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    25 de abril de 2014
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Centroamérica: una región dividida

Roberto Cajina

Última actualización 14/03/2012@00:00:00 GMT+1
Contrario a lo que se piensa, o pudiera pensarse, Centroamérica no es una región homogénea; al contrario, es acentuadamente heterogénea.

Contrario a lo que se piensa, o pudiera pensarse, Centroamérica no es una región homogénea; al contrario, es acentuadamente heterogénea —toda una auténtica y singular mélange—, tanto así que, sin temor a equivocación, es correcto hablar de la existencia de varias “centroaméricas”, todo depende del ángulo desde el que se la vea y con qué fines. A partir de la independencia del Imperio Colonial Español, cuando surge la Centroamérica “original”: Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, en 1821, se han sucedido desarrollos que han ido diferenciando a las unidades políticas que se distribuyen en la angosta franja de tierra que se extiende de la frontera Sur de México hasta la Norte de Colombia.

Desde la ruptura del Pacto Colonial a la fecha, han transcurrido dos siglos de infructuosos esfuerzos unitarios. El más reciente, el Sistema de la Integración Centroamericano, SICA, surge del Protocolo de Tegucigalpa a la Carta de la Organización de Estados Centroamericanos (13 de diciembre de 1991), y después de más de dos décadas continúa atrapada en una gravosa, creciente e ineficiente burocracia comunitaria y la tupida telaraña de una retórica ampulosa e interminables cumbres presidenciales, que usualmente concluyen con declaraciones cargadas de buenas intensiones, pero de poco o ningún beneficio para los centroamericanos.

La muestra más reciente de esa inoperante y costosa burocracia comunitaria es la Conferencia Internacional de Apoyo a la Estrategia Regional de Centroamérica, celebrada en Guatemala el 22 y 23 de junio de 2011, en la que se consiguieron US$ 2.000 millones —80 por ciento en préstamos, el resto en transferencias— para desarrollar 22 “proyectos estratégicos”. El 17 de noviembre de ese año el Secretario General del SICA, en su discurso ante la Tercera Reunión de Responsables de Seguridad Pública de las Américas, presentó, como “avance”, que una semana antes la Comisión de Seguridad de Centroamérica había “validado” esos 22 proyectos e identificado “ocho con los que se iniciará la negociación con el Grupo de Países y organismos internacionales cooperantes”. Resulta inconcebible que se hayan tomado cinco meses para “validar” e “identificar” proyectos ya formulados y aprobados, cuya ejecución es más que urgente, pues se trata de la seguridad de los centroamericanos.

Y en materia de seguridad, Estados Unidos tiene su propia Centroamérica: la de la Iniciativa de Seguridad Regional de Centroamérica (CARSI por sus siglas en inglés), que comprende la Centroamérica extendida: desde Guatemala y Belice hasta Panamá, para diferenciarla operativa y financieramente del Plan Colombia, la Iniciativa Mérida y la Iniciativa de Seguridad de la Cuenca del Caribe (CBSI por sus siglas en inglés). Por su parte, el narcotráfico, el crimen transnacional organizado y las maras, así como los índices de la violencia criminal derivada, han partido a Centroamérica en dos: la del “Triángulo Norte”: Guatemala, El Salvador y Honduras, y la del “Triángulo Sur”: Nicaragua, Costa Rica y Panamá.

El SICA mismo, que abriga en su seno a República Dominicana, como estado asociado, representa una de las “centroaméricas”, una Centroamérica ampliada, pero fracturada en su seno ya que Costa Rica y Panamá suscribieron el Tratado Marco de Seguridad Democrática (1995) con once reservas expresas —específicamente en los temas de Defensa— y sus parlamentos no lo ratificaron. Otra es la de la Conferencia de las Fuerzas Armadas Centroamericanas, CFAC, constituida por Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua. Es la Centroamérica “restringida”, la más dinámica, operativa y exitosa de todas.

Pero hay otras “centroaméricas” dispersas. Por ejemplo, la del CA-4 (todos menos Costa Rica, Panamá y Belice); la de los países que reconocen al Parlamento Centroamericano, de la cual no forman parte Costa Rica ni Panamá, cuyo Gobierno se retiró oficialmente en noviembre de 2010, aunque recientemente la Corte Suprema de Justicia de ese país declaró inconstitucional la decisión del Ejecutivo; y la Centroamérica que reconoce la jurisdicción de la Corte Centroamericana de Justicia, CCJ, constituida por todos los países miembros del SICA, excepto Costa Rica, país que desconoce la jurisdicción del tribunal comunitario, tal como quedó demostrado al negarse a acatar la resolución emitida por éste sobre el diferendo fronterizo con Nicaragua por los daños ambientales causados por la construcción de una carretera de 130 km en territorio costarricense paralela al fronterizo río San Juan.

También entre las “centroaméricas” dispersas están las determinadas por el grado de libertad, los derechos políticos y las libertades civiles. El informe de Freedom House —Freedom in the World 2012— muestra dos “centroaméricas”, la de los países “Libres” y la de los “Parcialmente Libres”; la primera, conformada por Costa Rica, Panamá y El Salvador; y la segunda, por Nicaragua, Guatemala y Honduras, aunque en ambas hay diferencias entre país y país.
Guatemala, por ejemplo, mejoró en materia de derechos políticos, pero no por esfuerzo propio, sino por el trabajo de la Comisión Internacional contra la Impunidad, CICIG, que lucha contra la impunidad y la corrupción en las instituciones públicas. Nicaragua, en cambo, empeoró en el mismo rubro y “fue retirada de la lista de democracias electorales” “debido a los vicios en la constitucionalidad de la candidatura presidencial de Daniel Ortega, las irregularidades reportadas, la falta de transparencia a lo largo del proceso electoral y la aparente falta de neutralidad del Consejo Supremo Electoral”.

Así mismo, la naturaleza de los regímenes políticos parte a Centroamérica en cuatro trozos muy disímiles: Uno, constituido por tres de derechas —Guatemala, Honduras y Panamá—; y los otros tres divididos en: uno de centro: Costa Rica; otro de izquierda moderada: El Salvador; y uno populista de izquierda autoritaria: Nicaragua. Se trata, pues, de una región política e ideológicamente fragmentada, característica que, en sí misma, encierra las contradicciones que impiden alcanzar la unión centroamericana.

Nada hace prever que esta situación cambie siquiera en el mediano plazo, y que, tal como el historiador estadounidense Ralph Lee Woodward titulara uno de sus libros insignia, Centroamérica continuará siendo “Una nación dividida”, ya que, como hasta ahora, siempre habrá, lamentablemente, una razón para ello.

* Roberto Cajina, consultor civil de Seguridad, Defensa y Gobernabilidad Democrática.
Miembro de la Junta Directiva de RESDAL.



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