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¿Merece la pena recorrer más de mil kilómetros para probar una cerveza?
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¿Merece la pena recorrer más de mil kilómetros para probar una cerveza?


Viajar de Madrid a Málaga, ida y vuelta en el mismo día, con el único motivo de tomar una cerveza, no parece una acción muy razonable si la juzgamos sólo desde la lógica del tiempo, el espacio y la razón. Ahora bien, si aplicamos algunas variables a tan aparentemente disparatado viaje, la cosa empieza a tener coherencia.


La primera consideración es la cerveza en sí misma; la segunda el entorno en el que se disfruta de esa cerveza. Empecemos por el final; el lugar del que hablamos es el popular Mercado de la Merced -puedes visitar su web aquí-, construido en pleno centro de Málaga en el año 1889 sobre un antiguo cuartel, y que adoptó la forma que hoy conocemos en 1985.

Con 2.000 metros cuadrados de superficie y flanqueado por el Teatro Cervantes y el Museo Picasso, el Mercado de la Merced se ha transformado en un centro de tapeo en el que conviven 17 puestos tradicionales de abastos, con 22 puestos gastronómicos en los que degustar desde los tradicionales espetos de pescado de La Paradita, hasta la cocina de vanguardia que ofrece Arequipa, de la mano del cocinero brasileño Diego Gallegos.



Los productos andaluces son en su mayoría protagonistas en La Merced. Hamburguesas de chivo, quesos para todos los paladares, croquetas de rabo de toro o de setas, espinacas y trufa, son regados con los vinos de la tierra que desde hace 175 años sirve la Antigua Casa de Guardia, o con las diferentes cervezas que desde hace 110 años produce la sevillana Cruzcampo.



Y es aquí, en este punto, donde encontramos el origen de nuestro singular viaje: degustar la nueva cerveza bautizada con el nombre ‘Cruzial’ ­juego de palabras entre Cruzcampo y especial–. Refrescante, con un sabor intenso y amargo, un aroma con matices florales y frutales, y un grado alcohólico de 5,9%, la Cruzcampo Cruzial está elaborada utilizando lúpulo seleccionado de la variedad Perle, siguiendo las fórmulas de elaboración que se emplearon los maestros cerveceros en los orígenes de la marca, allá por el año 1904.



Se sirve despacio, en copa alta, muy fría y dejándola reposar unos segundos antes del primer sorbo.

La Cruzcampo Cruzial ya puede disfrutarse en el canal de hostelería en formato de 33 cl y adquirirse en supermercados y tiendas de confianza en pack de seis botellas de 25 cl y en latas de 33 cl.

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