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Un fallo de la Roja: el escudo de España

Sobre el escudo de la camiseta española se han vertido numerosos comentarios. Que si estaba mal el escusón –el escudito situado en su centro y que representa Borbón y no Borbón-Anjou, que si es la rama española creada por Felipe V, el primer borbón español-; que quién, cuándo y a quién avisó de ello, que si no se arregló, que quién tiene la culpa, etc.

Sobre el diseño oficial del escudo de España –no ha de referirse a él como ‘constitucional’, pues la Constitución ni lo cita- se puede presentar una larga lista de críticas, como en otro momento haremos.

Sólo señalaré algunas referidas al león que representa el Reino de León: le falta plenitud, ferocidad, dedos en las garras de las cuatro patas, genitales, etc. Cuando se aprobó el escudo de España por medio de la Ley 33/1981 y los reales decretos 2964/1981 y 2267/1982, pronto aparecieron las críticas.

La más autorizada de todas fue la de D. Vicente de Cadenas, cuya autoridad sobre la materia nadie podría discutir, al publicar su crítica acompañada del diseño que debió de ser aprobado. Poco después, con el propósito de templar la cuestión heráldica, publicó el libro “Heráldica de las comunidades autónomas y de las capitales de provincia” en coautoría con Ampelio Alonso de Cadenas y López (editorial Hidalguía, 1985) que incluía la versión depurada del escudo de España.

La cuestión del escudo de España mal reproducido es muy vieja. He de remontarme a la primera reacción autorizada, la que llevó a cabo el entonces responsable oficial en España de velar por la corrección de las representaciones heráldicas. Me refiero al siempre recordado D. Vicente de Cadenas y Vicent, que ostentaba el título de Cronista-Rey de Armas de España.

Este cargo, cuya denominación evoca la larga vida de la ciencia heráldica –pues nace en la Edad Media-, fue sacrificado en el proceso de descentralización de las competencias generales del Estado en beneficio de las entonces nacientes Comunidades Autónomas. De aquella decisión probablemente deriven estos problemas.

Por lo tanto, si al diseño oficial del escudo de España se le deberían hacer muchas mejoras –y ya se han elaborado muchas soluciones extraoficiales, aunque no todas acertadas-, no ha de extrañarnos que en la camiseta de la selección nacional de fútbol lo hayan bordado con bastantes errores, más que el del escusón, único que parece que se ha detectado. Sobre esto volveremos a escribir y también sobre los problemas del escusón.

Resultaría del mayor interés que quienes tomen decisiones sobre materias cuyo dominio resulta complicado y sólo derivado de largo tiempo de estudio, recaben múltiples y variados asesoramientos para que, sea cual sea su decisión, entre dentro de la ortodoxia de aquella materia.

En esto ha sucedido, como tantas otras veces, que, quien decide, no cuenta o no hace caso de quien verdaderamente sabe. Por ello, entre otras medidas de consultoría, parece conveniente recuperar la citada figura de Cronista-Rey de Armas con competencias en todo el ámbito del Estado.

Por otra parte, las empresas que comercialicen productos que contengan escudos de armas, también podrían recabar asesoramiento consultando los modelos oficiales, las variantes cromáticas legítimas o aceptadas y otros detalles que les permitan ofrecer productos de la más alta calidad.

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