De vez en cuando se repite que el Rey Carlos III no deseaba que los murcianos se alistaran en sus ejércitos. Esta es una versión que corre desde hace mucho tiempo y según la cual los ubica al mismo nivel de gitanos y gentes de mal vivir. Veamos, a continuación en qué se fundamenta este rechazo.

Rechazo de Carlos III: ¿Herencia del pasado?

Con toda razón, alguien podría imaginar que este rechazo a los murcianos estaría, de alguna manera, relacionado con el que afrontaban otras partes de la población española. Esto ocurría, desde hacía tiempo atrás, con los no integrados en la sociedad por ser sospechosos de no ser buenos cristianos. Entre ellos estaban los judíos, los gitanos y los moriscos; estos últimos  tras su conversión forzada. Otros pueblos que también padecía este rechazo eran los agotes de Navarra, los hurdanos (de Las Hurdes, Cáceres) y los quinquis  

¿Hubo problemas con algún regimiento?

A lo largo de la Historia se han encontrado casos de tropas cuyo comportamiento en batalla fue vergonzoso. O que sin serlo padecieron una desmoralizante derrota, o que se rebelaron contra sus jefes.  La solución más conveniente era en ese tiempo, además de un castigo a los responsables principales, la disolución de esa unidad. De esta manera se evitaba que su mala fama perdurara. Esto ocurrió con algunas legiones de Roma y con algunos Tercios destacados en Flandes. Por ejemplo, el de Cerdeña, y aún se podrían referir otros casos.

El caso del prestigioso Regimiento de Infantería de la Reina es muy bien conocido. Desde su creación el 5 de julio de 1735, Felipe V lo había puesto como el primero de toda la Infantería. Sin embargo, ocurrió que estando este regimiento en la guarnición en Veracruz (América), su tropa se sublevó porque se retrasó el cobro de un aumento en las pagas. Al Monarca no le tembló la mano para disolver el regimiento el 24 de octubre de 1769, tras su regreso a Cádiz.

Los hechos protagonizados por el regimiento dedicado a la Reina, fueron considerados graves y vergonzosos. Sin embargo, esto no impidió que años después, en 1792, se creara un nuevo regimiento llamado del mismo modo, “de la Reina”.

Como consecuencia de estos hechos, cualquiera podría pensar, en relación con el veto murciano, que algún regimiento formado por ellos habría protagonizado un escándalo similar. En consecuencia, el Rey Carlos III  podría haber acabado repudiando a todos los soldados de esa parte de su Reino. Sin embargo, no existen indicios de hechos reprobables de esa envergadura y con esas consecuencias.

¿Qué establecía la legislación militar?

Se repite frecuentemente que las famosas “Reales Ordenanzas de Carlos III” para sus ejércitos son obra de él mismo pero, en realidad, esto no es así. Sus ordenanzas fueron una actualización de lunas anteriores, como éstas lo fueron de las que las precedieron. Estas eran un cuerpo legal vivo y tan amplio que regulaba todo lo relativo a la vida militar. Con una cierta frecuencia, había un ajuste, una ampliación o una derogación para actualizarlo a nuevas situaciones.

Las Ordenanzas predecesoras a las de Carlos III fueron las dictadas por Felipe V el 10 de abril de 1702 tras recibir la Corona de España. Se les conocen como las “Ordenanzas de Flandes” porque se estrenaron allí, antes de que a causa de la Guerra de Sucesión se perdiera. Las Ordenanzas trataban de la instrucción, del código penal, de los honores fúnebres y de otros temas militares más. 

Adicional a las Ordenanzas, existían, antes de la llegada de Carlos III,  también normas de niveles menores de importancia jurídica. Estas normas fueron revisadas para investigar sobre el tema sin haber encontrado ninguna exclusión referida a los murcianos. Especialmente fueron revisadas las diversas normas que regulaban aspectos del reclutamiento. Específicamente se revisaron las versiones de los años 1702, 1709, 1717, 1719, 1730, 1761, 1763, 1765, 1768 y 1770.

Entre los motivos que excusaban de tener que incorporarse a las filas militares figuran la de salud, fortaleza, estatura, soportes de familia y funcionarios gubernamentales. También se consideran como razones de excusa pertenecer a la clase social de los hidalgos. Aparte de estas exclusiones por causas sociales, no se hace ninguna referencia a los murcianos en dichas Ordenanzas.

¿Discriminación a pesar de que Murcia era un reino importante?

De acuerdo con la historia, Murcia era uno de los territorios con entidad propia desde la Reconquista. De hecho, Murcia consta en el título largo de Rey de España, pues se titulaba también como “Rey de Murcia”. Otros territorios, sin embargo, como por ejemplo, Teruel, y Salamanca no gozaban de sitio entre los títulos reales.

Por otro lado, Murcia fue uno de los territorios a los que se encomendó la formación de uno de los tercios de nueva creación. Así pues, en 1694 apareció el Tercio Provincial de Murcia, también conocido como “Los Azules Nuevos” por el uniforme que llevaban. Además, durante la Guerra de Sucesión, Murcia prestó leales y eficaces servicios a Felipe V y obtuvo distinciones. Entre ellas, la incorporación al escudo del soberano de una nueva corona, un león coronado rampante y una flor de liz en clara muestra de su agradecimiento hacia Murcia.  

¿Y si “murcianos” significaba otra cosa para Carlos III?

Para tratar de darle clarificar a todo este asunto, es conveniente revisar el significado de algunas palabras siglos atrás. Esto es vital, especialmente cuando es es sabido que algunas palabras van cambiando con el tiempo.

Así pues, podemos ver en el Diccionario de Autoridades, Tomo IV (1734) que “murciar” era una palabra de la germanía. Era, en el idioma del hampa, el mundo de la delincuencia habitual un sinónimo para significar “robar”. Por lo tanto, a un ladrón se le llama un “murcio” y, en consecuencia, costaría poco confundir, quizá con mala intención, con “murciano”.

Conclusiones

Como consecuencia de todo lo anteriormente dicho, es necesario concluir que no hubo desprecio, exclusión o rechazo de Carlos III a los murcianos. Como se ha visto, gozaron del aprecio especial de su padre, el Rey Felipe V. De manera tal que si llegó a existir un rechazo a los “murcios” por ladrones, su extensión hasta los “murcianos” era solo una pena de parecido.

Aún más, en la legislación militar, incluso en las 40 páginas y los 59 artículos de la Real Ordenanza del 3 de noviembre de 1770, la palabra “murciano” no aparece. De tal manera que esta frase sobre el rechazo de Carlos III a los murcianos era una de esas historias falsas. La leyenda “Murciana” acompaña en la ficción al supuesto origen del Himno Nacional de España en la Marcha Granadera.

El verdadero problema es la repitencia de la leyenda “murciana” por parte de ilustres escritores, incluso careciendo de alguna base documental. Afortunadamente, existen investigaciones  para localizar quién acuñó esa frase de rechazo a los murcianos y dentro de qué contexto. Existe la esperanza de que esta investigación retorne los murcianos su real condición de gente noble, leal y luchadora.

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