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Quizá tus contraseñas no sean tan seguras como imaginabas
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(Foto: Pexels)

Quizá tus contraseñas no sean tan seguras como imaginabas

La contraseña perfecta no existe, pero sí diferentes maneras de complicar las cosas a todas aquellas personas que pretendan usurpar nuestras cuentas de correo o redes sociales. La más efectiva: combinar mayúsculas, minúsculas, números y caracteres especiales. O al menos eso pensábamos…

Esta fórmula fue ideada hace casi 15 años por Bill Murr, gerente del Instituto Nacional de Estándares y Tecnología (NIST). La recomendación lucía infalible ante la dificultad por descubrir la(s) palabra(s) secreta(s) y las incontables variantes surgidas por la combinación de caracteres. ¡Y además era fácil de recordar para los usuarios!

Pero el hombre que moldeó buena parte de nuestras vidas digitales se arrepiente de sus recomendaciones, tras admitir a The Wall Street Journal que las contraseñas empleadas no son tan efectivas como imaginábamos. Pero esto no es culpa de los consejos, sino de los propios usuarios que han cometido toda clase de errores en la interpretación del manual.

Esto se debe a que las personas emplean palabras de uso cotidiano, utilizan símbolos y mayúsculas en lugares predecibles y complementan la contraseña con secuencias numéricas que casi siempre son colocadas al final de la palabra. Sobra decir que estos passwords no representan ningún reto para los hackers que han ideado algoritmos capaces de detectar estas debilidades.

Los cambios recurrentes en las contraseñas tampoco sirven de mucho, pues los usuarios suelen conformarse con alteraciones mínimas que generalmente van en el incremento de un número.

Estas revelaciones no son tan novedosas como podríamos imaginar, pues en el 2011, el caricaturista Randall Munroe publicó una ilustración donde explica la manera en que una contraseña de complejidad media como “Tr0ub4dor&3” puede descifrarse en apenas tres días.

¿Significa que nuestras contraseñas están expuestas? No precisamente. Los ordenadores operan siguiendo algoritmos lógicos, lo que les permite descifrar palabras complementadas por números y caracteres especiales. Todo cambia cuando empleamos palabras aleatorias y sin sentido alguno para los sistemas tecnológicos.

“Al final, probablemente resultó demasiado complicado para muchas personas”, explicó Paul Grassi, quien actualmente trabaja en un reporte de seguridad para el NIST. Sin embargo, reconoce que “[Burr] escribió un documento de seguridad que se mantuvo por un periodo de 10 a 15 años. Espero poder escribir un documento que se mantenga tanto tiempo”.

Nosotros también y más importante aún, que sea lo más efectivo posible. De cualquier modo, quizá lo mejor sea empezar a pensar en nuevas contraseñas para nuestros correos, redes y otros servicios digitales.

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