Las amapolas rojas que en ocasiones lucen los políticos y famosos británicos tienen un significado especial. Estas representan un homenaje a los caídos en la Primera Guerra Mundial. Asimismo, son un recuerdo al 11 de noviembre de 1918, día en el que se firmó el armisticio.

La Primera Guerra Mundial había dejado en la sociedad una sensación de deuda con los caídos y sus familias. En mayo de 1915, el cirujano militar canadiense John McCrae, escribe el poema titulado “En los campos de Flandes”. En dicho poema, honra la memoria de su amigo, el teniente inglés Alexis Helmer. Este falleció en el curso de la batalla de “Flandes Field”.

McCrae publica su  poema en la revista británica Punch el 8 de diciembre de 1915 y obtiene una enorme repercusión. El público se sensibiliza con la referencia de las amapolas rojas que florecen entre las cruces donde descansan los muertos en combate. Esta flor, de vida efímera, es abundante y crece rápidamente en el campo de batalla. Luego del poema, esta flor se convirtió en la representación de la sangre derramada, en el símbolo del recuerdo.

El recorrido de las amapolas rojas hacia su exaltación

Un paso importante en este camino lo dió en noviembre de 1918 la maestra norteamericana Moina Belle Michael. Ella tuvo la idea de que fueran amapolas rojas las figuras conmemorativas de Flanders Fields. En su autobiografía titulada “La flor milagrosa, la historia de la amapola conmemorativa de los campos de Flandes” Moina describió en un capítulo cómo la idea vino a su mente. El capítulo se titula, “La idea de la amapola conmemorativa del cumpleaños de los campos de Flandes”

Posteriormente, el militar australiano residente en Londres, Edward George Honey, impresionado por el libro de Moina, propuso al rey Jorge V de Inglaterra un Día del Recuerdo. Tal día debería ser íntegramente dedicado a honrar la memoria de los caídos. El rey se sintió atraído por la idea y decretó un día especial para honrar el recuerdo de sus gloriosos muertos”. Ese día sería el día 11, del undécimo mes de cada año a las 11 de la mañana. Ese día se guardarían dos minutos de respetuoso silencio.     

En 1921 tuvo lugar en Londres el primer acto oficial conmemorativo e intervinieron en la organización la Real Legión Británica. Esta es una asociación de veteranos que tiene como lema, Recuerda a los muertos, no te olvides de los vivos. Con este fín, se dedicó a ayudar a los combatientes necesitados y sus familias vendiendo amapolas rojas por primera vez.

Al año siguiente, el mayor Howson inició la fabricación de amapolas rojas artificiales para la Legión. De esta manera, se ofrecía  trabajo a militares discapacitados. Actualmente, la Legión sigue distribuyendo las omnipresentes amapolas rojas a cambio de un donativo para los veteranos.

Una noble idea que se propaga

Hoy en día, en muchos lugares del mundo se recuerda el final de la Primera Guerra Mundial. En Estados Unidos con el Día Nacional de los Veteranos y en Bélgica con el Memorial de los Desaparecidos de la Puerta de Menin en Ypres.De la misma manera, en Polonia se celebra con el nombre de  Día de la Independencia, y en Francia como el Día del Armisticio. 

Es en los países de la Commonwealth en donde la conmemoración perdura con una fuerza impresionante.  En canadá, por ejemplo, el Día de la Memoria es un día feriado nacional. Durante ese 11 de noviembre, con la bandera a media asta, los canadienses realizan su acto oficial más célebre. 

En el centro de Ottawa, ante el National War Memorial tiene lugar a las 11 horas la ceremonia de las campanadas de la Torre de la Paz. A este acto, entre otras celebridades, asiste la “Madre Nacional de la Cruz de Plata”. Esta dama es elegida por la Legión Real Canadiense entre las damas que perdieron un hijo en combate. 

Por otro lado, Nueva Zelanda  junto con Australia, ponen también gran énfasis en la conmemoración. En la ceremonia del año pasado se pudo contar con la presencia del duque de Gales.

Un Reino unido en el recuerdo

Tanto Irlanda del Norte como el Reino Unido de Gran Bretaña son referentes internacionales del Día del Recuerdo, Día de los Veteranos, Día del Armisticio, o Día de la Amapola. Este 11 de noviembre, se usa para rememorar, desde 1914, las vidas sacrificadas en diversos conflictos. En Londres, el Día del Recuerdo (Remembrance Day)  guarda desde sus orígenes un gran seguimiento popular. 

El año pasado el acto tuvo lugar el segundo domingo de noviembre en Whitehall, ante el Cenotafio, construido en 1929 en recuerdo a los caídos. El acto inicial fue el desfile celebrado en la mañana. Acto seguido correspondió el acto principal, presidido por la reina vestida de riguroso luto. Tanto ella como el resto de los asistentes lucieron amapolas rojas en las solapas. 

A las 11 AM en punto, toque de clarines y de campanas del Big Ben y salvas de artillería anunciaron el inicio de los dos minutos de silencio. Estos se guardaron religiosamente en todo el país, incluyendo la red. También los militares británicos en misiones internacionales permanecieron en silencio en sus correspondientes localizaciones. 

Después, la reina depositó coronas de amapolas en el Cenotafio, seguida por otros miembros de la casa real, el primer ministro y representantes de otros partidos. Asimismo participaron los embajadores de los países de la Commonwealth y los altos cargos del ejército británico. Tras una ceremonia en Westminster y el toque del Himno Nacional, finalizó la presencia real. El cierre estuvo a cargo de más de 10.000 veteranos desfilando a los sones de las bandas militares. 

Remembrance Day, otras actividades

El Día del Recuerdo también contempla la realización de múltiples actividades sociales, culturales y religiosas. En la Abadía de Westminster está ubicado el Campo de la Memoria, creado en 1928 por el mayor Howson. Todos los años está disponible para ser visitado durante 11 días del mes de noviembre para los veteranos y familiares de caídos en combate. Allí pueden depositar amapolas rojas en las abundantes cruces de madera que inundan el jardín. 

Entre las actividades culturales conmemorativas destaca el concierto en el Royal Albert Hall. También hay posibilidades de programas didácticos llevados a cabo en museos militares como el Imperial War Museum y el de la Royal Air Force. En suma, la emoción vertida por parte de los ciudadanos es impresionante durante estos días de noviembre.

En el País de Gales, el Día del Recuerdo del año pasado fue memorable en su capital, Cardiff. Allí el primer ministro presidió el acto de homenaje en los Jardines de Alejandra, que es la ubicación del Monumento a los Caídos. En sus proximidades, se ha levantado en fecha más reciente, otro dedicado a las bajas en las Malvinas. El pasado año, la conmemoración del Día del Recuerdo en aquellas lejanas islas fue presidida por el duque de Kent, en representación de la reina. 

En Irlanda del Norte, tuvo especial relevancia el acto del 11 de noviembre de 2012 en Enniskillen. Esta vez se contó con la asistencia, por primera vez, del primer ministro de la República de Irlanda. Esto tuvo un profundo sentido conciliador entre los dos países de la isla, porque depositó la corona de laurel en el Memorial de Guerra. Esto lo hizo muy cerca del lugar donde 25 años antes el IRA asesinó a 11 personas.

Edimburgo, una nación agradecida

La capital de Escocia tiene una especial devoción por esta conmemoración del Día del Recuerdo. El acto del pasado año, tuvo lugar en la Piedra del Recuerdo, situada en el epicentro de la Milla Real que es la arteria principal de la ciudad antigua. Ese dia 1 de noviembre, a las 10:30, se inició el desfile en el cual participaron veteranos y cadetes. De igual manera, participaron los familiares de los caídos, incluidos niños. 

A las 11, luego de las salvas disparadas desde el castillo se cumplió con los dos minutos de silencio. Después, las autoridades, presididas por el primer ministro de Escocia, Alex Salmond, hizo la ofrenda floral con las características amapolas rojas de cuatro pétalos. Seguidamente, los participantes asistieron a un responso en la catedral de San Giles. Para cerrar, Salmond pronunció un emotivo discurso. 

Desde octubre, han comenzado a aparecer ciudadanos con la amapolas rojas en las solapas, junto con militares veteranos o activos, de uniforme, que también las llevan. Los actos religiosos o desfiles de veteranos se compaginan con las ofrendas de flores en los monumentos recordatorios de la ciudad. El Monumento Nacional a los Caídos de Escocia, situado junto al castillo, cuenta con múltiples referencias al heroísmo y la paz. 

Deporte y cultura por los caídos

También, en el partido de rugby entre Escocia y Nueva Zelanda se sintió la devoción por los fallecidos en guerras anteriores. Este encuentro fue celebrado el pasado Día del Recuerdo en el estadio de Murrayfield próximo a Edimburgo. En él hubo participación de unidades militares en los actos. También se realizó el disparo de la salva ceremonial del Regimiento Real de Artillería de Edimburgo, que cerró el minuto de silencio.

El lugar más significativo de este recordatorio se ubica en los Jardines de los Príncipes en el entorno del impresionante monumento a Walter Scott. Allí se puede admirar el campo memorial de los escoceses que dieron su vida en defensa de Gran Bretaña. Las miles de cruces del campo están personalizadas con amapolas rojas representando diferentes conflictos bélicos. También se pueden observar los escudos personalizados de las unidades a las que pertenecían. 

Las cruces, en el caso de los caídos en Afganistán, llevan sus retratos. Otras muchas cuentan, además del nombre del homenajeado. En ciertos casos, se pueden leer  mensajes personales escritos por sus familiares. Algunos de ellos son muy emotivos: “Te echamos mucho de menos. Papá y mamá. Pensamos en ti todos los días”.

Esto es un verdadero museo al aire libre. La organización está a cargo de los veteranos de La Amapola de Escocia, dependiente de la Real Legión Británica. Las donaciones que reciben son crecientes. En su entorno, se distribuyen objetos recordatorios diversos además de las obligadas amapolas rojas. Desde libros de historia militar hasta tartas, pasando por diversos iconos forma parte de los objetos distribuidos.

Edimburgo, un gran parque memorial

Las impresionantes vistas de Edimburgo desde esta zona céntrica de la ciudad encajan con la visión profundamente emotiva del Campo de la Memoria en el mes de noviembre. Ya no quedan veteranos de la Primera Guerra Mundial. El número de los participantes en los conflictos de mediados del siglo XX que aún viven, poco a poco van disminuyendo. Afortunadamente, un gran relevo generacional se ha ido produciendo con niños portando las tradicionales amapolas rojas y los símbolos. Es común ver mensajes con frases como “Abuelo, te quiero”. 

Esta es la manifestación de una de las tradiciones más arraigadas en Gran Bretaña. Este sentimiento arrastra a millones de ciudadanos a respetar los dos minutos de silencio en recuerdo del sacrificio de sus caídos. Este recuerdo permanente a los débitos del pasado es la mejor herencia que pueden recibir los ciudadanos del futuro.

El recuerdo en España

A pesar de que España no intervino en la Primera Guerra Mundial, el recuerdo de los caídos en combate es absolutamente imprescindible. Afortunadamente, se ha contado con actuaciones recientes en este sentido como la concesión de la Laureada Colectiva al Regimiento Alcántara. Sin embargo, el ejemplo del Día de la Memoria puede servir para ir un poco más allá. Llegar más allá del tradicional toque de Oración que sigue al arriado de bandera. O quizás más allá luego del depósito de la corona floral por su S.M. el Rey en el Día de la Fiesta Nacional de España.

Sería muy bueno que toda España vibrara con la mano en el pecho en ese minuto de silencio. También sería muy bueno que el Monumento a los Caídos por España contara con una Guardia de Honor como la de Arlington. Bueno sería, en suma, acercar la memoria histórica a aquellos españoles que dieron todo por una Patria común e indivisible.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here