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    23 de noviembre de 2014

Revuelo en la enseñanza superior militar

Santiago Ávila

La formación militar ha devenido hasta un sistema en el que se hace énfasis especial en la formación técnica, con la formación militar supeditada a la consecución del grado en ingeniería y un último año, ¿intensivo? en competencias militares.

El presente ensayo nace como consecuencia del fuerte debate alimentado por dos artículos publicados en Atenea digital, titulado el primero "La enseñanza militar de formación de oficiales en la ley de la carrera militar", de José Ángel Armada Sarriá, jueves, 02 de febrero de 2012, llevando por nombre el segundo "Los nuevos cadetes de la Academia General Militar", de José Antonio García González, lunes, 30 de enero de 2012, siendo muy crítico el primero y complaciente el segundo en relación al actual y fuertemente rechazado, en el seno de las FAS, plan de estudios de la Enseñanza Superior Militar.

La formación militar ha devenido desde un sistema en el que a lo largo de cinco cursos prevalecía la formación militar, (carácter y competencias militares) con apoyos en la formación de naturaleza técnico-científica, hasta un sistema en el que se hace énfasis especial en la formación técnica (ingeniería en organización), con la formación militar supeditada a la consecución del grado en ingeniería y un último año, ¿intensivo? en competencias militares

Alineamiento

Stephen Covey en su obra "Primero lo primero" nos invita a reflexionar sobre la idea de que hay que cambiar el reloj, la agenda -en definitiva la urgencia en la administración del tiempo- por una brújula. No se trata tanto de hacer cuanto más mejor como de hacer lo que se debe.

Hacerlo implícitamente supone definir una misión para, a continuación, centrar todos los esfuerzos en su consecución; sin alineamiento difícilmente será posible.

En el mundo del management, de forma recurrente se alude al término en cuestión, los departamentos de toda empresa deben estar alineados para propiciar una respuesta unitaria, sin fisuras, es un "todos a una", propiciado por una meta, objetivos y cultura comunes.

Es el final como misión el que obra como guía y referencia; requiere congruencia, esto es, que los esfuerzos y el logro de etapas intermedias estén siempre centrados y alineados en la consecución del objetivo último o misión.

Los ejércitos de España

Su razón de ser es garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional; el uso de la fuerza queda subordinado a la autoridad civil pero, una vez resuelto su empleo, el Ejército adquiere carta de naturaleza en el empleo de la violencia.

Consecuentemente, los actuales cadetes de las academias militares, oficiales y generales futuros, se deben formar para emplearse en el combate, si fuera necesario, durante sus primeros años; con posterioridad, y previo proceso de selección y formación, desempeñar cometidos de orden superior dentro del estamento castrense.

Misión del oficial

Dentro del marco anterior, el cadete debe recibir formación principal y fundamentalmente para el combate, sin olvidar que una deficiencia formativa en sus primeros años difícilmente podría ser compensada con posterioridad cuando trate de enfrentarse con cometidos de mayor responsabilidad. Consecuentemente, teniendo definido el objetivo y estando alineados con él, su formación deberá de forma inexorable ser congruente con el mismo, esto es, formar para el combate.

Problemas operativizables y no operativizables

El ser humano y el militar como tal se enfrenta a dos tipos de problemas:

Problemas de índole operativizable; son aquellos en los que debe manejar variables cuantificables, predecibles y por tanto formulables; son irremediablemente deterministas. Consecuentemente, teniendo el conocimiento y destreza suficientes y aplicando las recetas oportunas encontrarán la solución adecuada; es más, dos individuos retados por el mismo problema y con el mismo nivel de conocimiento llegarán al mismo resultado.
Cálculo, física, dirección de tiro, topografía, gramática, informática, encriptación, etc., son problemas de esta índole; en ellos el hombre se enfrenta a sí mismo, esto es, contra sus habilidades y conocimientos puesto que el oponente, el problema, carece de voluntad propia.

Problemas de índole no operativizable; en ellos no existe fórmula alguna, la expertise se basa en el conocimiento y habilidad en la aplicación de grandes criterios.

La jefatura, el liderazgo, la negociación, el trabajo en equipo, la dirección de una unidad en el combate, etc., forman parte de lo no operativizable; en ellos el hombre se enfrenta a otro ser humano en toda su complejidad.

La formación del oficial

El oficial como futuro conductor de hombres debe basar su liderazgo en los dos pilares fundamentales del mismo, carácter y competencia. La competencia se concreta con la adquisición de la destreza suficiente en la resolución de los dos tipos de problemas antes enunciados. ¿Y el carácter? ¿En qué facultad se enseña el carácter? Los centros militares son los únicos en los que se ha trabajado con excelencia en el mismo.

El ejemplo, el sacrificio, la voluntad, el compañerismo, la disciplina, la renuncia, la dignidad, el buen trato, el coraje, la paciencia y un sinfín de valores propios de la institución deben ser alimentados de forma consistente desde el primer día. Nadie en su sano juicio puede pensar que en el último año de carrera se hace un curso intensivo de carácter y asunto arreglado.

Tratar de forma congruente la formación de los futuros oficiales consiste en definir el carácter, competencias y habilidades necesarias para el combate, rodearlas de conocimientos culturales (técnicos, científicos y culturales propiamente dichos) fuertemente asentados, para propiciar un crecimiento posterior cuando, con ocasión del paso de los años y consecuente acumulación de experiencia, pueda desempeñar labores del más alto nivel en el seno de las Fuerzas Armadas.

Crítica

Llegado a Afganistán nuestro joven oficial, ¿de qué le va a servir su formación no suficientemente alineada con el combate? Lo realmente importante no consiste tanto en que para finalizar la carrera militar se tenga que cursar otra (que lo es y menudo despropósito), sino que no posibilita una adecuada dirección de su unidad. ¡Por favor! ¡Que hemos puesto la vida de muchos hombres en sus manos!

Resultaría cuando menos kafkiano contemplar a un joven cirujano enfrentado a la mesa de operaciones (no me gustaría yacer en la misma) con una relevante formación emocional (grado en sicología) y una pericia técnica adquirida en el último tramo de carrera.

¿A santo de qué un oficial necesita un grado en ingeniería? Pero, ¿algún incauto piensa que si nuestro joven oficial abandona las Fuerzas Armadas a los diez o quince años de ejercicio profesional, su candidatura va a resultar más atractiva en el mundo de la empresa como consecuencia de poseer un grado en ingeniería? Tal pudiera pensar un político ajeno, por puro desconocimiento, al mundo de la empresa.
También cabe otra hipótesis; la clase política, extraña al sentir de la milicia y sus valores, de forma deliberada ha tratado de transitar hacia un Ejército sin alma, sin pasado, en definitiva ha tratado de desnaturalizar la Institución Militar.

Más crítica

¿Hasta dónde debe llegar el político en su mandato? ¿Es lícito que entre en el corazón de la Institución, diseñando de espaldas a la misma?

Un aforismo ampliamente extendido en el mundo liberal es aquel que dice que el estado no debe llegar allí donde lo pueda hacer la iniciativa privada. En el mundo de la empresa las decisiones deben tomarse en el nivel más elemental posible; de la misma forma, por economía de medios, disponibilidad de tiempo (procurar tiempo al más alto nivel, para los asuntos que le son propios) y mayor conocimiento, el político no debiera entrar en definir lo que es extraño a su condición; el político gobierna, el militar dirige; consecuentemente, no puede tomar como propio lo que le es ajeno.

El político, por su condición, debe tener vedada la posibilidad de interferir en los programas formativos de la milicia (aspectos puramente técnicos) así como tratar de cortar el hilo umbilical con nuestra historia y pasado (aspectos emocionales, de carácter). Las tradiciones fuertemente arraigadas en la Institución Militar no son un inconveniente en la evolución de los Ejércitos. ¿Acaso el ejército de los EEUU es sospechoso de falto de modernidad cuando busca raíces en su 7º de Caballería? Muy pocos ajenos al sentir de la milicia son conscientes de la importancia del peso de la historia en nuestros militares, peso reflejado con toda contundencia en el siguiente interrogante del militar:

¿Cómo voy a defraudar a tantos y tantos pretéritos valientes que se enfrentaron y encararon la muerte con coraje y dignidad supremas?

*Santiago Ávila es experto en liderazgo

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