cabecera

    2 de septiembre de 2014
1/1

El perfil del ministro de Defensa

Juan Narro

Última actualización 23/12/2011@00:00:00 GMT+1
El cambio de legislatura invita a comentar el perfil deseable de un ministro de Defensa, teniendo en cuenta los antecedentes de los sucesivos ministros que han ocupado esta cartera desde la Transición.

El cambio de legislatura invita a comentar el perfil deseable de un ministro de Defensa, teniendo en cuenta los antecedentes de los sucesivos ministros que han ocupado esta cartera desde la Transición.

El filósofo José Antonio Marina, contestando a la pregunta ¿pero qué hay que saber para ser ministro?, identificaba tres posibles modos de gestionar un ministerio: el empresarial, el ideológico y el tecnócrata.

En el caso concreto del Ministerio de Defensa hay además algunas peculiaridades que convendría considerar. Y vaya por delante la dificultad de una designación sometida a los numerosos condicionantes políticos que lleva consigo la formación de un gabinete con el correspondiente reparto de poderes, tendencias, cuotas, familias, etc. Pero el eficaz funcionamiento del Ministerio y de la Institución Militar requiere ciertas cualidades que específicamente debería tener un ministro/ministra de Defensa.

Defensa es un ministerio peculiar, con notables diferencias con los demás: tiene gran visibilidad internacional, cuenta con una amplia plantilla de un personal muy especializado y sometido a un régimen especial y a exigencias y limitaciones muy superiores al resto de sus conciudadanos, es de los pocos departamentos de ámbito exclusivamente nacional y gestiona un presupuesto importante con notable impacto en la investigación y el tejido industrial y productivo.

El ministro, ante todo y como requisito imprescindible, debe tener credibilidad ante unos subordinados que valoran el liderazgo, lo que implica su disposición a servir el cargo y no a servirse de él como escaparate mediático, que de todo ha habido, y además que, en justa reciprocidad a la lealtad de estos subordinados, les escuche y respete en la medida de lo posible, lo que no ha sido siempre el caso.

Volviendo a los “modelos” de José Antonio Marina el modo ideológico, o al menos su influencia, es inevitable ya que la política es en última instancia la responsable del ministerio; pero debería incidir lo menos posible al tratarse de una institución del estado, cuyos objetivos se plantean siempre a medio y largo plazo y que debería estar al margen de intereses partidistas. En especial habría que ser prudente en los nombramientos de cierto nivel, evitando con ello politizar de alguna manera a los cuadros de mando y en particular el generalato.

El modo tecnócrata, conocer bien los asuntos militares, no es imprescindible, al contar con el apoyo habitual de unos asesores militares que le van a servir con lealtad y, como concluye Marina en su artículo, “en realidad la inteligencia del político consiste en hacer inteligentemente cosas que desconoce”. Además es muy difícil tener una experiencia previa en temas militares, pues ha habido poca cultura de defensa en España, y los miembros de las comisiones de defensa que sí la tenían, en ningún caso han ocupado luego esta cartera.

El modo empresarial es muy importante .El conocimiento de las organizaciones, los conceptos de dirección/management, planes, objetivos, política de personal, son herramientas básicas para gestionar una “empresa” tan compleja como la institución militar. No se puede dirigir el ministerio con clichés anticuados de mando autoritario sobre una institución que hace tiempo asumió los modernos conceptos de liderazgo.

Además, la importancia de los grandes programas de material y su incidencia en la industria nacional aconsejan una cierta experiencia en el campo industrial, y en especial del tejido español, sus posibilidades y limitaciones. De otro modo le será difícil la toma de decisiones en los grandes programas donde la presión de los ejércitos, y de los grupos industriales nacionales e internacionales será muy grande.

Y dada la proyección exterior del ministro y su repetida asistencia a reuniones internacionales, un cierto dominio del inglés es imprescindible, pues es muy diferente la eficacia y capacidad de maniobra de los contactos personales directos que la limitación a través de intérpretes.

Por ello sería deseable que todas, o al menos alguna de estas últimas características, experiencia empresarial, experiencia industrial e inglés, adornasen al ministro de Defensa. Con este perfil se tendrían las aptitudes básicas para hacer un buen papel como cabeza del Ministerio ante la opinión pública y ante la Institución Militar. El perfil de los ministros de la democracia raramente ha seguido estos parámetros hasta la fecha. Y cuanto menor sea su peso político tanto más fácil le será buscar consensos, hacer política de estado, y evitar decisiones condicionadas por políticas “localistas”, como el mantenimiento de un Regimiento que había que suprimir o la creación de una industria de defensa donde no existía ningún tejido industrial previo.

Defensa es engañosa. Se puede hacer bien aparentemente. La parte militar está acostumbrada a cumplir sus cometidos de la mejor forma posible en función de los medios de que disponga y, si no hay algún accidente extraño, todo irá bien y la opinión pública tendrá una buena imagen del ministro.

Pero en un análisis más profundo, con esto no basta. Mucho más importante que gestionar el día a día es diseñar el futuro. Defensa necesita una revisión en profundidad, a largo plazo, con importantes cambios de mentalidad y organización que pasan inevitablemente por superar tradiciones y particularismos de los ejércitos, potenciando el papel del Estado Mayor de la Defensa, con el JEMAD a la cabeza, sobre los cuarteles generales de los ejércitos, y profundizando decididamente por el camino ya iniciado de la integración de las Fuerzas Armadas.

Para ello es necesario un ministro/ministra con visión y fuerte personalidad. La primera para definir unos objetivos claros hacia la integración, la segunda para hacer frente a las fuertes presiones y contestación que los cambios van a levantar en los ejércitos, lobbies y medios afines, y en las industrias que les apoyan. Dado que esto supone impopularidad y planear para plazos más largos que los habituales de un político, es difícil llevar a cabo esta reforma tan imprescindible y que lleva años esperando. Pero lo cierto es que España dedica a Defensa recursos que, en mi opinión, pueden ser suficientes pero que deben ser invertidos de forma mucho más eficiente. Y eso pasa inexorablemente por una estructura de los ejércitos mucho más conjunta, integrada y transparente y un órgano central adecuado a esa estructura.

*Juan Narro es teniente general.
Fue Comandante del Cuartel General
de Retamares 1999-2003

Otros artículos del autor

El cambio del toque de oración en el acto de homenaje a la bandera

La preocupante deriva de la seguridad aérea

Retamares ¡¡12 años a pesar de todo!!

La Cumbre de la OTAN y el Cuartel General de Retamares

Sobre la seguridad aérea


¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(0)
1/1
Compartir en Meneame

¿Qué opinas?



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de One Magazine
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.
  • Tu dirección de email no será publicada.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.

Portada | Hemeroteca | Búsquedas | [ RSS - XML ] | Política de cookies
One Magazine - Seguridad Nacional Contacto
Cibeles.net, Soluciones Web, Gestor de Contenidos, Gestor PDF Digital EditMaker 7.2.0.2