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    29 de agosto de 2014
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La nueva formación de oficiales y una pertenencia a la Institución “de por vida” difícil de mantener

Juan Narro

Última actualización 08/03/2012@00:00:00 GMT+1
En mi generación, y desde el siglo XIX, el oficial ha estado totalmente  vinculado a la Institución, prácticamente de por vida, en una  profesión, la militar, que ha sido siempre vocacional.

En mi generación, y desde el siglo XIX, el oficial ha estado totalmente vinculado a la Institución, prácticamente de por vida, en una profesión, la militar, que ha sido siempre vocacional. Lo que tiene sus virtudes pero que ha planteado problemas de escalas de difícil solución. El principal, tener que mantener una pirámide que permitiese ascender a los empleos inferiores, sin crear una macrocefalia en los empleos superiores. El problema de excedentes de escalas se planteó al terminar la Guerra de Cuba, la de África, la Civil y prácticamente ha seguido hasta nuestros días con las sucesivas reducciones de plantillas. Ninguna de las soluciones, como el pase a destinos civiles, la frustrante “jubilación anticipada”, con el pase a la reserva para los coroneles/capitanes de navío en la cincuentena, o una escasa recolocación en industrias de defensa han resuelto el problema, amén de lastrar la partida de gastos de personal, de Hacienda o del Ministerio de Defensa, en detrimento de los gastos de inversión y funcionamiento. Y la difícil situación económica en la que se encuentra España no va a ayudar a resolver el problema.

Por lo tanto, una pirámide de escalas que cada día va a ser probablemente más aguda, en la que los futuros tenientes/alféreces de navío difícilmente podrán llegar al empleo de coronel /capitán de navío incluso de teniente coronel, obliga a replantear el problema. La Institución ya no va a poder garantizar esa permanencia “de por vida”. La solución, practicada por otros, es preparar al oficial cuyas expectativas de carrera vea que son inciertas (por múltiples razones, su preparación, cualidades, suerte, destinos….) para que pueda estar en condiciones de dejar las Fuerzas Armadas y buscar una ocupación en la vida civil con un nivel de formación adecuado. Si la gran mayoría de oficiales sigue sintiendo inicialmente su profesión como vocacional, un futuro más incierto en su carrera puede empujarles en un momento dado a prepararse para tomar otras vías si fuera necesario, y es de justicia ofrecerles alguna solución.

En los numerosos comentarios a los artículos de los generales García González y Armada se destacan principalmente dos preocupaciones, la posible deficiencia en la formación militar, y una carga lectiva para el cadete que algunos consideran abrumadora.

Creo que lo más complicado es lo segundo, conseguir un adecuado equilibrio entre las materias comunes, “de doble uso”, y las específicamente militares, y que la suma de ambas no suponga una carga inasumible para algunos. Una solución, más flexible, sería no condicionar el despacho de teniente /alférez de navío, a completar también el título de ingeniería. Desconozco la utilidad futura de éste, pero lo importante son los créditos de las materias comunes, claramente reconocidos e integrados en el sistema educativo nacional y europeo, y que permitirán al oficial que quiera abandonar las Fuerzas Armadas complementarlos con otros créditos para conseguir la titulación que le interese, y al que pueda continuar su carrera militar, ampliar sus horizontes personales .Con exigir un número determinado de créditos debería ser suficiente para no hipotecar el ascenso a teniente, ya que no hay que perder de vista el objetivo fundamental, formar oficiales que puedan alcanzar los más altos niveles de la Institución, lo otro es solo una solución alternativa.

El problema de una deficiente formación moral y militar, con ser el más importante, tiene a mi juicio una solución más fácil. La calidad del profesorado de las escuelas y academias de Zaragoza, Marín y San Javier garantiza que, a lo largo de cinco años, los cadetes puedan recibir una formación adecuada. Por ejemplo, los cadetes del Ejército de Tierra británico solo cursan un año de academia en Shandurst, y los que hemos convivido con ellos en misiones en el exterior, y los que tuve a mis órdenes en Retamares no desmerecían de los nuestros. Entre un año y cinco hay un amplio margen.

Además, la forja del espíritu y la formación militar se hace inicialmente en la Academia, pero siendo muy importante esta fase, es parte integrante de un proceso continuo de formación donde influyen otros factores como la formación posterior en las unidades (un buen capitán es la mejor de las escuelas), los primeros años de vida militar, el espíritu de cuerpo, la “memoria colectiva” de los antiguos y de los compañeros, la participación en operaciones y ejercicios, cursos, etc.

*Juan Narro es teniente general.
Fue Comandante del Cuartel General
de Retamares 1999-2003

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