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Banderas navales de Carlos III (1785)
Banderas navales de Carlos III (1785)

Este martes, nuestra bandera cumple 172 años

martes 13 de octubre de 2015, 13:36h

El 13 de octubre de 1843, la 'bandera de los barcos de guerra' de Carlos III fue reconocida como 'bandera nacional' de España. En realidad, a la enseña actual se llegó desde tres caminos distintos. Te contamos en detalle cada uno de ellos.

El largo y complejo proceso por el que la ‘bandera de guerra’ asignada por el rey Carlos III a sus buques en 1785 llegó a ser oficialmente reconocida como ‘bandera nacional’ de España en 1843, le proporciona los más sólidos argumentos que se conocen para su existencia de entre todas las banderas nacionales.

El 13 de octubre de 1843, la Reina niña Isabel II sancionó el Real Decreto que reconocía como nacional la bandera de los colores rojo-amarillo-rojo y la asignaba a las unidades del Ejército y de la Armada y, muy poco después, a la recién creada Guardia Civil. El Real Decreto revelaba un hecho consumado: esa bandera ya era ‘nacional’ desde tiempo antes, por la vía de los hechos, y gracias a tres ámbitos de representatividad diferentes y, al final, convergentes: la Nación española. Con ello se materializaba que el Ejército y la Armada ya no defenderían los intereses del Rey, sino sólo los intereses nacionales.

La elección, años atrás, de estos colores por Carlos III fue una consecuencia inmediata, entre otras razones prácticas, de la heráldica medieval de Castilla, Aragón y Navarra, los grandes reinos peninsulares que llevaron a cabo con éxito la Reconquista de España. Castilla se representa por un castillo de oro sobre campo de gules (rojo) cuartelado con León representado por un león de ese color (aunque también se pintaron púrpura, morado o negro) sobre campo de plata y Granada en punta; Aragón es un campo de oro y cuatro palos de gules (rojo); y Navarra, cadenas de oro con una esmeralda en abismo sobre un campo de gules. Es decir, prácticamente todo es gules y oro. Así pues, si hay dos colores que representan la antigua existencia de España son el rojo y el amarillo.

Símbolo del territorio

En 1785, Carlos III sustituyó las banderas blancas de los buques de guerra por una nueva bandera; dio otra a los mercantes y poco después una tercera a los buques corsarios (mercantes armados y con licencia real para atacar a los buques enemigos), todas a base de los colores rojo y amarillo.
Las vacilaciones en las palabras utilizadas entonces en los textos oficiales para referirse a la bandera de guerra -pabellón español, bandera nacional, bandera de mis bajeles de guerra, bandera real- han sido utilizadas selectivamente en algunos estudios para sostener el nacimiento entonces de la “bandera nacional” en el sentido aplicado en la posterior Monarquía Parlamentaria. En realidad, al repasar las banderas de los diversos regimientos -coronelas y batallonas blancas, con excepciones, en Infantería; estandartes rojos en Caballería y Dragones, con excepciones; coronela blanca y batallonas azules en Artillería, y al revés en la época de Godoy; y ambas moradas-granate en Ingenieros- permiten concluir que la nueva bandera rojo-amarillo-rojo era, tan sólo, otra de las banderas ‘asignadas’ por el Rey a una parte concreta de su fuerza militar, tal como correspondía a un Ejército y una Armada ‘reales’; por ello, las nuevas banderas navales sólo indicaban “este buque –de guerra, mercante o corsario, según su bandera específica- pertenece al rey de España”.

La consecuencia de asignar poco después la bandera naval de guerra a los castillos de la costa e instalaciones de la Armada empezó el proceso de identificar un ámbito territorial; de momento, las fronteras marítimas. Antes de fin del siglo XVIII se vio la bandera rojo-amarillo-rojo en los campamentos del Ejército en la guerra contra la Convención francesa y a principios del XIX, o antes, se izaba también en fortificaciones fronterizas. Con ello, el proceso se completó: en las costas y en las fronteras terrestres se izaba una misma bandera roja-amarilla-roja que decía ya de modo general e interpretado adecuadamente por todos, españoles y extranjeros: “aquí empieza el territorio de España”.

Símbolo del pueblo español

Bandera de la Guerra de la Independencia
Bandera de recluta de la Guerra de la Independencia (1808)

La sacudida causada en los españoles por la invasión francesa de 1808 y la entendida como equívoca actuación del rey y las más altas autoridades, provocó la aparición de nuevos sentimientos populares. Un caso significativo de los que se buscaba excitar para facilitar el alistamiento nos lo proporciona la bandera “de recluta” del Batallón de Voluntarios de Fernando VII de Valencia –rojo, amarillo, rojo-, que buscaba un nuevo tipo de español: el que empezaba a ser consciente de su propio protagonismo y dejaba de ser súbdito.

De acuerdo con los estudios del eminente vexilólogo, ya desaparecido, Carlos Fernández Espeso, tras la guerra de la Independencia el pueblo llano fue haciendo un uso creciente de los colores rojo-amarillo-rojo al sentirse representado en ellos, por ejemplo, cuando engalanaba sus calles en las fiestas patrióticas y populares o, también, decorando las plazas de toros, las banderillas y las mulillas para la Fiesta Nacional y en otros detalles, como en la pintura en espirales rojas y amarillas de las astas de las banderas exteriores de los ayuntamientos de partes de Castilla. Una anécdota del sentimiento popular acerca de la bandera nacional nos lo proporcionan unas monjas españolas de La Habana que a principios del siglo XX no aceptaban como españolas las banderas de nuestros buques mercantes que allí recalaban, pues sus listas eran amarilla-roja-doble amarilla-roja-amarilla, ligeramente diferentes de la nacional. Luis Grávalos refiere que su protesta ayudó a que en 1927 también se asignara a los mercantes la bandera nacional.

Símbolo de las ideas de progreso y democracia

Bandera de la Milicia Nacional
Bandera de la Milicia Nacional

Cuando en el Cádiz asediado por los franceses los reunidos en Cortes elaboraron la primera Constitución que fue promulgada en 1812 y que pretendía entonces superar aquella forma de Estado a la que denominamos Monarquía absoluta, estaban sentando los cimientos de nuestra realidad política actual. La nueva concepción de la política residía en el concepto de Soberanía nacional, que así desplazaba a la del Rey absoluto, y en otra serie de principios que aunque hoy nos parecen de corto alcance (como el sufragio condicionado por la renta personal) entonces constituyeron pasos adelante muy importantes.

Pero para acabar consolidando el progreso hicieron falta todas las luchas políticas, populares y guerras civiles que afectaron a gran parte del siglo XIX español. Este proceso, impulsado por las nuevas aspiraciones políticas, se apoyó en la creación por el liberalismo de la Milicia Nacional, destinada a defender el proyecto liberal de la reacción de sus enemigos. La Milicia Nacional, organizada militarmente en batallones y escuadrones de infantería, caballería y artillería recibió banderas y estandartes cuyo colorido debía a la vez diferenciarlos de los del Ejército y además ser representativos de los ideales por los que estaban dispuestos a luchar. Los colores elegidos fueron el rojo-amarillo-rojo, tal como se ven en la bandera conservada en las Cortes, que así pasaron a representar los ideales liberales de una Monarquía Parlamentaria, de los cuales la realidad política actual española es heredera directa.

Concentración de los tres ámbitos

Lámina oficial de 1843

Lámina oficial de 1843

Los tres caminos acabaron confluyendo y dieron como resultado otro momento importante de la larga historia de España, cuando están consolidados, son coincidentes y son aceptados sin discusión los símbolos del territorio, del pueblo -por su conciencia de unidad y protagonismo histórico- y el de los ideales políticos modernos. Eso ocurrió tras el fin de la Primera Guerra Carlista, en 1840, cuando los defensores de la Monarquía absolutista y opuestos a la Monarquía parlamentaria fueron derrotados. Tras la victoria liberal y progresista, la Reina Isabel II, consolidada en su Trono, se identifica con el pueblo y los ideales políticos y por ello dice el preámbulo del Real Decreto del 13 de octubre de 1843: “Siendo la bandera nacional el verdadero símbolo de la monarquía española …”.

La bandera nacional y sus colores ya tenían un uso amplio y aceptado por todos y en todos los lugares; por ello, algo más adelante, fue la bandera de los voluntarios vascongados y catalanes que participaron en las Guerras de Cuba y de África porque, desde sus particularidades regionales, sus ideales también eran los del resto de los españoles.

Bandera Vols Catalanes
Bandera de los Voluntarios Catalanes

La actual Constitución no ha creado ni establecido la bandera de España sino que, en su artículo 4.1, simplemente afirma cómo es, tal como la Historia la ha configurado, y lo hace bien porque sólo se refiere a la bandera de España y por ello ni siquiera cita el escudo. Por otra parte, el escudo que, por más que sea denominado “constitucional” no lo es -porque en la Constitución ni se le cita ni se prevé su existencia-, representa al Estado, entidad política y administrativa que es necesaria para la vida de la Nación.

Dicho con otras palabras: la bandera representa lo permanente, lo invariable –la Nación española-, y el escudo, representa el Estado vigente en cada tiempo histórico, razón por la que ha ido cambiando.

Bandera de España
Bandera actual del Reino de España (1981)


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    Últimos comentarios de los lectores (2)

    760 | A.Manzano - 22/10/2015 @ 13:48:28 (GMT+1)
    La bandera que Carlos III asignó a los buques de guerra fue ideada en 1785. Ni siquiera estaba entre los 12 diseños que le presentaron pues entre éstos estaba, sí, una bandera con los colores rojo, amarillo y rojo pero sus tres listas eran de 1/3 de la altura total. Y sin embargo, el Rey aprobó esos colores pero en las proporciones de alturas 1/4 , 1/2 y 1/4.
    Hemos de recordar que la Armada española en aquellos siglos XVI, XVII y primera parte del XVIII se formaba con los buques del Rey y con otros procedentes de las armadas de Nápoles, Sicilia, etc. –según las coyunturas-, y también aportados por propietarios.
    Quiero decir con esto que pudo haberse visto alguna bandera de buque de guerra que, hasta 1785, llevara en su popa alguna bandera igual o parecida a la amarilla con cuatro listas rojas. Pero, de ser exacta la referencia, no ha de tomarse más que como una casualidad sin relevancia ni influencias posteriores sobre la de 1785. O como una ilustración propagandística.
    Las imágenes propagandísticas pueden confundir y, de hecho, algunas se elaboran con la finalidad el engaño. Por ejemplo, resulta conocida la reciente y escandalosa manipulación de un grabado francés representando a sus buques bombardeando Barcelona en 1691 –estábamos en guerra con Francia- que algún malintencionado lo presentó en una exposición sobre la Guerra de Sucesión como del asedio a Barcelona en 1714, repintando la bandera francesa ¡con la bandera que se inventaría en 1785, más de 70 años después! Esta manipulación se hizo para ofrecer una imagen de ‘España bombardeando Barcelona’.
    751 | ossopyros - 15/10/2015 @ 18:44:51 (GMT+1)
    ??No era ésa, la bandera de la marina de guerra de Catalana ¿¿

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