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    18 de diciembre de 2014

La enseñanza militar de formación de oficiales en la ley de la carrera militar

José Ángel Armada Sarría

Sin razón aparente se cambió totalmente la formación de nuestros oficiales y, a simple vista el cambio ha sido en perjuicio de su formación militar.

La Ley de la Carrera Militar trata fundamentalmente de regular el tratamiento del personal militar (escalas, clasificaciones, evaluaciones, situaciones, etc), y de la Enseñanza Militar. Sobre el primer asunto no voy a extenderme, pues hablan por sí solos los miles de recursos presentados contra la integración de escalas, los cursos de adaptación, etc. Se puede decir que el resultado es terrible en cuanto al daño personal causado, al ambiente creado que, lógicamente, repercute en la moral y a los resultados habidos y los que, previsiblemente, producirá.

Aunque nunca se deben hacer juicios de intenciones, dada la repercusión de esta ley en las FAS, es inevitable recordar el famoso Programa 2000 del Partido Socialista, en el que se fijaba la conveniencia de que la carrera militar pasara de ser vocacional a ocupacional, con todo lo que ello supone.

Pero dada mi experiencia como Jefe de Estudios y posteriormente como Director de la Academia de Infantería, quiero ceñirme al tratamiento que la ley da a la Enseñanza Militar de Formación de Oficiales de Ejército de Tierra.

La Enseñanza Militar Superior de Formación

Como es sabido, respecto al Ejército de Tierra, la Enseñanza Militar Superior de Formación, antes de esta ley, abarcaba cinco años, de los cuales tres se cursaban en la Academia General Militar y los dos últimos en las Academias Especiales de las Armas.

Este esquema ha sido cambiado por esta ley totalmente. El nuevo esquema establece cuatro cursos en la Academia General Militar cursando en un Centro Universitario de Defensa un grado de Ingeniería de Organización Industrial. Cada uno de estos cursos contiene una serie de enseñanzas militares( teóricas y prácticas) cursadas en la misma Academia. Finalizados estos cursos el plan de estudios contempla un quinto curso de enseñanza militar pura relativa a la especialidad fundamental elegida por el alumno.

Por otra parte, se ha suprimido la oposición para el ingreso, al que se accede, como en la Universidad, con la nota de la selectividad y bachillerato y unas pruebas de reconocimiento médico, pruebas físicas, nivel de inglés y psicotécnico. Mucho se ha discutido sobre la conveniencia de las oposiciones, pero no cabe duda de que constituyen un instrumento para probar la vocación del aspirante previniendo futuras frustraciones como las que han sucedido. Además este sistema consagra la carrera militar como la única que da acceso a los cuerpos superiores de la Administración sin oposición seria.

Desde que tuve conocimiento de la preparación del proyecto de esta ley que consagraría este esquema, empecé a interesarme por las razones que podrían justificar tan drástico cambio. Así en artículo 43 se expresa la finalidad de la enseñanza en las FAS y no aparece ningún fin de los expuestos que requiera para su consecución título de grado universitario alguno. Además el artículo 44 expresa también la finalidad de la formación de oficiales, y sólo se refiere, como es lógico, a lo específicamente militar.

Pedí audiencias, pregunté en el origen del proyecto, indagué siempre con una pregunta muy simple:¿Qué aporta a la formación de un oficial la obtención imprescindible de un grado de ingeniero de organización industrial? Por supuesto que todo aumento de conocimientos es provechoso, pero ¿Por qué se debería llevar a cabo precisamente en la formación y no después, en otro momento de la carrera del oficial ya formado?

Las respuestas que obtuve no fueron satisfactorias. Nadie sensato puede pensar que la obtención de un grado universitario puede servir para aligerar las escalas, cuando lo normal es que se pudiera ejercer después de unos 13 ó 14 años dedicados exclusivamente a la milicia en los empleos de teniente y capitán. Otro argumento utilizado es la famosa comparación con los Ejércitos de otras naciones. Considero que extraer fuera del conjunto medidas y recetas puntuales tomadas por otros no es bueno y además estando en la Academia de Infantería como Director he podido comprobar ,con ocasión de las visitas de numerosos Directores de Academias de ejércitos extranjeros, su envidia respecto de nuestro plan de estudios.

Peor es otro argumento dado por una autoridad civil del Ministerio de Defensa del anterior Gobierno que consideraba que la finalidad de la exigencia del grado universitario era dar prestigio a la carrera militar. Más vale no comentar esta “boutade”.

También se trata de achacar el cambio a los acuerdos de Bolonia argumentando que, por fin, la carrera militar tendrá equiparación a las carreras universitarias superiores. Sin embargo la realidad es que esa equiparación ya existía y todos conocemos compañeros que han accedido a diversos doctorados sin ninguna dificultad.
Pero es que ni siquiera en el Preámbulo de la ley se puede encontrar ninguna justificación.

El caso es que sin razón aparente, (la sabrá el legislador), se cambió totalmente la formación de nuestros oficiales y que a simple vista el cambio ha sido en perjuicio de su formación militar, pues si con el mismo número de cursos tienen que hacer dos carreras, no cabe duda de que se hará a costa de la militar.

Por tanto mientras no exista una justificación clara para el cambio se debe negar la mayor, y si los creadores del cambio no son capaces de hacer público las razones del mismo no hay más remedio que sospechar lo peor.
Esta ignorancia de las verdaderas razones, nos lleva a considerar que supone, por lo menos, un verdadero menosprecio para la carrera militar, siendo curioso que sea la única carrera que para conseguir su título tenga, por obligación y en el tiempo de formación, que obtener el de otra diferente.

Por supuesto que una vez aprobada la ley, apoyo con todas mis fuerzas la línea seguida por el Ejército de hacer todo lo posible para sacar el mayor rendimiento a esta desgraciada ley en beneficio de la formación de nuestros oficiales. Pero también es verdad que esta posición no nos debe hacer olvidar que la ley es muy mala y que se debería cambiar como dice el programa del Partido Popular.

Los tímidos defensores del nuevo sistema descienden a contar los créditos de las asignaturas para comparar este modelo con el anterior de 1992. Bien, cuando el propio General Gan, Director de la Academia General Militar, expresa en sus artículos publicados en las revistas Atenea y Ejército que “ un descenso más notable se observa en Instrucción y Adiestramiento...lo que obligará a hacer un esfuerzo adicional” , que “observándose una pérdida mayor en las materias asociadas a la formación general militar”, y que “no creo conveniente hacer juicios de valor acerca de la mejor o peor preparación en determinados ámbitos de la formación hasta que el producto final haya sido validado en las Unidades de destino; estamos hablando de unos siete años a partir de hoy (octubre 2010) “, se podría pensar que los experimentos sólo deben hacerse con gaseosa.

En fin, la demostración de lo dicho se refleja en la Directiva 06/10 “Reestructuración de los Centros Docentes Militares del ET. “, que en su apartado 4/ reconoce que será preciso reducir los tiempos de Instrucción y Adiestramiento para lo que deben “aumentarse las acciones formativas posteriores al egreso de la Academia”. Es decir que después de los cinco cursos de formación, los oficiales necesitarán seguir con acciones para su formación, no para su perfeccionamiento.

En este sentido, el problema existe y consiste en que muchos compañeros juzgan la enseñanza militar por la recibida por ellos, sin darse cuenta de los profundos cambios y puesta al día en todos los órdenes que ha experimentado.

También existe lo que podríamos llamar el síndrome civil. Por las informaciones de nuestros hijos que asisten o han asistido a la Universidad y por mi experiencia en mis contactos con ella durante mi etapa de Director de la Academia de Infantería, nunca me he explicado esa especie de complejo que algunos de nuestros compañeros padecen respecto a la Universidad actual. Creo sinceramente que ese complejo no tiene razón de ser y si existiera debería ser precisamente en sentido contrario.

Hasta el General Gan al juzgar los resultados del primer curso del nuevo modelo toma como parámetros los de la Universidad y ante un 27% de bajas y un 16% de repetidores, se felicita por considerar que son cifras que se sitúan por debajo de las registradas en primer curso de cualquiera de las ingenierías. Por ningún concepto considero asumible la comparación. Ni nuestros cadetes tienen el mismo régimen de vida y estudio que los universitarios, ni el número de los componentes de las promociones, que en nuestro caso viene dado por las necesidades del Ejército, tiene que ver con las previsiones que pueden hacer las diferentes universidades sobre las necesidades de ingenieros en España.

Pero lo verdaderamente curioso es que, en su último artículo en la revista Ejército del mes de diciembre pasado, el General de la AGM, exponga que la oposición al nuevo modelo proviene de “la falta de comunicación ,información y añoranza del tiempo pasado”, y que encabece su artículo con una cita de Anatole France:”Todos los cambios los más ansiados, llevan consigo cierta melancolía”. Se olvida el General de presentar ,en todos sus artículos ,un solo argumento válido que justifique tan drástico cambio y, por otra parte, insinúa que este cambio era ansiado por el Ejército, cuando consta la oposición ,en su momento, del Mando militar.

No cabe duda de que la derogación de esta nefasta ley es difícil, pero, sin embargo, es muy factible su reforma. En el aspecto de la Enseñanza de Formación de la escala de oficiales, sería necesario estudiar a fondo su reforma para conseguir el asegurar el nivel adecuado de su formación militar, tanto general como específica. En ese sentido se podría llegar a establecer, como se propuso en círculos universitarios de Zaragoza, un grado de Seguridad y Defensa, concertado con la Universidad, como una carrera universitaria más, lo que salvaría las dificultades que ha presentado el Consejo General de Ingenieros Industriales, en cuanto a colegiar a nuestros oficiales.

No quiero terminar sin alabar y apoyar a nuestros compañeros en su ingrata tarea de “hacer de la necesidad, virtud”, y tratar con todas sus fuerzas de controlar los daños y sacar el máximo provecho de esta nefasta ley.

Deseo y espero que el Partido Popular ,además de cumplir su programa electoral, oiga el clamor que existe en el Ejército para REFORMAR la Ley de la Carrera Militar.

* José Ángel Armada Sarría es general de brigada y
ha sido director de la Academia de Infantería

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