La Unión Europea celebró en 2025 el 70 aniversario de los Tratados de Roma, los documentos fundacionales que sentaron las bases de lo que hoy es el bloque económico y político más singular del mundo: 27 países soberanos que han cedido parcelas significativas de soberanía a instituciones comunes, con una moneda única, un mercado interior de 450 millones de personas y un marco de derechos y libertades que sigue siendo un referente global, a pesar de sus contradicciones y tensiones internas.
En 2026, la Unión Europea navega un momento de redefinición estratégica. Los retos que tiene por delante son de una magnitud que no tiene precedentes desde la propia creación del proyecto europeo, y las decisiones que se tomen en los próximos años determinarán si la UE consolida su papel como actor global relevante o si se fragmenta bajo el peso de sus tensiones internas.
Los retos que marcan la agenda europea
La ampliación hacia el Este. El proceso de adhesión de Ucrania, Moldavia y varios países de los Balcanes occidentales está en marcha, aunque con plazos inciertos. Una UE ampliada a 35 o 36 miembros sería radicalmente diferente en términos de gobernanza, equilibrios de poder y presupuesto. La cuestión de cómo reformar las instituciones europeas para que funcionen con más miembros es uno de los debates políticos más complejos del momento.
La defensa y seguridad común. La guerra en Ucrania ha acelerado como ningún otro factor la conversación sobre una defensa europea más autónoma y menos dependiente del paraguas de la OTAN. El debate sobre el Ejército europeo, la industria de defensa común y el papel de los gastos de defensa nacionales dentro del marco europeo está en el centro de la agenda política de 2026.
La competitividad digital y tecnológica. El informe Draghi sobre la competitividad europea publicado en 2024 fue un diagnóstico brutal: Europa pierde terreno frente a Estados Unidos y China en sectores tecnológicos clave (inteligencia artificial, semiconductores, computación cuántica, biotecnología). Recuperar esa competitividad sin sacrificar los estándares sociales y medioambientales que definen el modelo europeo es uno de los equilibrios más difíciles de alcanzar.
La cohesión interna. El auge de partidos euroescépticos y el debilitamiento del estado de derecho en algunos Estados miembros siguen siendo fuentes de tensión interna. El equilibrio entre la soberanía nacional y la integración supranacional es una tensión constitutiva del proyecto europeo que en 2026 se manifiesta con especial intensidad.
Lo que la UE ha logrado que a veces se olvida
En medio de los debates sobre los retos y las deficiencias del proyecto europeo, conviene recordar lo que ha conseguido, porque su magnitud es extraordinaria:
Más de 70 años de paz entre países que durante siglos se hicieron la guerra de forma recurrente. Un mercado único que ha generado prosperidad compartida y ha elevado los estándares de vida en los países de adhesión más reciente de forma espectacular. Una legislación de protección de datos (el RGPD) que se ha convertido en el estándar de referencia global. Una política de competencia que ha puesto límites a monopolios tecnológicos que ningún país solo podría haber regulado. Y un fondo de recuperación post-pandemia (NextGenerationEU) de 750.000 millones de euros que supuso un salto cualitativo hacia una mayor capacidad fiscal común.

El papel de los ciudadanos en el proyecto europeo
La desconexión entre la ciudadanía europea y las instituciones de Bruselas es uno de los problemas estructurales más persistentes del proyecto europeo. Las elecciones al Parlamento Europeo tienen tasas de participación consistentemente menores que las elecciones nacionales, y el conocimiento de cómo funciona la UE y qué hace es sorprendentemente bajo entre la mayoría de los ciudadanos europeos.
Sin embargo, el Parlamento Europeo tiene competencias legislativas reales sobre materias que afectan directamente la vida cotidiana: regulación de alimentos, protección del consumidor, normativa medioambiental, derechos laborales, libre circulación. Votar en las europeas y seguir mínimamente la actividad de esta institución es una forma de participación democrática cuyo impacto es mayor de lo que la mayoría de la gente percibe.
Para quienes quieran profundizar en los mecanismos de participación democrática más allá del voto, el artículo sobre participación política y por qué importa desarrolla con detalle las distintas formas en que los ciudadanos pueden influir en las decisiones políticas a todos los niveles.
Conclusión
La Unión Europea es un proyecto imperfecto, lleno de contradicciones y tensiones, que sin embargo ha demostrado una capacidad de adaptación y resiliencia notable a lo largo de más de siete décadas. Sus retos en 2026 son reales y urgentes. Pero sus logros, muchas veces invisibles precisamente porque funcionan, son también extraordinarios. Entender qué está en juego en el proyecto europeo es una responsabilidad cívica de todos sus ciudadanos.








