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Contacto: Mazda MX-5 1.5 Skyactiv-G Style

Contacto: Mazda MX-5 1.5 Skyactiv-G Style

26 años después de su nacimiento, el MX-5 estrena su cuarta generación. Es la más moderna, pero también la que pretende asemejarse más al modelo original, tanto por su ajustado peso como contenido tamaño. Hemos acudido a Barcelona para saber si mantiene lo que ha hecho mítico a este modelo: la diversión al volante.

Mazda es de las pocas marcas que, en la actualidad, ha decidido emprender su propio camino dentro de la evolución del automóvil. No diremos que va ‘contracorriente’ de todo el mundo, pero sí que ha apostado por no seguir la senda del resto. Hemos visto su personalidad a la hora de diseñar sus nuevos modelos, de apostar por motores gasolina de generosa cilindrada –y, aún así, de reducido consumo-, de reducir el peso más que nadie… y de seguir en segmentos en los que ya casi nadie compite o quiere competir. Y hay un modelo que reúne, precisamente, todas esas características y que se ha convertido, sin duda, en una de las grandes noticias del año: hablamos, por supuesto, del MX-5.

Y es que el hecho de que Mazda se haya atrevido con otra generación de su icónico roadster es un acontecimiento para celebrar; no va a revolucionar el mercado, no va a batir récords de ventas, no va a salir anunciado constantemente en televisión y ni siquiera va a competir por ningún título al vehículo más práctico del mercado. Es, simplemente, un atrevimiento que la marca se puede permitir, gracias a que la casa japonesa goza de una envidiable salud -no hay más que ver el caso español, donde entre 2012 y 2015 casi van a cuadruplicar sus ventas- y a que los 'coches icono' están más de moda que nunca. Y, por todo ello, el momento en el que llega el nuevo MX-5 es, simplemente, perfecto.

Es de agradecer que sigan existiendo vehículos así, que no sólo 'desencorsetan' el concepto actual de lo que se debe ser un vehículo, sino que también logran que el probador-redactor de turno pueda variar los tópicos habituales de los que nos toca hablar cuando hay que ponerse a los mandos de un coche 'convencional'. Este Mazda, de concepto sencillo, de tamaño pequeño y de sólo dos plazas da para hablar más, mucho más, que casi cualquier avanzada berlina o todo camino de los que están tan de moda. El MX-5 es un fuera de serie, lo lleva siendo más de 25 años, pero es que ahora sobresale sobre todo lo demás con más fuerza. Transmite sensaciones que muchos fabricantes pretenden arrebatarnos y es una 'bofetada' al concepto de conducción autónoma del que tantos empiezan a hablar. Un roadster no es algo para todos los públicos. Afortunadamente. Quizá por eso, hoy en día, no encontrarás nada igual en el mercado -sobre todo, por lo que cuesta este modelo-.

Además, tener un MX-5 seguirá siendo algo exclusivo; no por una cuestión monetaria porque, como veremos, el precio es interesante... sino porque seguirá siendo un vehículo minoritario, difícil de ver por la calle. De hecho, Mazda cree que en un año completo colocará en España unas 250 unidades, en su mayoría de la versión de acceso con motor 1.5. Auguramos que se van a quedar bastante cortos en sus cálculos...

Lo más controvertido del renovado MX-5 tal vez sea su diseño; pero entendámonos bien: controversia para aquel experto que haya seguido con atención la ya dilatada historia del modelo, con sus diversas 'mutaciones' en cuanto a apariencia, musculatura, fluidez de trazos... Siendo objetivos, su ADN de roadster es impoluto, con sus ajustadísimos cuatro metros de largo, su mínima altura, su puesto de conducción retrasado, la capota de lona con accionamiento manual, su cuidada aerodinámica... Sin embargo, lo que son 'las formas' ha suscitado más de un debate. Este MX-5 es el más personal, el más afilado, el más arriesgado y el más 'manga'; tiene una personalidad enorme -son los beneficios del lenguaje de diseño 'Kodo' que la marca lleva utilizando desde hace años-, casi parece de dibujos animados, pero por el camino tal vez ha perdido un puntito de su encantador clasicismo. Lo sentimos por los nostálgicos; el resto, han ganado unos faros más eficaces -con leds de serie para todas las funciones, incluídas las luces diurnas situada en la parte inferior del paragolpes-, una aerodinámica más eficaz -no podía ser de otra forma, entre otros motivos porque el coche apenas mide 1,22 m de alto-, una capota mejorada -manual, como debe ser-... Incluso desde la variante más básica, con acabado Style, el coche tiene un aspecto muy 'pintón', con sus llantas de aleación de 16" -calzados sobre unos neumáticos de sólo 195 mm de ancho, lo que demuestra que no hace falta calzar unas ruedas enormes para tener un coche que exhale deportividad-, los siete colores de carrocería a elegir -el blanco es el único gratis, de los demás metalizados, el rojo de las fotos es el más caro: 550 euros-, su marco del parabrisas en color negro...

Acceder al interior es toda una experiencia; en primer lugar, porque si el coche está capotado, hay que agacharse un poco más de lo necesario. En segundo, porque una vez dentro, el habitáculo es como un buen 'guante': puede que nos haya costado un poco entrar en él, pero luego lo sentimos como parte de nosotros. Es un coche de 3,91 m de largo y, por eso, en el interior no sobra ni un solo centímetro, pero tampoco falta -salvo que seas de talla nórdica-. En tercero, la postura de conducción ya es el primer paso de lo que uno experimenta en este coche, incluso antes de habernos puesto en movimiento. La butaca es cómoda, apenas va a un palmo del suelo y por delante lo que divisa el conductor es el alargado morro. Es algo parecido a lo que se debía sentir al llevar una cuádriga romana, sentado muy atrás, dispuesto a vivir toda una experiencia. Volante, pedales y pomo del cambio están en una ubicación perfectas; no hay mucha amplitud en los reglajes, pero es casi imposible no encontrarse perfectamente acoplado al Mazda.

Uno de los apartados que más ha cambiado es el del diseño, reflejado en el nuevo salpicadero tan esquemático como siempre, como pensando para distraer lo menos posible al conductor, pero tan lógico y claro como siempre. Hay detalles originales, como las salidas de aire centrales o la bonita pantalla táctil de 7" del sistema MZD Connect, que se asocia a unos mandos entre los asientos para manejar buena parte de las funciones del vehículo. Dicha pantalla habría sido ideal si hubiese estado 'girada' unos grados más hacia la vista del conductor, pero por lo demás, no hay pega que ponerle. Ah, y la calidad tampoco está nada mal; hay miles de MX-5 circulando por el mundo con más de 15 años 'a cuestas' y presentan un aspecto interior muy bueno, debido a que recurren a materiales más robustos y duraderos que lujosos. En esta ocasión pasa lo mismo: aunque es verdad que es claramente más vistoso, los plásticos de tacto firme dan la sensación de que aguantarán bien el paso del tiempo. Y que el tacto firme y agradable de los distintos mandos también 'seguirá ahí' tras ser accionados miles y miles de veces.

¿Practicidad? La justa. Este Mazda ni es ni pretende ser un coche familiar, por lo que los huecos que hay son los necesarios y su tamaño es medio, mientras que el maletero cuenta con 130 litros de volumen; no es mucho, pero resulta perfectamente aprovechable y caben dos maletas de mano, es decir, que el espacio necesario para el equipaje para el fin de semana de una pareja está más que asegurado.

Como dijimos un poco más arriba, nos hemos centrado en la variante de acceso, conocida como Style; lo cierto es que lleva una dotación más que interesante, como lo demuestra el hecho de que incluye el mencionado sistema multimedia, el arranque por botón, aire acondicionado, elevalunas y espejos elécticos, control de velocidad... y no sólo eso, sino que algo tan demandado como el sistema de navegación apenas nos costará 400 euros. Quien quiera descubrir toda la tecnología y novedades que puede llevar el coche, lo tiene fácil: decantarse por el acabado superior Luxury, que ya dispone de un equipo de audio Bose con nueve altavoces, acceso y arranque sin llaves, control de aparcamiento o sistema que avisa si nos salimos del carril... Eso sí, la tarifa entonces se incrementará en 2.800 euros.

Como hemos visto hasta ahora, el MX-5 es diferente a casi cualquier otro vehículo; pero su personalidad sale aún más a relucir en el momento de ponerse en marcha. La nueva generación del modelo arranca con dos mecánicas de gasolina, siendo el escalón básico un 1.5 de 131 CV completamente nuevo y un 2.0 de 160 CV, en ambos casos de la familia que Mazda denomina Skyactive-G. Para nuestra prueba nos hemos decantado por el más pequeño, que será el que más demanda tenga en nuestro mercado y que, combinado con el ajustadísimo peso del coche -hablamos de unos 1.050 kg, incluido el conductor-, consiguen que ya tengamos en nuestras manos una auténtica máquina de disfrutar.

Mazda ha partido prácticamente de cero para poner a punto la plataforma y el chasis de su cuarto MX-5. No valía con mejorar un concepto que ya funcionaba bien, sino de volver a plantearlo para que fuese mejor... en todo. Tan sólo, un par de cosas innegociables: la propulsión a las ruedas traseras -es el único Mazda europeo que recurre a esa solución- y el motor situado en posición delantera longitudinal, para contribuir a un perfecto reparto de pesos al 50% sobre ambos ejes. Por lo demás, ha llegado una nueva dirección con asistencia eléctrica, una suspensión trasera multibrazo, una distancia entre ejes un par de centímetros más pequeña que en su antecesor -se queda en 2,31 m- y un incremento de la rigidez del conjunto, mediante de empleo de materiales resistente y ligeros -algo que también contribuye a una notable mejora de la seguridad en caso de impacto-.

Sobre la carretera, este MX-5 es, como siempre, una delicia. La conducción es 'auténtica', con pocos filtros y con muchas sensaciones. Desde los primeros metros se aprecia que este roadster ha ganado en finura, en lo que se conoce como calidad de rodadura y en que la suspensión trabaja con un punto extra de suavidad. Lo que también se nota, sin necesidad de ir rápido, es que estamos subidos en una montura tremendamente ágil, liviana y reactiva: tú mandas y el coche obedece. Los primeros kilómetros de nuestra toma de contacto los hacemos con la capota cerrada, lo que nos sirve para apreciar el buen trabajo de aislamiento que se ha hecho; no, el coche no es silencioso, pero las nuevas medidas introducidas, sobre todo en la capota -o el hecho de que, ahora, las ventanillas suban unos centímetros cuandos se cierran las puertas para proporcionar un mejor ajuste, hacen que el ruido del aire nunca sea molesto.

Como era de esperar, en la ruta abundan los tramos con curvas. En este escenario, entre el perfecto dominio que se tiene del 'morro' del coche desde el puesto de conducción o lo bien que se puede aprovechar la anchura de cualquier carril -gracias a las ajustadas dimensiones del vehículo-, es muy fácil pasarlo bien. Puede que el MX-5 no sea aquel 'juguete' de hace 25 años cuya parte trasera estaba dispuesta a insinuarse en cuanto acelerábamos con fuerza a la salida de una curva cerrada, pero aún así es mucho más entretenido y menos convencional que cualquier otro modelo. Hemos probado el modelo con buen tiempo, suelo seco... y en estas circunstancias, el Mazda no se mueve, no hace extraños y simplemente lo hace todo bien. Balancea poco, cambia rápido de dirección -segun Mazda, se ha reducido un 4,3% la desmultiplicación- y no exige grandes esfuerzos para ir a un elevado ritmo en estas carreteras donde la mayoría de los coches se sentirían bastante torpes. Cuando se fuerza la situación tan sólo aparecen un leve subviraje que desaparece por sí solo, mientras que el conductor sólo puede hacer una cosa: sonreir.

No estamos ante un coche extremo e indómito, pero aún así es toda una fuente de sensaciones, porque lo que sientes a bordo no se puede asemejar a lo que experimentas en cualquier otro turismo. Puede ser por lo bajito que vas, por la inmediatez con la que gira ese eje delantero que desde el asiento parece lejanísimo... o puede ser, cómo no, por su condición de descapotable. La tarea de descapota el vehículo es tan sencilla como soltar un enganche, separar la capota del marco del parabrisas y llevarla hacia atrás hasta que queda plegada y colocada. No hay mecanismos eléctricos, no hay complicaciones ni trucos: el MX-5 es así, y punto. Este no es un descapotable que busque aislar: se puede viajar a cierto ritmo con el techo quitado y las ventanillas subidas, pero el aire siempre 'se colará' en el interior.

La versión básica ya no recurre al generoso 1.8 de la anterior generación, sino que dispone de una pequeña joyita que extrae de sus 1.5 litros de cubicaje la nada desdeñable cifra de 131 CV. Es motor es capaz de estirarse hasta nada menos que 7.500 rpm, resulta muy robusto y con mantenimientos ajustados -por ejemplo, la distribución es por cadena- y sólo se asocia a una caja de cambio manual de seis marchas. Lo primero que llama la atención es su inmediatez en la respuesta al acelerador, que parece casi 'eléctrica'; también llama la atención su 'finura', con un sonido agradable y una total ausencia de vibraciones. Es un coche bastante rápido para su potencia -ahí esta el 0 a 100 km/h en sólo 8,3 segundos- y que tiene el empuje suficiente para moverse siempre a un ritmo muy interesante. Además, el consumo medio declarado de 6,0 litros se asemeja al real, que ronda los siete litros, lo que en combinación con unos notables 45 litros de depósito dan como resultado una buena autonomía.

La caja de seis velocidades es de nuevo desarrollo, y los esfuerzos de la marca se han centrado en hacer que su manejo sea más suave y agradable... pero tan rápido como siempre, tal y como demuestran los ajustadísimos 40 mm que tiene de recorrido entre las distintas marchas. Con un pomo tan a mano y un motor tan 'deseoso' de girar a altas revoluciones, esta combinación de mecánica-transmisión enamora. Los desarrollos son correctos, salvo en sexta velocidad, con un desarrollo más largo pensado para que el MX-5 pueda desplazarse a una media elevada pero con el motor girando bajo de revoluciones y ayudando al consumo.

El apartado de la dirección se merece una buena nota; puede que ahora tenga asistencia eléctrica, pero su tacto y precisión siguen siendo muy buenas, al igual que su rapidez, con 2,7 vueltas de volante, mientras que el diámetro de giro no está mal, con 10,4 metros entre muros. Finalmente, los frenos cumplen de sobra; la ventaja de un peso tan ajustado es que se puede recurrir a un equipo de frenos nada exagerado en cuanto a tamaño -258 mm los discos delanteros y 255 mm los traseros- y, aún así, lograr un buen resultado.

Después de experimentar la jornada de pruebas con el nuevo MX-5, sólo puedes pensar en conseguir uno, como segundo o tercer coches, porque aporta cosas que están en peligro de extinción. Lo mejor de todo es que quien adquirir este modelo tampoco tendrá necesidad de hacer un gran desembolso. No hay más que ver que esta variante de acceso arranca en unos muy competitivos 25.000 euros... pero es que, como promoción de lanzamiento se reduce en 2.000 euros, quedándose la cifra en unos tentadores 23.000 euros. Y ya podemos repasar la guía de precios de arriba a abajo que no encontraremos otro roadster así de exclusivo que no sea, como mínimo, 15.000 euros más caro. En resumen, Mazda no sólo ha decidido mantener a uno de sus iconos, sino que lo ha hecho más atractivo, avanzado y tecnológico que nunca. Y dentro de otros 25 años más, seguramente seguiremos hablando del MX-5 como de uno de los automóviles que pasaron a la historia por su concepto.

Ficha técnica: MX-5 1.5 Skyactive-G
Motor de gasolina, inyección directa, cuatro cilindros en línea, situado en posición delantera longitudinal, tiene 1.496 cc, culata de cuatro válvulas por cilindro, una potencia máxima de 131 CV a 7.000 rpm y un par máximo de 15,3 kgm a 4.800 rpm, distribución por cadena, velocidad máxima de 204 km/h, aceleración de 0 a 100 km/h en 8,3 segundos, velocidad máxima de 204 km/h, consumo medio en ciudad de 7,9 l/100 km, consumo medio en carretera de 4,9 l/km, consumo medio total de 6,0 litros, equivalente a unas emisiones de 139 gramos de CO2 por km. Dimensiones externas: 3,915 m de largo, 1,735 m de ancho –o bien 1,918 m con retrovisores- y 1,225 m de alto, distancia entre ejes de 2,31 m, ancho de vía delantero de 1,495 m, ancho de vía trasero de 1,505 m, altura al suelo de 14,1 cm. Interior homologado para dos pasajeros, maletero de 130 litros, capacidad del depósito de 45 litros. Suspensión delantera independiente con doble trapecio, suspensión trasera de tipo multibrazo, dirección de cremallera y piñón con asistencia eléctrica, 2,7 vueltas de volante entre topes, diámetro de giro de 10,4 metros –entre muros-. Caja de cambio manual de seis velocidades, propulsión a las ruedas traseras, frenos delanteros con discos de 258 mm y traseros con discos de 255 mm. Peso del vehículo: 1.050 kilos con conductor a bordo.

Detalles de exterior:
1. La capota es manual, pero se maneja con facilidad; incluye una luneta posterior de cristal. 2. Las aletas delanteras ensanchadas son un rasgo característico del modelo. La variante probada cuenta con neumáticos en medida 195/50 R16 84V sobre llantas de 16”; no es una medida muy usual, de ahí que el precio por unidad pueda rondar los 180 euros. 3. La elegante doble salida de escape cromada viene de serie. 4. Detalle de diseño cuidado: el intermitente lateral va bien integrado en la aleta –y no en el retrovisor-. 5. En la parte superior del parabrisas van los sensores de luz y lluvia, así como los que controlan el sistema de cambio involuntario de carril; si queremos estos dispositivos en el acabado Style hay que adquirir el Pack Style 1.600 euros, que también añade radio digital, tapicería de cuero, climatizador… 6. Los arcos con acabado cromado son un accesorio. 7. Todas las versiones vienen con luces leds; los pequeños faros son uno de los principales rasgos de identidad del vehículo. 8. De serie, el marco del parabrisas viene acabado en negro, pero como accesorio puede ser como en la imagen.

Detalles del interior:
1. El habitáculo está aprovechado al máximo, como lo demuestra esta útil guantera con tapa ubicada en la pared trasera del habitáculo. 2. Buena situación de los mandos de los elevalunas eléctricos y los espejos retrovisores. Parte de la puerta lleva parte de la chapa a la vista: queda muy bien. 3. La palanca de pequeño tamaño, el freno de mano o los mandos del sistema MZD se llevan todo el protagonismo en la consola central. 4. Detalle de dos sujetavasos situados entre los asientos. 5. La versión Style lleva, de serie, aire acondicionado con unos mandos muy sencillo de manejar y con muy buen tacto. 6. A la izquierda se emplazan mandos como los que desconectan el sistema stop/start –que se ofrece con el motor 2.0-, el que desconecta el sistema de alerta de salida del carril –opcional- o el control de tracción. 7. La pantalla de 7” es fija, resulta muy atractiva y por sólo 400 euros puede incluir la información del navegador. 8. Los asientos delanteros llevan los reposacabezas integrados; a pesar de no tener un diseño muy espectacular, las butacas sujetan bien el cuerpo y son cómodas.

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