Hay una cifra que resume mejor que cualquier análisis el estado actual del gaming en América Latina: 372,3 millones de jugadores activos en 2025, según el Global Games Market Report de Newzoo. Para ponerlo en perspectiva, eso es más que la población combinada de España, Francia, Alemania e Italia. Y no son jugadores ocasionales: casi la mitad de ellos, el 46%, realiza algún tipo de gasto en videojuegos, ya sea en juegos, contenido descargable o suscripciones.
La región, que durante años fue tratada como un mercado secundario por la industria global del videojuego, se ha convertido en uno de sus motores de crecimiento más sólidos. Y lo que empezó como una historia de acceso tardío y adaptación creativa se ha transformado en algo mucho más interesante: una industria propia, con estudios locales compitiendo a nivel mundial, comunidades que mueven audiencias millonarias en español, y una cultura gamer que tiene raíces mucho más profundas de lo que la mayoría imagina.
De los arcades a los smartphones: cuarenta años de historia gamer
La relación de América Latina con los videojuegos no empezó con el smartphone. Empezó en los años 80, con las mismas filas frente a las máquinas arcade que en cualquier otro lugar del mundo — aunque aquí, con la particularidad de que muchas de esas máquinas se fabricaban o clonaban localmente, porque los originales importados eran inalcanzables para la mayoría.
Desde los salones arcade de Buenos Aires hasta los cibercafés de Ciudad de México que en los 2000 eran el único punto de acceso al gaming en red para millones de personas, la historia del videojuego en la región es también una historia de ingenio ante la adversidad económica. Los aranceles de importación, la inflación y las crisis recurrentes no impidieron que el gaming arraigara profundamente en la cultura popular latinoamericana — simplemente lo hicieron de otra manera.
Si querés conocer en detalle cómo se desarrolló esa historia, desde los primeros arcades hasta el auge de los esports regionales, el equipo de Oasis Nerd publicó un recorrido completo por la historia del gaming en Latinoamérica, con datos, contexto y los protagonistas que definieron cada era.
Un mercado que ya no pide permiso
Los números actuales son difíciles de ignorar. La región genera cerca de 8.300 millones de dólares en ingresos anuales por videojuegos, ubicándose cuarta entre las cinco grandes regiones del mercado mundial. Brasil es el décimo mercado más grande del planeta en términos de revenue. México, el primero de Latinoamérica, tiene más de 76 millones de jugadores activos y factura alrededor de 2.300 millones de dólares al año.
Pero quizás el dato más relevante no es el tamaño absoluto del mercado, sino su perfil demográfico. La Generación Z representa el 47,5% del mercado gamer latinoamericano en 2026, según el estudio PGB Latam presentado en la Gamescom Latam de São Paulo este año — y esa cifra creció un 12,2% respecto al anterior. Se trata de una audiencia joven, nativa digital, que consume gaming en múltiples plataformas y que está formando sus hábitos de consumo ahora.
El smartphone sigue siendo la plataforma dominante — el 69% de los jugadores conectados de la región juega en al menos una plataforma, y el mobile lidera con claridad —, pero hay un cambio notable: el uso de PC y consolas crece de forma sostenida. Argentina y Perú encabezan el aumento de usuarios de PC, mientras que Colombia lidera en consolas. La región se está diversificando.
La paradoja latinoamericana: exportar sin poder consumir
Hay algo paradójico en el mapa del gaming latinoamericano que merece atención: algunos de los países con mayor actividad en la producción de videojuegos son también los que tienen el mercado interno más restringido. Argentina es el caso más llamativo.
Con más de 200 estudios de videojuegos activos, Argentina exporta el 95% de lo que produce. El motivo es simple y brutal: los videojuegos importados cuestan en Argentina entre un 30% y un 40% más que el promedio internacional, por efecto de los aranceles y el tipo de cambio. En ese contexto, construir para el mundo y no para el mercado local no es una estrategia de crecimiento: es una necesidad.
Eso no ha impedido que la industria argentina sea internacionalmente reconocida. Globant, fundada en Buenos Aires en 2003, cotiza hoy en la Bolsa de Nueva York y tiene presencia en más de 30 países. Etermax, también argentina, creó Preguntados — una app de trivia que llegó a ser número uno en la App Store de Estados Unidos durante 66 días consecutivos en 2014 y que acumula más de 600 millones de descargas globales. Nimble Giant Entertainment, otro estudio bonaerense, desarrolla contenido para franquicias como Fortnite y Star Trek.
Los esports, el español y la nueva audiencia global
Uno de los fenómenos que mejor ilustra la madurez del gaming latinoamericano es el crecimiento de los esports y las comunidades competitivas en la región. La escena no se limita a los grandes títulos globales: penetra en cada país con identidad propia, construida por jugadores y creadores que llevan años sosteniendo comunidades antes de que ningún publisher les prestara atención.
Un ejemplo concreto y reciente: Kotaku en Español recogió en marzo de 2026 el lanzamiento de «Barrios Latinos», un torneo regional de Call of Duty: Mobile con final presencial en Ciudad de México que reúne jugadores de Argentina, Chile, Colombia y México junto a figuras del freestyle latinoamericano. No es un torneo improvisado: es el resultado de años de comunidad construida desde abajo, con capitanas como Valentina «Señorita Bri» Brizuela — argentina, cinco años compitiendo en el juego — que hoy representan a su región en un escenario internacional. Ese ecosistema existe en docenas de juegos y países de la región.
Brasil lidera a nivel regional en Counter-Strike y League of Legends, con jugadores que compiten en las élites mundiales. Y en plataformas como Twitch y YouTube, los streamers en español mueven audiencias que compiten sin complejos con las de habla inglesa. El gaming en español ya no es un nicho regional: es un mercado de escala global.
Lo que viene: IA, talento y el próximo gran desafío
El informe PGB Latam 2026 también recogió un dato que anticipa los próximos debates del sector: el 40,6% de los jugadores latinoamericanos encuestados está preocupado por el uso de inteligencia artificial en los videojuegos, especialmente por su impacto en el empleo de los desarrolladores. Es una tensión que se vive con especial intensidad en una región donde la industria del desarrollo se ha construido precisamente sobre el valor del talento humano frente a la escasez de capital.
El principal desafío que identifican hoy los propios estudios latinoamericanos no es tecnológico ni de mercado: es la retención del talento. Los desarrolladores de la región tienen acceso a trabajar de forma remota para estudios internacionales con salarios en dólares que superan lo que pueden ofrecer los estudios locales. La internacionalización que fue el gran logro de la industria latinoamericana es también, hoy, su mayor tensión interna.
Una historia que apenas está empezando
372 millones de jugadores. 8.300 millones de dólares en ingresos. Más de 200 estudios solo en Argentina. Streamers en español con millones de seguidores. Torneos regionales con final presencial en capitales latinoamericanas. Equipos de esports en todas las grandes ligas mundiales.
El gaming latinoamericano lleva cuatro décadas construyendo algo extraordinario con recursos limitados y en contextos difíciles. Lo que está pasando ahora no es el comienzo de esa historia — es el momento en que el mundo empieza a prestarle la atención que siempre mereció.








