cabecera

    2 de septiembre de 2014
1/1

El cuadro está bien así

O cómo escribir mal la Historia

Última actualización 17/09/2012@00:00:00 GMT+1
Es necesario desentrañar la peculiar tradición en Játiva de mostrar, vuelto boca abajo, un retrato del rey Felipe V en lo que se venía diciendo que era un castigo de los setabenses, los habitantes de esta ciudad valenciana.

Finalmente, me decidí a tomar el toro por los cuernos. Me llegué a Játiva con el propósito de desentrañar una peculiar tradición local de mostrar, vuelto boca abajo, un retrato del rey Felipe V en lo que se venía diciendo que era un castigo de los setabenses, los habitantes de Játiva.

Los setabenses se denominan socarrats, palabra que alude comúnmente a la parte inferior de la paella por la que muchos se pelean por lo mucho que les gusta pero que, usada en este caso como sobrenombre, podría traducirse por requemados o chamuscados, en directa referencia al incendio de su localidad durante la guerra de Sucesión, a principios del siglo XVIII.

Las leyes de la guerra

Conviene recordar que, entre las antiguas leyes de la guerra, se invocaba una según la cual cuando un ejército en campaña planeaba el asedio de una localidad, ésta gozaba de una cierta benevolencia en el trato si se rendía antes de que la artillería atacante estuviera asentada y puesta en condiciones de iniciar el bombardeo.

La tarea de preparar la artillería propia para llevar a cabo un asedio exigía tanto a artilleros como a infantes mucho tiempo para preparar del terreno, construir las fortificaciones de fajinas, acumular la pólvora y los proyectiles y, finalmente, concentrar y montar las piezas; a este respecto, resultan interesantes las referencias a la artillería en mi libro publicado por ATENEA “El Ejército que vuelve a ganar batallas. Felipe V”.

A lo largo del tiempo que los atacantes empleaban en el montaje de su artillería, las autoridades de la localidad amenazada tenían tiempo para decidir si resistían el asedio –aumentando sus fortificaciones, consiguiendo refuerzos, acumulando víveres, etc.- o se rendían, pues eran conscientes de que un plazo les amenazaba cual espada de Damocles: la ‘benevolencia’ del atacante se acabaría en el momento en que ya les pudiera disparar su primer cañonazo. A partir de ese momento, la ciudad recibiría hierro y fuego hasta su rendición, o la nunca segura llegada de un ejército salvador. Y, en tales condiciones, es decir, en haber decidido resistir y por lo tanto haber obligado a los atacantes a emplear tiempo, esfuerzo y medios en el asedio, estribaba la dureza del trato final de éstos a los que se rindieran.

Los gobernantes de Játiva decidieron resistir, la localidad recibió el bombardeo de las tropas borbónicas y la ciudad sufrió incendios. Esta historia local es idéntica a la de infinitas ciudades que han padecido la guerra bajo aquellas leyes que, no tan paradójicamente, pretendían ahorrar sufrimientos, sobre todo al bando propio.

Tenemos, pues, incendios en Játiva que actualmente, en la Gran Enciclopedia Temática de la Comunidad Valenciana de 2009, son considerados como poco importantes ya que se conservan muchos edificios anteriores a que ocurriera.

Surge después un nuevo ayuntamiento de obligada lealtad borbónica, como no podía ser de otro modo en aquellas circunstancias. Y aquí aparece el motivo de mi viaje, tratar de comprender el relato de cómo las nuevas autoridades de Játiva, las borbónicas, se atrevieron a colocar vuelto boca abajo el retrato del Rey. No me cuadraban las cuentas. Era imposible que semejante afrenta hubiera quedado impune y que perdurara hasta el siglo XX.

Fui a Játiva y contemplé el cuadro, efectivamente vuelto boca abajo, en el Museo del Almodí que, por cierto, conserva objetos interesantísimos. En el cuadro, el artista José Amorós representó al rey bastante joven, correspondiendo probablemente al fin de la guerra de Sucesión, vestido de rojo, típico color de los uniformes de los generales de entonces, si bien no estaban todavía reglamentados.

Hablé con el personal del museo y de ahí quedó claro que, contrariando el relato común, el cuadro estuvo correctamente colocado como representación del rey en el ayuntamiento hasta que, retirado de su lugar, a principios del siglo XX un cierto historiador local tuvo la ocurrencia de sacarlo del olvido y exponerlo vuelto boca abajo. Y la cosa cayó en gracia.

Una historieta interesada

O sea, ni Játiva incendiada en su totalidad, ni ayuntamiento borbónico rebelde y vengativo que quiso ‘castigar’ al rey por haber incendiado la localidad–menudo sinsentido en aquel siglo XVIII-, ni siglos de cuadro boca abajo. Todo resultó una historia relativamente reciente producto de la acción de un individuo, historiador o cronista local de ideología extremada, al que rieron la ocurrencia. Ahora, el cuadro mal puesto ha quedado convertido en un reclamo turístico.

Me resulta curioso cómo en el conocimiento común de nuestra Historia sobreviven historietas falsas que, si proceden del extranjero, quedan incluidas en la “leyenda negra” y hay quien las cree acríticamente y a pies juntillas, a la vez que si tienen origen nacional –como es este caso, entre otros muchos-, también se aceptan acríticamente y se repiten manteniendo vivas las falsedades de uno y otro origen.

En conclusión, el conocimiento común de la Historia de España se basa en buena medida en relatos parciales o sesgados, por no decir fundamentados en conocimientos insuficientes.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?   Si (0)   No(0)
1/1
Compartir en Meneame

¿Qué opinas?



Normas de uso
  • Esta es la opinión de los internautas, no de One Magazine
  • No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.
  • La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.
  • Tu dirección de email no será publicada.
  • Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.

Portada | Hemeroteca | Búsquedas | [ RSS - XML ] | Política de cookies
One Magazine - Seguridad Nacional Contacto
Cibeles.net, Soluciones Web, Gestor de Contenidos, Gestor PDF Digital EditMaker 7.2.0.2