “grados y oficios de la milicia”, se señalan sus obligaciones y se fijan las penas en que incurren quienes las quebranten.

Después de la promulgación de varios tipos de Ordenanzas durante dos siglos, en el año 1768, se dictaron en el Ejército las Ordenanzas de Carlos III para el régimen, disciplina, subordinación y servicio de sus Ejércitos, de aplicación desde 1769 también a la Armada en lo que fuesen compatibles con las suyas propias. También fueron adoptadas por el Ejército del Aire desde su creación.

Almirante, a mediados del siglo XIX, manifestaba que la Ordenanza de 1768, en su parte esencial y elevada, era inmejorable, un verdadero monumento. Pero también era partidario de su reforma ya que en la profesión y en el Arte militar hay poco de inmutable, de permanente, de sagrado, y mucho de variable, pasajero y contingente. Afirmaba que el oficio militar forzosamente debía tener su propio código.

En los inicios de la etapa constituyente, y en lógica adaptación al cambio político y social que se estaba produciendo en España, se revisaron las antiguas ordenanzas dando lugar a la Promulgación de la Ley 85/1978, de 28 de diciembre, de Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas.

Hace apenas dos años, de acuerdo con lo previsto en la Ley Orgánica 5/2005, de 17 de noviembre, de la Defensa Nacional, y en la Ley 39/2007, de 19 de noviembre, de la Carrera Militar, se promulgó el Real Decreto 96/2009, de 6 de febrero, por el que se aprobaron las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, actualmente en vigor.

Según su Artículo 1, Las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, constituyen el código de conducta de los militares, definen los principios éticos y las reglas de comportamiento de acuerdo con la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico. Sirven de guía a todos los militares para fomentar y exigir el exacto cumplimiento del deber, inspirado en el amor a España, y en el honor, disciplina y valor.

Como complemento a estas Reales Ordenanzas, se ha promulgado la Ley Orgánica 9/2011, de 27 de julio, de Derechos y Deberes de las Fuerzas Armadas, con objeto de regular el ejercicio, por los miembros de las Fuerzas Armadas, de los derechos fundamentales y libertades públicas establecidos en la Constitución, con las peculiaridades derivadas de su estatuto y condición de militar y de las exigencias de la seguridad y defensa nacional. También incluye sus derechos y deberes de carácter profesional y los derechos de protección social junto con la creación del Observatorio de la vida militar.

Por último, para dar continuidad y completar el ordenamiento legislativo en relación con el oficio militar, está previsto, por un lado, una reforma de la Ley Orgánica 8/1998, de 2 de diciembre, de Régimen Disciplinario de las Fuerzas Armadas, que tendrá en cuenta la doctrina del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, del Tribunal Constitucional y del Tribunal Supremo sobre derechos y garantías fundamentales en el ejercicio de la potestad disciplinaria en el ámbito militar, con objeto de incorporar los cambios necesarios para su adaptación tanto a la Ley Orgánica 5/2005 como a la Ley Orgánica 9/2011 y, por otro, la actualización de la Ley Orgánica 13/1985, de 9 de diciembre, del Código Penal Militar, para realizar las necesarias adaptaciones de las leyes procesales militares.
Con todo este Cuerpo normativo, que constituye nuestro código ético militar, los militares españoles, como depositarios de las grandes gestas y hazañas de nuestra historia, iniciadas por aquellos soldados del Gran Capitán, de cuyas virtudes y cualidades, somos herederos, y que dieron la mayor gloria y esplendor a España, y continuadas por nuestro gloriosa tradición militar en hechos tan relevantes como Lepanto, Pavía o Bailén, seguiremos prestando el mejor servicio a España dando así pleno contenido a lo indicado en el Artículo 19 de nuestras vigentes Reales Ordenanzas:

Ejercerá su profesión con dedicación y espíritu de sacrificio, subordinando la honrada ambición profesional a la íntima satisfacción del deber cumplido. Deberá tener amor al servicio y constante deseo de ser empleado en las ocasiones de mayor riesgo y fatiga.

Con este código ético, nuestras Fuerzas Armadas que, como todas las del mundo occidental están integradas por hombres fundamentalmente libres y comprometidos por su propia voluntad con la defensa de la sociedad y sus valores, permiten que España, con más de 3.000 efectivos desplegados, de forma permanente, en varios escenarios mundiales, desde Afganistán a Líbano pasando por Libia, el océano Índico o Somalia, sea un importante generador y proveedor de seguridad de la comunidad internacional. Estos logros, valores y atributos conforman una parte central de la “marca España”, que nuestro país muestra orgulloso ante el mundo.

*Jesús Rafael Argumosa es General de División
Ex- Jefe de la Escuela de Altos Estudios de la Defensa (EALEDE) del CESEDEN.
Como General de Brigada fue Jefe de la División de Estrategia y Cooperación Militar del EMACON.

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