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    24 de octubre de 2014

¿Rutina en el Sáhara Occidental?

Carlos Echeverría

La nueva Resolución que prorroga el Mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental puede parecer a muchos un rutinario paso más en la dirección habitual. Pero se hace necesario revisar la letra y el espíritu del nuevo texto y el contexto en el que se aprueba.

La nueva Resolución que prorroga en un año más el Mandato de la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental (MINURSO), y conviene de vez en cuando desglosar las siglas para recordar dónde estamos y desde cuándo estamos así, puede parecer a muchos que no es sino un rutinario paso más en la dirección habitual. Pero, como siempre, se hace necesario revisar la letra y el espíritu del nuevo texto y el contexto en el que este se aprueba para dilucidar si ha habido algún avance.

La nueva Resolución

El que se renueve por un año el Mandato, el que se siga reconociendo el derecho a la autodeterminación de la población saharaui o el que no se opte por solución alguna y, por ello, no se pretenda imponer nada desde la Comunidad Internacional, es más de lo mismo. Como lo es que dicha Resolución se apruebe por unanimidad en el Consejo de Seguridad. Más novedoso es que este año sí se incluya la cuestión de la protección de los derechos humanos, tanto en el territorio ocupado por Marruecos como en los campos de refugiados de Tinduf, en el suroeste argelino.

La sensibilización por los derechos humanos ya existía en abril de 2011, en pleno fragor del desarrollo de revueltas en diversos escenarios árabes, pero esta se ha consolidado un año después, cuando algunos de esos escenarios de revueltas han evolucionado y, con ellos, la preocupación internacional por el futuro del respeto de dichos derechos con escenarios bélicos (Libia o Siria) y con grandes incógnitas por doquier.

Quienes han consensuado el texto que ha desembocado en la Resolución aprobada son el ‘lobby’ dentro de la ONU que asegura que este conflicto olvidado no lo esté del todo: el denominado ‘Grupo de Países Amigos del Sáhara Occidental’. Conforman este ‘lobby’ España, los EEUU, Francia, Reino Unido y Rusia, y de ellos conviene destacar, sobre todo, la actitud de los tres primeros. El Gobierno español actual muestra más interés por el respeto de los derechos humanos en el territorio ocupado por Marruecos que el anterior, y ello en momentos en los que la cooperación española va a ver sus partidas substancialmente reducidas.

Francia vive inmersa en la campaña presidencial y algunos quieren ver tibios cambios de actitud respecto al conflicto si Nicolas Sarkozy perdiera la segunda vuelta (Marruecos teme la posible tibieza de los socialistas frente al apoyo automático de Chirac, primero, y de Sarkozy, después, a la posición marroquí); y, finalmente, los EEUU son firmes defensores de Marruecos aunque Christopher Ross, como antes le pasara a James Baker III, comienza a cansarse de la cerrazón marroquí en las rondas negociadoras entre marroquíes y saharauis que preside.

A aumentar la fatiga y el desaliento tradicionalmente imperante contribuyó la filtración, en abril, de al menos un caso de espionaje marroquí al personal de MINURSO, agravando con ello las dificultades que con frecuencia ponen las autoridades del Reino a los efectivos de la ONU en el territorio ocupado y que eran denunciadas en el Informe del Secretario General Ban Ki-moon de abril que sirvió de base a la Resolución actual. Las rondas negociadoras celebradas entre la Resolución anterior y la actual no han servido sino para demostrar que las partes se mantienen firmes en sus posiciones, la última de ellas el pasado 12 de marzo.

Ello es poco estimulante, sobre todo de cara a las dos nuevas rondas que están previstas para junio y julio de este año. Mientras tanto tendrán que seguir aplicándose las medidas de confianza que Ross se esfuerza por introducir y por mantener (como las visitas familiares), y asumiendo que el diplomático estadounidense va a seguir aguantando su frustrante ejercicio sin tirar la toalla.

Recordemos que las ideas imaginativas no faltan, que son filtradas y así sometidas al análisis público, y que por ahora de poco han servido para hacer avanzar el dossier (la de asociar, por ejemplo, a los saharauis a la explotación de los recursos económicos del territorio ocupado, o la de desarrollar encuentros culturales). Destaca pues la firme posición de las partes en sus posturas a lo que se añade un contexto circundante que en buena medida no ayuda a encontrar salidas al ‘impasse’.

El contexto ayuda y no ayuda

Botella medio vacía o medio llena, estancamiento o tibios avances, formas diferentes de ver las cosas y más en un conflicto lamentablemente marginal como es, en términos diplomáticos, este. El que la Resolución no introduzca grandes cambios era, aparte de previsible dada la escasa voluntad política hacia el cambio del ‘statu quo’ de los pocos Estados involucrados en este conflicto, lógico en el contexto convulso que se vive en la región. Las complejidades de la política interna marroquí, con el pulso entre el Rey y el Gobierno liderado por los islamistas del Partido de la Justicia y el Desarrollo (PJD), por un lado, y los preparativos de las elecciones generales y locales argelinas de 10 de mayo, por otro, hacen que los dos Estados magrebíes directamente involucrados no estén para propiciar cambios. Marruecos sí aprovecha la coyuntura favorable que le supone el ser actualmente Miembro No Permanente del Consejo de Seguridad para diseminar sin fatiga su tesis de la autonomía.

Del lado occidental, Francia apoya a Marruecos, como también lo hacen el Reino Unido y los EEUU, y España combina la priorización de la gestión de la crisis económica con lo delicado de su agenda bilateral con Marruecos y con su compromiso en términos históricos, diplomáticos y de principios con el Sáhara Occidental y sus habitantes.

En el contexto africano, con la experiencia negativa cuando pronto se cumplirá el primer año de independencia de Sudán del Sur – por cuyo nacimiento todos se felicitaron el 9 de julio pero para cuyo cuidado en sus primeros meses de vida nadie hizo aportaciones significativas -, y con los inquietantes y cercanos ecos del secesionismo del Azawad en Malí, el momento no está para alimentar procesos de autodeterminación. En lo que a la Liga Árabe, ocupada como está en Siria, nadie la espera para un conflicto que históricamente ha despreciado como es este.

De todo ello se deduce que el ‘statu quo’ es lo más cómodo para muchos, pero llegando aquí bueno es que veamos el lado positivo. La introducción de la cuestión de los derechos humanos es un avance en sí, por el que muchos pugnaron en abril de 2011 debiendo pronto resignarse al no quedar incluida.

El hartazgo producido por las estériles rondas negociadoras producidas desde entonces, la mayor sensibilización por los derechos humanos ante la deriva de las revueltas árabes, y un hito como fue el rechazo del Parlamento Europeo, el 14 de diciembre y por 326 votos en contra, 296 a favor y 58 abstenciones, al Acuerdo de Pesca de la UE con Marruecos, han coadyuvado, entre otros factores, a la situación actual. Lo importante ahora es no caer en la rutina, o incluso en el fatalismo, y sacar partido de lo que la nueva Resolución aporta aprovechando también las coyunturas potencialmente favorables que puedan surgir.

* Carlos Echeverría es Doctor en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid
Profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociología de la UNED

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