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    28 de julio de 2014
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Un submarino nuclear de ataque ruso para la India

Alex Calvo

Última actualización 07/04/2012@00:00:00 GMT+1
Rusia no puede aspirar a ser una gran potencia si no refuerza su presencia en una zona económica clave. Por su parte, la India necesita asegurar sus líneas de comunicación marítimas.

La próxima entrega de un submarino ruso de ataque de la clase Akula II, de propulsión nuclear, puede suponer un notable refuerzo de las capacidades navales indias, siendo a la vez un escaparate de primer orden para la industria de defensa rusa, elemento clave para la consolidación de Moscú en Asia-Pacífico, la gran asignatura pendiente del recientemente reelegido Putin. Rusia no puede aspirar a ser una gran potencia si no refuerza su presencia en una zona económica clave, evita una influencia excesiva china en su patio trasero, y desarrolla definitivamente su Extremo Oriente. Por su parte, la India necesita asegurar sus líneas de comunicación marítimas.

Una entrega retrasada por un accidente. La fecha prevista para la entrega del submarino de ataque de propulsión nuclear K-152 Nerpa es finales de marzo, siendo la fórmula jurídica escogida el arrendamiento. Según fuentes del Ministerio de Defensa indio, la nave estaría ya viajando hacia el puerto de Visakhapatnam.

El submarino, de la clase Akula II, debería haber sido entregado el año 2008, pero un accidente durante sus pruebas en la mar, con un balance de 20 víctimas mortales, retrasó su construcción y equipamiento. Finalmente se acerca su entrada en servicio en la Armada india, en un momento en que las capacidades navales de Nueva Delhi no parecen estar en consonancia con sus ambiciones. Observamos, por una parte, cómo la India ha pasado a la ofensiva, entrando de lleno, al igual que el Japón y por los mismos motivos, en el contencioso sobre el Mar del Sur de China, mientras que, por otra, su presupuesto de defensa cae tras el chino. Algunas voces consideran que esta distancia creciente con Beijing podría cubrirse, al menos hasta cierto punto, con una mayor cooperación tanto industrial como operativa con Tokio y Washington, una vía en la que confían crecientemente estas dos capitales, que en los últimos meses han anunciado respectivamente una relajación de las restricciones sobre la venta de armamento y un mayor énfasis en las alianzas regionales para hacer frente al rearme chino y los intentos de Beijing por volver al sistema tributario.

Sin embargo, como demuestra una vez más precisamente el recurso a la industria rusa para la adquisición de este submarino, Nueva Delhi continúa insistiendo en su tradicional negativa a integrarse en ninguna alianza concreta, lo que tiene su reflejo en una política de adquisición de armamentos que busca la diversificación. La selección del caza francés Rafale sería otro ejemplo reciente, en lo que supone una búsqueda de la máxima autonomía en la arena internacional, pero a la vez una pesadilla a nivel logístico y de integración de sistemas de armamento a menudo muy diversos.

Las industrias de guerra rusas, esenciales para el resurgimiento de Moscú. El interés ruso en suministrar un submarino nuclear a la India, e idealmente conseguir nuevos contratos en la región, va más allá de las contrapartidas económicas, aun siendo éstas notables. Para cualquier potencia, el suministro de sistemas de armamento y su correspondiente mantenimiento, modernización, y en ciertos casos, coproducción, es un instrumento esencial para extender su influencia y reforzar relaciones bilaterales clave. Moscú y Nueva Delhi, con intereses comunes ante China y en zonas como Asia Central, son socios tradicionales en este sentido, aunque la India ha ido reduciendo gradualmente su dependencia de los suministradores rusos.

El Pacífico: la gran asignatura pendiente de Putin. La situación en este teatro no deja de presentar grandes contrastes, desde una perspectiva rusa, con la que observamos en Europa, el Mar Negro, y Asia Central. Mientras que Putin supo dejar atrás una década de crisis permanente e iniciar la reconstrucción de una esfera de influencia en estas zonas, que ha llevado en el campo de la industria armamentística a diversos acuerdos de colaboración con Francia, Alemania, e Italia, así como a forzar un embargo de facto sobre las ventas de muchas clases de armamento norteamericano a Georgia, la debilidad rusa en el Extremo Oriente continúa siendo palpable.

Siberia sigue sin desarrollar plenamente, la inferioridad militar convencional ante Beijing exige continuar confiando en las armas nucleares tácticas, la colonización económica china de Corea del Norte amenaza la posición estratégica rusa, y Tokio continúa desarrollando a marchas forzadas un escudo antimisiles que los líderes rusos persisten en ignorar, mientras se llenan la boca con continuos discursos y declaraciones sobre las intenciones de la OTAN en este campo, olvidando que si Japón alcanza su objetivo ello supondrá la devaluación automática de las fuerzas estratégicas nucleares rusas y con ellas el estatus de Moscú como potencia.

Sin embargo, esta mezcla de fortaleza y pragmatismo que ha cosechado importantes éxitos para Moscú en su fachada occidental parece ausente ante sus vecinos orientales. Una pregunta que nos podemos hacer es si es posible realmente hablar de renacimiento ruso ante dicha carencia, o si el creciente peso económico del Pacífico dejará atrás a un país que parece haber olvidado que lo que convirtió a Estados Unidos en una potencia global fue precisamente su dominio de dos océanos. Otro interrogante es si Putin, recientemente elegido presidente por seis años más, puede alcanzar este objetivo, una vez conseguidos notables éxitos en otros teatros, o tendrá que acabar cediendo la batuta a otro líder más centrado en Asia Pacífico.

En el campo concreto de la construcción naval, la incógnita es si los submarinos que Rusia está proporcionando a Vietnam e India permitirán a estos dos países hacer frente a la cada vez más poderosa Armada china, y si Taiwán podría alcanzar algún tipo de acuerdo con Moscú en este campo. Esto último, o algún trato con Tokio en defensa antimisiles, supondría extender al Pacífico la estrategia rusa de cooperar con sus antiguos enemigos en el Viejo Continente, un reto al que se enfrenta Putin, y que acabará determinando su papel en la historia. Si quiere entrar en la misma por la puerta grande, tendrá que dedicarle más atención a dicho Océano.

* Alexandre Calvo Cristina
Profesor de relaciones internacionales, European University



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